HISTORIA &
EFEMÉRIDE
ROSAS, ALEJANDRO HEREDIA Y LA GUERRA CONTRA LA
CONFEDERACIÓN PERÚ-BOLIVIANA
El 19 de mayo de 1837, Juan
Manuel de Rosas declaró la guerra a la Confederación Perú-Boliviana, gobernada
por el mariscal Andrés de Santa Cruz. La medida se produjo en un contexto de
creciente tensión en el norte argentino, donde las provincias de Salta y Jujuy
denunciaban movimientos militares en la frontera y diversas incursiones armadas
provenientes del territorio boliviano.
La Confederación Perú-Boliviana
había sido creada en 1836 por Santa Cruz con el objetivo de unir políticamente
a Perú y Bolivia bajo una sola estructura estatal. El nuevo bloque alteró el
equilibrio regional y generó preocupación en varios gobiernos sudamericanos,
especialmente en Chile y en la Confederación Argentina, que observaban con
desconfianza el fortalecimiento político y militar del mariscal boliviano.
A esas tensiones se sumaba una
cuestión arrastrada desde años anteriores: el problema de Tarija. La región,
históricamente vinculada al antiguo Virreinato del Río de la Plata, había
quedado bajo control boliviano tras las guerras de independencia, situación que
nunca dejó de generar reclamos y discusiones dentro de la Confederación
Argentina. Aunque Tarija no fue la causa inmediata de la guerra, sí formaba
parte del clima de desconfianza existente entre ambos gobiernos.
EL PROYECTO DE SANTA CRUZ Y LA
TENSIÓN REGIONAL
Andrés de Santa Cruz no buscaba
solamente consolidar el poder sobre Perú y Bolivia. Su proyecto político
aspiraba a construir una gran confederación sudamericana con fuerte influencia
sobre los territorios vecinos. Ese avance comenzó a inquietar tanto a Chile
como a la Confederación Argentina, que veían con preocupación el crecimiento
militar y político del nuevo Estado andino.
Santa Cruz también mantuvo
contactos con Fructuoso Rivera, enemigo político de Rosas en la Banda Oriental.
La posibilidad de una coordinación entre Rivera y Santa Cruz alimentó el temor
de un cerco político y militar contra la Confederación Argentina.
Al mismo tiempo, Bolivia
continuó siendo refugio de numerosos dirigentes unitarios argentinos exiliados
tras las guerras civiles. Desde allí se organizaron conspiraciones,
levantamientos e incursiones armadas contra las provincias federales del norte.
Ya en 1834 el coronel unitario Javier López había intentado avanzar desde
Bolivia y volvió a hacerlo al año siguiente. En 1835 también se produjo la
invasión de Felipe Figueroa sobre Catamarca, mientras otras expediciones
menores actuaban sobre la frontera.
Las autoridades argentinas
consideraban que el gobierno de Santa Cruz permitía o alentaba esas acciones,
lo que deterioró aún más las relaciones entre ambos países.
EL CONFLICTO EN LA FRONTERA
NORTE
La situación terminó agravándose
con nuevas incursiones militares sobre Salta y Jujuy. Rosas, en su carácter de
encargado de las Relaciones Exteriores, sostuvo que la situación ya no podía
resolverse únicamente por vía diplomática. La declaración de guerra buscaba
responder a las agresiones fronterizas y evitar una mayor desestabilización en
las provincias del norte.
Mientras tanto, Chile también
entró en conflicto con Santa Cruz y declaró la guerra a la Confederación
Perú-Boliviana en noviembre de 1836. Aunque Chile y la Confederación Argentina
combatían al mismo enemigo, nunca llegaron a establecer una alianza formal
plenamente coordinada, ya que cada gobierno mantenía intereses propios dentro
del conflicto regional.
UNA GUERRA DE DOS AÑOS
El conflicto se extendió
aproximadamente entre 1837 y 1839. No fue una guerra de enormes campañas
continuas ni de grandes batallas decisivas, sino un enfrentamiento de frontera
desarrollado en regiones montañosas, con operaciones dispersas y enormes dificultades
logísticas.
La Confederación Argentina
atravesaba además una situación extremadamente compleja. Mientras combatía en
el norte, debía enfrentar simultáneamente conflictos internos, levantamientos
unitarios, dificultades económicas y, poco después, el bloqueo francés sobre el
Río de la Plata. Esa situación limitaba enormemente la capacidad militar
disponible para la campaña contra Santa Cruz.
Rosas no dirigió personalmente
las operaciones militares. La conducción efectiva de la guerra quedó
principalmente en manos de los caudillos y gobernadores federales del norte,
que debieron organizar tropas provinciales y sostener el esfuerzo militar en una
región alejada del centro político y económico de la Confederación.
A pesar de esas dificultades, el
gobierno rosista logró mantener la defensa del territorio y evitar que las
fuerzas vinculadas a Santa Cruz consolidaran posiciones sobre las provincias
argentinas.
EL PAPEL DE ALEJANDRO HEREDIA
Uno de los hombres más
importantes de la campaña fue Alejandro Heredia, gobernador de Tucumán y
principal jefe militar federal en el norte. Rosas le confió gran parte de la
conducción de la guerra debido a su experiencia política y militar. Heredia
debió organizar prácticamente desde cero el ejército del norte. Las provincias
aportaron hombres, caballos, armamento y recursos para sostener la campaña.
Buenos Aires envió fusiles, carabinas, sables, municiones y otros pertrechos,
aunque las distancias y la precariedad de las comunicaciones dificultaban
permanentemente el abastecimiento.
Las fuerzas federales terminaron
organizándose en varias divisiones bajo el mando de oficiales como Pablo
Alemán, Gregorio Paz y Manuel Virto, quienes tuvieron a cargo la defensa de
distintos sectores de la frontera.
La actuación de Heredia resultó
decisiva para impedir el avance de las fuerzas de Santa Cruz sobre el norte
argentino. En condiciones extremadamente adversas logró mantener organizada la
resistencia federal y sostener la defensa de las provincias fronterizas en
medio de amenazas externas, conspiraciones unitarias y continuos problemas
internos.
Su figura adquirió gran
prestigio en el interior del país, donde muchos lo consideraban uno de los
principales defensores de la Confederación. Su asesinato en 1838, en plena
crisis de la Coalición del Norte, significó un duro golpe para la organización
federal y para el desarrollo de la campaña militar.
LA INVASIÓN DE FELIPE BRAUN
La iniciativa militar inicial
quedó en manos del general Felipe Braun, uno de los principales comandantes de
Santa Cruz. Aprovechando la lentitud en la organización del ejército argentino,
Braun avanzó sobre el norte argentino en agosto de 1837.
Sus tropas ocuparon zonas de la
Puna, avanzaron sobre Cochinoca, Santa Victoria e Iruya y lograron reunirse en
la quebrada de Humahuaca. El movimiento generó alarma en las provincias del
norte y obligó a Heredia a reaccionar rápidamente.
LOS COMBATES DE HUMAHUACA Y
SANTA BÁRBARA
En septiembre de 1837 las
fuerzas argentinas comenzaron a enfrentar directamente a las tropas de Braun.
Felipe Heredia, hermano de Alejandro Heredia, condujo una fuerza de vanguardia
que chocó con destacamentos bolivianos en Humahuaca.
El combate se desarrolló en
terrenos montañosos extremadamente difíciles. Las fuerzas federales lograron
hacer retroceder a las avanzadas enemigas, aunque la presencia de refuerzos
bolivianos impidió una persecución mayor. Pocos días después se produjo el
combate de Santa Bárbara, donde las tropas argentinas volvieron a enfrentar a
las fuerzas de Braun. Tras varios ataques y cargas de caballería, los
bolivianos terminaron replegándose hacia el norte. Aunque ninguno de estos
combates resultó decisivo, permitieron frenar el avance enemigo y estabilizar
momentáneamente la situación en Jujuy.
LAS CAMPAÑAS DE 1838
Durante 1838 continuaron los
enfrentamientos menores, las emboscadas y las incursiones sobre la frontera. Se
registraron acciones militares en Iruya, Montenegro, San Diego, Coyambuyo y
otros puntos del norte. Entre los principales enfrentamientos se destacó el
combate de Montenegro, donde fuerzas federales dirigidas por Alejandro Heredia
enfrentaron tropas relacionadas con la Confederación Perú-Boliviana. Aunque no
fue una batalla decisiva de gran escala, sí representó uno de los choques más
importantes del conflicto y permitió contener nuevos avances enemigos.
Heredia intentó reorganizar el
ejército para pasar a la ofensiva. Las divisiones de Gregorio Paz y Manuel
Virto avanzaron sobre distintos sectores de la frontera con el objetivo de
presionar a las fuerzas bolivianas y amenazar posiciones cercanas a Tarija. Sin
embargo, las dificultades del terreno, la resistencia enemiga y los problemas
internos impidieron alcanzar resultados definitivos.
LA COALICIÓN DEL NORTE Y LA
CRISIS INTERNA
Mientras la guerra continuaba,
la Confederación Argentina comenzó a enfrentar nuevos conflictos internos. En
1838 y 1839 crecieron las conspiraciones unitarias y estalló la llamada
Coalición del Norte, integrada por sectores opositores a Rosas.
En medio de esa crisis,
Alejandro Heredia fue asesinado en noviembre de 1838. Su muerte debilitó
considerablemente la conducción federal en el norte y afectó el desarrollo de
la campaña contra Santa Cruz.
La Confederación Argentina debía
enfrentar al mismo tiempo la guerra exterior, los levantamientos internos y las
presiones internacionales derivadas del bloqueo francés, situación que agravaba
el desgaste económico y militar de las provincias.
EL FIN DE LA CONFEDERACIÓN
PERÚ-BOLIVIANA
La situación cambió
definitivamente en 1839. Mientras las fuerzas argentinas sostenían la defensa
del norte, Chile lanzó una nueva campaña militar sobre el Perú. El 20 de enero
de 1839 las tropas chilenas dirigidas por el general Manuel Bulnes derrotaron
decisivamente a Santa Cruz en la batalla de Yungay.
La derrota provocó la disolución
de la Confederación Perú-Boliviana y puso fin al conflicto regional. Las nuevas
autoridades bolivianas mostraron una actitud más conciliadora hacia la
Confederación Argentina y desapareció la amenaza militar inmediata sobre el
norte.
Tras la caída de Santa Cruz, la
Confederación Argentina pudo haber intentado ocupar Tarija aprovechando la
debilidad boliviana. Sin embargo, Rosas consideró que la cuestión debía
resolverse teniendo en cuenta la voluntad de los habitantes de la región y no
mediante una anexión forzada. El 26 de abril de 1839 el gobierno argentino dio
oficialmente por terminada la guerra.
EL SIGNIFICADO HISTÓRICO DEL
CONFLICTO
La guerra contra la
Confederación Perú-Boliviana suele ocupar un lugar menor dentro de la historia
argentina, aunque representó uno de los principales conflictos exteriores de la
época rosista. Más allá de no haber obtenido grandes victorias militares decisivas,
la Confederación Argentina logró impedir que el proyecto expansionista de Santa
Cruz avanzara sobre las provincias del norte. En un contexto extremadamente
difícil, marcado por guerras civiles, conflictos regionales, bloqueo extranjero
y crisis económicas, las provincias federales consiguieron sostener la
integridad territorial argentina.
El conflicto también dejó en
evidencia las limitaciones de la joven Confederación para sostener campañas
militares prolongadas en regiones alejadas del litoral. Las provincias del
norte soportaron gran parte del esfuerzo defensivo y quedaron profundamente
desgastadas por los años de guerra e inestabilidad.
Al mismo tiempo, la contienda
reflejó la compleja realidad sudamericana posterior a las guerras de
independencia: estados todavía en formación, fronteras discutidas y proyectos
políticos rivales que buscaban consolidarse en la región.
Fuente consultada
https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino