HISTORIA & CULTURA
Efeméride
1811 – 26 de
octubre – 2026
Hoy se cumplen
215 años, desde que nació, el decreto de la libertad de imprenta.
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Libertad de imprenta o quema de periodistas
Por Gustavo Campana
Paso, Chiclana y Sarratea
De los tres, me quedo con Juan José
Paso. El más comprometido con una causa difícil que parecía imposible, en un
territorio en disputa donde la relación de fuerzas nunca ayudó y que además
implicaba ser fuerte ante los fuertes, sin tomarse vacaciones. Comparado con
los otros dos, en su balance final hay más ganancia revolucionaria, que pérdida
colonial; más independencia que resignación. En cambio, Chiclana y Sarratea no
escaparon nunca de esa sensación de triunfo con sabor a derrota, que sigue
generado en tiempo presente, la militancia de “libres, pero sin exagerar
demasiado”. Un miedo intermitente que después de mayo de 1810, pero
fundamentalmente a partir de la victoria española sobre la ocupación francesa,
se encendió cuando el viejo conquistador amenazó volver a recuperar el sur con
espíritu revanchista.
Integraron
el Primer Triunvirato (23 de septiembre de 1811 al 8 de octubre de 1812), pero
a Paso lo invitaron a la renuncia en abril del 12, porque chocaba con las
especulaciones constantes de Chiclana; un tipo que, en más de una oportunidad,
analizó el costo-beneficio de la “soberanía política”, para decidir cómo seguía
adelante el exVirreinato.
Paso
tuvo menos curvas. Bancó la guerra para sacar a España de América, un hombre
cercano políticamente a San Martín y a la Logia Lautaro y diputado en el
Congreso de Tucumán. La historia puso en sus manos la declaración de la
Independencia, para que, con su voz, aquella Argentina que todavía
institucionalmente no existía, le contara al futuro la resolución del 9 de
julio de 1816.
Más
allá de todas las luces y sombras, que en algunos casi siempre aparecen ante
las situaciones límites que nos interpelan, el 26 de octubre de 1811, un día
como hoy, pero hace 215 años y con la firma de los tres, nació el decreto de
“La libertad de imprenta”.
“El
Gobierno fiel a sus principios quiere restituir a los pueblos americanos por
medio de la libertad política de la Imprenta, ese precioso derecho de la
naturaleza que le había usurpado un envejecido abuso de poder”. Paso, Chiclana
y Sarratea, plantearon que este era “el único camino para comunicar las luces,
formar la opinión pública y consolidar la unidad de sentimientos, que es la
verdadera fuerza de los Estados”.
Este
decreto que fue una de las grandes coincidencias del débil triángulo de poder,
amplió las fronteras del escrito por la Primera Junta el 2 de junio de 1810,
para crear “La Gaceta de Buenos Aires”. Aquella iniciativa de Mariano Moreno
hablaba de la necesidad de una publicación para “difundir los actos oficiales,
decretos y resoluciones de la Junta, dar a noticias locales y del exterior y
promover la libertad de pensamiento”.
El
artículo primero de la orden del Primer Triunvirato salió con la palabra justa:
“Todo hombre puede publicar sus ideas libremente y sin censura previa. Las
disposiciones contrarias a esta libertad quedan sin efecto”. El segundo empezó
a desteñir un poco: “El abuso de esta libertad es un crimen. Su acusación
corresponde a los interesados, si ofende derechos particulares y a todos los
ciudadanos si compromete la tranquilidad pública, la conservación de la
religión católica o la Constitución del Estado. Las autoridades respectivas
impondrán el castigo según las leyes”. El tercero, por las dudas armó un
tribunal: “Para evitar los efectos de la arbitrariedad en la calificación y
graduación de estos delitos, se creará una Junta de nueve miembros con el
título de Protectora de la Libertad de la Imprenta”. Y el octavo, te mandaba al
infierno: “Las obras que tratan de religión no pueden imprimirse sin previa
censura del eclesiástico. En casos de reclamación se reverá la obra por el
mismo diocesano y la Junta Protectora”.
En
síntesis, una norma con más libertad política que religiosa, para comenzar el
camino que terminó 52 años después con la primera definición constitucional
sobre prensa escrita. En el medio, la censura de Rivadavia para terminar con
“La Gaceta” en 1821, cuando era ministro de Gobierno de Martín Rodríguez y los
choques de Rosas con toda la prensa unitaria.
Desde
1853, el artículo 14 dice que “todos los habitantes de la Nación gozan de los
siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio” y uno de
ellos es “publicar sus ideas por la prensa sin censura previa”. El gran atajo
que encontró el poder real para achicar los márgenes de la libertad de su
redacción fue ser propietario de los grandes medios y, de esa manera, tener en
sus manos la línea editorial. Por las dudas, los golpes de Estado del siglo XX
metieron en el freezer todas las leyes y con los tanques en la calle, nadie
hablaba hasta nuevo aviso. La inexistencia real de derechos y garantías
accionaba como una bomba neutrónica contra la máquina de escribir.
“Sin
esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al
compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos
difíciles”, cerró Rodolfo Walsh su carta a la Junta Militar, pintando como
nadie un tiempo de complicidades editoriales y patriadas periodísticas con
perfume de muerte.
Con
la democracia como rehén, a partir de los 90 la prensa que en toda América
latina había sido socia de las dictaduras setentistas, se convirtió en el mejor
partido político de la derecha continental. Usinas de realidad ficcional, que
primero trabajaron la demonización de los gobiernos populares, para luego
instalar la proscripción de sus principales referentes. Aquel concepto inicial
de libertad se transformó una vez más en “tribuna de doctrina” al servicio de
la construcción de sentido y defensa de la agenda corporativa.
Con
“no odiamos lo suficiente a los periodistas”, Milei firmó su declaración de
guerra a la prensa opositora, a través de un formato que desde el primer día
busca multiplicar odiadores y domesticar con la amenaza a los que se animen.
Corruptos, mentirosos, ensobrados, infradotados, basuras, sicarios del
micrófono, seres muy precarios intelectualmente, soretes mal cagados, mierdas
humanas y simios con micrófono encabezaron una larga lista agresiones en poco
más de 1050 días de gobierno.
En
la cena anual de la Fundación Faro, desde un escenario de los Neuss y
convertido en el dueño de un tribunal de la inquisición, pidió fuego
purificador para terminar con los que siguieran acusándolo de criptoestafador.
El mismo fuego de Marta Ezcurra en la Libertadora, para terminar con todo lo
que dijera Fundación Eva Perón y las mismas llamas que encendió el Proceso,
para armar hogueras de libros.
Celebró
el sobreseimiento que le regaló Martínez de Giorgi, cuya esposa fue convertida
en magistrada por el propio Milei hace tres meses; un magistrado que sacó del
ring a los estafados por considerarlos responsables de haber timbeado y perdido
y un fiscal que no llamó a indagatoria ni una sola vez a todos los involucrados
en la opereta. Parece que nadie vio los videos de la madre y la hermana de
Novelli, escapando de un banco después de vaciar la caja fuerte; ni recuerdan
que el contrato en el celu del mismo Novelli, por el que el presidente iba a
cobrar cinco palos verdes de cometa.
El
viejo panelista de televisión, pero con la banda presidencial en el pecho,
prometió ante empresarios que pagaron hasta 300 mil dólares para ser sus
reidores, no tener piedad con “los hijos de puta” para no ser injusto con los
buenos... Teniendo en cuenta la extrema literalidad del presidente, para creer
con todas sus fuerzas que si la guita te alcanza hasta el 20 de cada mes, vas a
morir producto de 10 días sin comer ni beber; estoy obligado a imaginar que el
jefe de Estado quiere muerto a todo el listado que mencionó irresponsablemente
en su discurso y al resto de los nombres que tiene para la segunda tanda.
La
historia no es un capricho circular, que cada tanto regresa al punto de partida
por un antojo del destino. Sucede que la batalla está inconclusa y la pelea se
renueva con otros actores. El combate empieza de nuevo en el mismo territorio
en el que el Primer Triunvirato decretó la Libertad de Imprenta y en el que la
última dictadura 165 años después, se llevó a 223 periodistas, trabajadores de
prensa y obreros gráficos.
Los
liberales locales, nunca argentinos, profesan una vocación fascista desde que
abren los ojos. Primero necesitaron a la muerte como aliada y por último
sumaron a la tragedia, la desaparición de los cuerpos. Padeciendo a estos
antidemocráticos apologistas del terrorismo de Estado, con legisladores
visitando genocidas, una vicepresidenta titular del club de fans de Videla,
cultores del Falcon verde y una diputada que quiere recrear los vuelos de la
muerte; por ahí lo pienso mejor y Chiclana y Sarratea eran más copados de lo
que yo creía.
Fuente consultada
Pagina 12, 26 de octubre de 2026.
https://www.pagina12.com.ar/2026/10/26/libertad-de-imprenta-o-quema-de-periodistas/