martes, 19 de marzo de 2019

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Obra pública: los delitos de Franco Macri y el ocaso de la patria contratista
Sospechados, imputados y con pocos proyectos por falta de presupuesto, los constructores viven su tormenta perfecta Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
Por: Diego Cabot
Los constructores que integraron durante décadas la llamada patria contratista siempre se frotaron las manos en los años impares. El motivo es simple: hay elecciones y para la política hay pocas cosas más excitantes que inaugurar obras en épocas de campaña. O al menos, licitar.
Pero este 2019 es distinto. Ya no juntan las manos por los presupuestos oficiales, más bien lo hacen para rezar y rogar que pase el año con el menor daño posible.
Los dueños de la obra pública nacional están abrumados por la tormenta perfecta que descargó desde hace un año sobre ellos. Procesados, sospechados y sin proyectos atractivos culpa de un presupuesto que ajustó, como tantas veces en la Argentina, por la infraestructura.
La última palada de tierra la tiró el presidente Mauricio Macri cuando fue entrevistado por Luis Majul en su programa La cornisa. Dijo que su padre, Franco, había cometido delitos y que era parte de un sistema que se veía extorsionado por el kirchnerismo.

Video: Mauricio Macri admitió que su padre cometió delitos durante el kirchnerismo - Fuente: América TV

Pero no todo es reputacional, hay problemas prácticos. La administración pública está paralizada ya que nadie quiere estampar su firma en pagos o modificaciones de obra a compañías involucradas en casos de corrupción.
Aquellos entusiastas empresarios, históricos aplaudidores de actos oficiales, ya ni pisan la Casa Rosada. Jamás imaginaron que el destrato vendría del hijo de uno de ellos. Tanto que muchos dicen que por estas horas ponen gran parte del dinero que ganaron en otras épocas para mantener las puertas abiertas de su empresa. El caño de fondos públicos sin demasiados controles se atascó. Ahora toca aportar algo, al menos, del que tenían guardado en el colchón. El que las hace las paga, dice el refrán. Ahora toca pagar.
Los bancos, históricos financistas del sistema, les cierran sus puertas en sus narices: nadie presta a empresas acusadas de fraude. Los entienden, pero no hay un peso.
Días pasados, varios de los principales empresarios del área se reunieron con el presidente del Banco Nación, Javier González Fraga. Le pidieron que intercediera para que se normalice el crédito. No hubo caso. El banquero los escuchó, pero no les dio ninguna solución. Argumentó que la línea del banco no está dispuesta a firmar legajos de préstamos a empresas que tienen sospechas. El eventual cambio de gestión después de diciembre ha convertido a muchos integrantes de la línea en cuidadosos y precavidos banqueros.
Solo un puñado de bancos cierra los ojos frente a las normas del compliance. Algunos nacionales y otros internacionales con fuerte presencia en el país mantienen sus líneas de créditos abiertas.
Y para completar, la inflación les corroe los precios de los contratos vigentes y los obliga a recalcular precios con un Estado de billetera flaca.
Los principales constructores de la Argentina pasaron por Comodoro Py en estos días. Ya todo ese colectivo influyente está procesado o a punto de serlo. Faltaba uno, Macri, y lo apuntó su hijo.
En las últimas semanas, la mayoría de ellos escuchó las acusaciones que el juez Claudio Bonadio les endilga. Básicamente cree que fueron parte de una estructura denominada "la camarita". Allí, las empresas se repartían gran parte de las obras viales y luego Vialidad adjudicaba y pagaba. Finalmente, y para completar la rueda, las constructoras devolvían una parte.
Hubo algunos que negaron las acusaciones y otros, la mayoría, que dicen que pagaron al financista Ernesto Clarens para poder destrabar los pagos que Vialidad Nacional les frenaba. La estrategia tiene una finalidad y un propósito de defensa. Para ellos, el retorno no era tal, sino una comisión que le pagaban a un hombre de contactos aceitados en el organismo estatal. Como pagarle a un gestor que acelere el trámite. Gestiones oficiosas que se le pagaban a un particular. ¿Dónde está el delito?, se preguntan
La Justicia está convencida de que eran parte del sistema de recaudación centralizada que describieron exfuncionarios y algunos constructores. Pocos discuten que efectivamente retornaron plata, la controversia está en el monto.
Pero hay una luz. Los dichos de Macri sobre los delitos de su padre esconden la única esperanza. Dijo que eran extorsionados por el kirchnerismo. Es decir, jugaban con reglas que ellos no ponían. Esa teoría los abriga ya que, según su visión, los libera de cierta culpa, aunque no de responsabilidad. Consideran que finalmente hay un perjuicio patrimonial en sus actos más que una conducta delictiva. Y al menos abrigan una esperanza: se preparan más para las multas y las sanciones que para la cárcel. Y tienen con qué ilusionarse.
Fuente: Diario La Nación, 19 de marzo de 2019.