INSTITUCIONAL
INVITACIÓN
Presentación del Libro: Grandes DesCuentos / Autor: Emilio Martín
Día: Sábado 28 de Marzo – 17 Horas
Lugar: Biblioteca Popular Rotaria
Sarrachaga 6198 esquina Madrid – Isidro Casanova – La Matanza
Entrada libre y Gratuita
Sarrachaga Nº 6198 esquina Madrid - Isidro Casanova - La Matanza - Buenos Aires - bibliotecapopularrotaria@yahoo.com.ar
INSTITUCIONAL
INVITACIÓN
Presentación del Libro: Grandes DesCuentos / Autor: Emilio Martín
Día: Sábado 28 de Marzo – 17 Horas
Lugar: Biblioteca Popular Rotaria
Sarrachaga 6198 esquina Madrid – Isidro Casanova – La Matanza
Entrada libre y Gratuita
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HISTORIA
LAS MALVINAS Y LA POLÍTICA
EXTERIOR DE LA CONFEDERACIÓN
Mientras la causa federal se
afirmaba en el interior, el gobierno de Buenos Aires ejercía sin discusión
actos concretos y efectivos de soberanía en sus posesiones australes.
Ya en 1820 el coronel Jorge
Jewitt, designado gobernador de las Islas Malvinas, notificó formalmente a los
buques extranjeros la prohibición de la pesca de anfibios en esas costas.
No se trató de una declaración
retórica sino de un acto de autoridad ejercido ante terceros.
En 1824 se concedió a Luis Vernet la Isla Soledad para establecer una colonia permanente, consolidando derechos previamente ejercidos por las Provincias Unidas como sucesoras de España. Vernet pobló, organizó y defendió el establecimiento con capital propio; introdujo ganado, levantó instalaciones, reglamentó la explotación de recursos y sostuvo la colonia allí donde franceses e ingleses habían fracasado.
En 1829 fue nombrado comandante
político y militar de las islas y de las costas adyacentes hasta el Cabo de
Hornos, con autoridad efectiva, reglamentos, fuerza armada y artillería.
Existía población, gobierno y jurisdicción. Los años 1829–1831 fueron precisamente
los de mayor actividad en el archipiélago, con Puerto Soledad en pleno
desarrollo, lo que desmiente cualquier insinuación de abandono o desinterés.
EL CONFLICTO CON LOS ESTADOS
UNIDOS Y EL ATROPELLO DE LA LEXINGTON
Cuando buques norteamericanos
persistieron en la pesca ilegal pese a reiteradas intimaciones, Vernet procedió
conforme al derecho vigente y apresó las goletas Harriet, Superior y
Breakwater. Los capitanes reconocieron la infracción y aceptaron someterse al
juicio de Buenos Aires.
Sin embargo, el cónsul
estadounidense Slacum desconoció la jurisdicción argentina y promovió una
reacción armada. En diciembre de 1831 la corbeta de guerra Lexington irrumpió
en Puerto Soledad, inutilizó la artillería, destruyó instalaciones, saqueó bienes
particulares y se llevó prisioneros, actuando como fuerza de represalia contra
una población civil indefensa.
El gobierno de Buenos Aires
reclamó satisfacción e indemnización conforme al derecho de gentes, instruyendo
al cuerpo legislativo sobre el origen y estado de la cuestión con los Estados
Unidos mediante la publicación oficial de documentos en 1832. El encargado de
negocios Baylies, lejos de reparar el daño, solicitó sus pasaportes y abandonó
el país, dejando la cuestión abierta y debilitada la defensa material del
archipiélago.
LA REAPARICIÓN DE LA PRETENSIÓN
BRITÁNICA Y LA USURPACIÓN DE 1833
Mientras los Estados Unidos se
retiraban del escenario, la Gran Bretaña reapareció invocando una supuesta
soberanía sobre las islas. El ministro Woodbine Parish ya había presentado en
1829 una protesta basada en el descubrimiento y la ocupación inglesa del siglo
XVIII. Esa nota no fue contestada formalmente en medio de las graves
convulsiones internas que atravesaba el país; pero el silencio diplomático
jamás significó asentimiento, menos aún, cuando los actos de dominio argentino
eran públicos y notorios.
Si Inglaterra aspiraba
sinceramente a una respuesta, pudo reiterar su comunicación; nunca derivar de
esa circunstancia un pretendido derecho a la acción armada.
El 2 de enero de 1833 la corbeta
británica Clio exigió la rendición de las autoridades establecidas en Puerto
Luis y las desalojó por la fuerza. No medió tratado, cesión ni declaración de
guerra.
Fue un acto unilateral de
ocupación armada contra un establecimiento organizado de un país con el cual
mantenía relaciones amistosas. La explicación posterior de algunos autores
británicos —según la cual la Clio fue enviada simplemente porque no se había
respondido la protesta de Parish— desconoce los usos diplomáticos más
elementales y la diferencia entre tomar posesión de un territorio desierto y
expulsar autoridades legítimas.
EL INTERCAMBIO DIPLOMÁTICO CON
PALMERSTON
La protesta argentina fue
inmediata. Se declaró formalmente que, siendo las Provincias Unidas sucesoras
de España en todos sus derechos, la Gran Bretaña no podía adquirir título
alguno nuevo sobre las islas. Se protestó contra “la soberanía asumida últimamente
en las islas Malvinas por la corona de la Gran Bretaña y contra el despojo y
eyección del establecimiento de la República en Puerto Luis”, exigiendo las
reparaciones correspondientes.
La respuesta inglesa, presentada
tras más de seis meses de demora, reiteró los argumentos ya esgrimidos:
descubrimiento original, ocupación inglesa y restitución del establecimiento en
1771.
Añadía que el retiro de 1774 no
invalidaba sus derechos y que, al no haber sido contestada la protesta de 1829,
el gobierno argentino no debía sorprenderse por lo ocurrido. Lord Palmerston
negó además la existencia de cualquier promesa secreta y sostuvo que Inglaterra
no podía reconocer a la Argentina derechos derivados de España que ella había
negado a esta última.
Tales argumentos no resisten
examen. La falta de contestación formal no podía crear un derecho inexistente.
Los actos de soberanía ejercidos por la República entre 1829 y 1831 eran el más
claro desmentido a cualquier pretensión contraria.
Por otra parte, Inglaterra había
reconocido en distintos momentos la soberanía española en el Atlántico sur,
comprometiéndose a no navegar ni comerciar en los mares del Sud en tratados
anteriores y aceptando la restitución de 1771 con reserva expresa de derechos
por parte de España.
Desde 1774, año en que evacuó
Puerto Egmont, guardó un prolongado silencio mientras España ejercía posesión
exclusiva.
Manuel Moreno replicó el 29 de
diciembre de 1834 con un alegato orgánico y documentado en defensa de los
derechos argentinos. Publicó además en Londres un folleto destinado a ilustrar
a la opinión pública sobre el carácter violento de la ocupación.
Las ulteriores reclamaciones
argentinas fueron respondidas con negativas categóricas a discutir en forma
leal los títulos respectivos. La cuestión quedó abierta, pero la posición
argentina no varió.
LOS FUNDAMENTOS HISTÓRICOS Y
JURÍDICOS
La soberanía española sobre las
islas derivaba de la concesión pontificia y de la ocupación efectiva de los
territorios del Atlántico meridional, reconocida en distintos instrumentos
internacionales.
Desde 1764 —como sucesora de
Francia— hasta 1811 España ejerció posesión efectiva de Puerto Soledad, y desde
1774 lo hizo en forma exclusiva sobre todo el archipiélago. Inglaterra evacuó
Puerto Egmont en 1774 y en 1790 se comprometió nuevamente a no establecerse en
las costas orientales u occidentales de la América meridional ni en las islas
adyacentes.
Las Malvinas fueron incorporadas
al gobierno y territorio dependiente de Buenos Aires por decisión española y
esa situación no sufrió alteración hasta la Revolución. La República Argentina
sucedió jurídicamente a España en todos sus derechos y obligaciones.
Entre 1820 y el 2 de enero de
1833 ejerció ocupación pacífica y exclusiva del archipiélago, hasta que sus
autoridades fueron desalojadas por la fuerza. Más tarde, en el tratado de
reconocimiento, paz y amistad con España de 1863, la antigua metrópoli renunció
a toda soberanía, derechos y acciones que le correspondieran sobre los
territorios que integraban la Nación Argentina.
Por su parte, Inglaterra no
puede invocar ni primer ocupante, ni cesión válida, ni derecho derivado de
tratado alguno con España o con la Argentina. Sólo tiene a su favor la
ocupación precaria del siglo XVIII y el despojo violento de 1833.
LA CUESTIÓN MALVINAS DURANTE EL
SEGUNDO GOBIERNO DE ROSAS
Rosas llega por segunda vez al
gobierno en 1835, cuando las Islas Malvinas ya habían sido tomadas por
Inglaterra. Desde 1838 el bloqueo francés y luego la intervención
anglo-francesa agravaron la situación económica y financiera del país. Los
acreedores ingleses, Baring Brothers y Cía., presionaban por el cobro del
empréstito de 1824, cuya garantía comprometía el territorio nacional. Según
Saldías, se insinuó la entrega de las Malvinas como forma de pago.
Rosas respondió mediante su
ministro Insiarte en 1843 proponiendo que, si el gobierno británico reconocía
previamente los derechos argentinos sobre las islas, podría considerarse su
cesión como parte de la solución de la deuda. La condición implicaba el reconocimiento
expreso de la soberanía argentina, algo que Londres no podía admitir sin
contradecir su propio acto de 1833. La propuesta ganó tiempo y neutralizó
presiones, pero no fue aceptada. La cuestión territorial jamás fue cedida en
derecho.
Mientras tanto, continuaron las
agresiones navales y el bloqueo del Río de la Plata. En ningún momento el
gobierno argentino reconoció la legitimidad de la ocupación británica. La
integridad territorial fue sostenida como principio constante, aun en medio del
aislamiento y la guerra.
CONCLUSIÓN
La cuestión Malvinas se apoya en
una cadena histórica coherente: soberanía española reconocida, posesión
efectiva y exclusiva, sucesión jurídica argentina, ejercicio concreto de
autoridad hasta 1833, protesta inmediata contra el despojo y mantenimiento invariable
del reclamo.
La ocupación británica carece de
título originario válido y se funda en la imposición de la fuerza. Los
documentos diplomáticos, los antecedentes históricos y la continuidad jurídica
configuran un derecho que no nace de una reivindicación tardía, sino de la
sucesión legítima y la posesión efectiva interrumpida por un acto de violencia.
Fuente consultada
SEDE
Biblioteca
Popular Rotaria
Sarrachaga 6198 esquina Madrid – Isidro Casanova
El miércoles 18 de febrero, se atendió a los socios y
lectores con turno, en la sala de los libros y en el salón de usos múltiples de
planta baja.
Se reacomodó las sillas y mesas del salón de usos
múltiples y está todo listo para la actividad del jueves 19/02 del taller de
memoria para adultos mayores en la sede (de 9:00 a 10:30 Hs.).
El presidente de la institución recibió nuevamente al
escritor Emilio Martín, por temas culturales y por la presentación de su libro,
que se reprogramó para el sábado 28/03.
Además, el joven lector Sebastián tuvo la fortuna de
intercambiar dialogo con el escritor Emilio Martin, con el cual quedo asombrado
por su dialéctica y sugerencias de lectura.
Por razones de seguridad se están desarrollando las
actividades a puerta cerrada con llave.
Algunas imágenes.
SEDE
Biblioteca
Popular Rotaria
Sarrachaga 6198 esquina Madrid – Isidro Casanova
Taller de
Memoria (para adultos mayores)
Hoy jueves 19 de febrero (9:00 Hs. a 10:30 Hs.)
Estimular la memoria, la atención y la
concentración, prevenir el deterioro cognitivo, mejorar la autoestima y
fomentar la socialización.
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DIFUSIÓN
Taller de Poesía – Cuento – Novela
Llega marzo y empezamos
LITERATURA
Mañana Dios dirá
==============
De tanto comer salteado
ya me estoy acostumbrando.
Si temprano me levanto
y no hay yerba dentro el tarro
pa´que esperar el milagro,
me dibujo una sonrisa
y me voy yendo de prisa
a ver, si consigo algo…
Con qunientos de mandados
que le hice a Doña Mari,
con trecientos de Fornari
por regarle los rosales.
Por lavarle el auto a Juarez
y por vender los cartones,
hoy con mi perra Dolores,
no pasé necesidades.
Carlos Parrella
HISTORIA & EFEMÉRIDE
BATALLA DE LA HERRADURA
EL CHOQUE QUE REVELÓ LAS
PROFUNDAS DIVISIONES DE UNA PATRIA EN FORMACIÓN
El 18 de febrero de 1819, en la
Posta de La Herradura, sobre la margen sur del río Tercero, en el actual
departamento San Martín de la provincia de Córdoba, se libró una batalla que,
aunque menor en escala, fue parte integrante de la primera de las guerras
civiles argentinas: la Batalla de La Herradura.
Fue un enfrentamiento entre
fuerzas directoriales enviadas desde Buenos Aires y las fuerzas federales al
mando del caudillo santafesino Estanislao López. El resultado, difícil y
prolongado, terminó siendo considerado una victoria estratégica para los directoriales
bajo el mando del coronel Juan Bautista Bustos, futuro caudillo cordobés.
Este combate, más allá de sus
números, puso de manifiesto la profunda división existente entre quienes
defendían la autoridad central impuesta por el Directorio de Buenos Aires y las
fuerzas provinciales que reclamaban autonomía y respeto a la soberanía de sus
regiones.
ANTEDECEDENTES: EL DIRECTORIO,
LOS FEDERALES Y LA GUERRA CIVIL QUE SE AVIZORABA
Desde 1815, la provincia de
Santa Fe había logrado liberarse de la dependencia política de Buenos Aires,
enfrentando y venciendo en varias oportunidades las invasiones que desde la
capital eran enviadas para someterla. Estos hechos solidificaron el liderazgo
de Estanislao López y la consolidación de una postura federativa que ya
amenazaba con romper la unidad impuesta por el Directorio.
El Director Supremo Juan Martín
de Pueyrredón, en su afán de someter a Santa Fe, decidió desviar tropas que
defendían la frontera norte contra los realistas para enviarlas contra los
federales. Muy a regañadientes, Manuel Belgrano accedió a enviar al coronel
Juan Bautista Bustos, quien había sido derrotado en la Batalla de Fraile Muerto
el 20 de noviembre de 1818, donde López, con su astucia táctica, neutralizó la
ofensiva directorial.
A comienzos de 1819, y ante la
necesidad de reforzar esa ofensiva, el Directorio concentró fuerzas en
distintos frentes: Juan José Viamonte con más de 2.500 hombres en San Nicolás
de los Arroyos, Belgrano con unos 3.000 que descendían desde Tucumán, y Bustos
con poco más de 800 hombres en Córdoba, reforzado con escuadrones bajo los
coroneles Gregorio Aráoz de Lamadrid y José María Paz. Frente a ellos, López
contaba con alrededor de 1.500 a 2.000 hombres.
JUAN BAUTISTA BUSTOS Y
ESTANISLAO LÓPEZ: CAUDILLOS Y PROYECTOS EN CHOQUE
En esta batalla, la importancia
de Estanislao López queda patente como caudillo santafesino, defensor
incansable de la autonomía provincial, cuya autoridad y prestigio se
consolidaban con cada enfrentamiento con las fuerzas centralistas. Por su
parte, Juan Bautista Bustos no era solo un oficial enviado por el Directorio,
sino un líder regional emergente que combinaba disciplina militar con
comprensión de los intereses provinciales, perfil que lo llevaría a
consolidarse como gobernador de Córdoba y referente del federalismo interior.
Ambos hombres, enfrentados en La
Herradura, simbolizan la tensión histórica entre centralismo y federalismo:
López continuó fortaleciendo Santa Fe y su liderazgo, mientras Bustos ganó
reconocimiento que le permitió influir decisivamente en la política cordobesa y
en la defensa de las provincias frente a Buenos Aires.
LA BATALLA: ESTRATEGIA,
RESISTENCIA Y CORAJE
Bustos, consciente de la
superioridad numérica del enemigo, escogió sabiamente su terreno. Situó sus
fuerzas en una curva profunda del río Tercero, que describía una herradura
natural, y allí levantó defensas con empalizadas y carretas armadas con piezas
de artillería, haciendo difícil cualquier ataque frontal.
El 18 de febrero de 1819 se
desató el combate. Durante tres días López ordenó una y otra vez el asalto
sobre la posición defendida por Bustos, sin lograr quebrarla. Las tropas
federales repetidamente chocaron con la infantería y artillería bien parapetadas.
Las salidas de caballería, lideradas por los coroneles Gregorio Aráoz de
Lamadrid y José María Paz, intentaron perseguir a las fuerzas federales, aunque
esos movimientos también mostraron lo errático de la guerra civil: estos jefes,
veteranos de campañas por la libertad, sentían el peso de luchar entre
hermanos.
Al no poder atraer a Bustos a
campo abierto ni forzar la posición defendida, López decidió finalmente retirar
sus fuerzas. Los partes oficiales de la época difieren: Bustos afirmó haber
perseguido a los federales hasta la Villa de los Ranchos, mientras López alegó
haber optado por la retirada sin haber sido vencido en combate abierto. En
realidad, la batalla quedó en un empate táctico, aunque se la considera
estratégicamente favorable a Bustos porque impidió a López avanzar sobre
Córdoba.
DESPUÉS DE LA BATALLA:
ARMISTICIOS Y CAMINO A CEPEDA
Tras el combate, López inició
maniobras hacia el noroeste, pero al llegar a la Villa de los Ranchos recibió
noticias preocupantes sobre la situación en Rosario, donde las fuerzas
directoriales de Viamonte estaban cercadas por federales. Fue entonces cuando
López propuso un armisticio con Viamonte, aceptado por ambas partes, firmado el
12 de abril de 1819, aunque apenas duró ocho meses.
Durante ese breve período, las
provincias siguieron marcando su propio rumbo: Santa Fe elaboró y sancionó una
constitución provincial de corte republicano, y López consolidó su autoridad
regional. Bustos, por su parte, se consolidó como figura central en Córdoba, y
su influencia sería decisiva en los años posteriores para sostener el
federalismo interior.
Lo que siguió fue el acceso
definitivo de los federales al triunfo sobre el Directorio unitarista en la
Batalla de Cepeda de 1820, que marcó el fin del sistema directorial y la
apertura de una etapa de autonomías provinciales que modelarían el federalismo
argentino.
LA BATALLA DE LA HERRADURA, UNA
LECCIÓN
La Batalla de La Herradura no
fue simplemente otro choque de fuerzas: fue un espejo en el que quedó reflejada
la crisis de la joven patria.
La autoridad impuesta desde
Buenos Aires, sin respeto por las realidades provinciales, chocó con la
voluntad de autonomía de los territorios interiores. Bustos y López no solo
representaron ejércitos, sino proyectos contradictorios de organización
política para nuestras Provincias Unidas.
El resultado de este combate, la
negociación posterior y los hechos que le siguieron enseñan que la Argentina no
se forjó por decreto, sino por la lucha de sus pueblos por su propio destino y
su propio lugar en la historia.
Fuente consultada
HISTORIA & EFEMÉRIDE
Artículo no apto para menores de 16 años.
“CON ASESINOS NO NOS ACOSTAMOS”
El 17 de febrero de 1922, en
Puerto San Julián, cinco mujeres del prostíbulo La Catalana se negaron a
recibir a soldados del Ejército Argentino que venían de participar en los
fusilamientos masivos de peones rurales en el territorio santacruceño.
Los uniformados pertenecían al
10° de Caballería y actuaban bajo el mando del teniente coronel Héctor Benigno
Varela.
Las mujeres Consuelo García,
Ángela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliache y Maud Foster los
enfrentaron y los echaron al grito de: “¡Con asesinos no nos acostamos!”. No
fue una frase suelta ni una exageración: para febrero de 1922 la región ya sabía
que centenares de peones habían sido fusilados sin juicio.
Aquella fue la única protesta
pública registrada en medio del silencio impuesto por el terror. Fueron
detenidas, hostigadas y luego liberadas. El gesto quedó como una marca moral
frente a la masacre.
LA ANITA Y EL INICIO DEL
EXTERMINIO
El punto de quiebre se había
producido el 7 de diciembre de 1921 en la Estancia La Anita, cerca de El
Calafate. Allí se concentraban cientos de huelguistas rurales organizados en
torno a la Federación Obrera Regional Argentina y la Sociedad Obrera de Río
Gallegos.
Los peones reclamaban pago en
moneda y no en vales, reducción de jornadas extenuantes, mejores condiciones de
vivienda y respeto básico en las estancias ovinas.
Tras negociaciones tensas,
muchos trabajadores depusieron las armas con la expectativa de que se respetara
su vida. La promesa no se cumplió. En los días siguientes comenzaron los
fusilamientos sistemáticos.
Las ejecuciones continuaron en
distintos puntos del territorio, incluyendo zonas cercanas a Jaramillo, Río
Gallegos y otras estancias como Bella Vista. Las estimaciones históricas hablan
de entre 300 y 1.500 trabajadores fusilados.
Muchos fueron enterrados en
fosas comunes. No hubo juicios formales ni registros exhaustivos. Santa Cruz
era entonces Territorio Nacional, dependiente directamente del gobierno
central, lo que facilitó la intervención militar sin contrapesos institucionales
locales.
EL FUSILAMIENTO DE FACÓN GRANDE
El 10 de noviembre de 1921, en
Jaramillo, fue fusilado el dirigente obrero José Font, conocido como “Facón
Grande”. Su ejecución marcó un mensaje claro: la represión no apuntaba sólo a
disolver la huelga sino a eliminar su conducción.
Para entonces el presidente
Hipólito Yrigoyen había ordenado el envío de tropas para “restablecer el orden”
en la región. La segunda campaña militar, a fines de 1921, fue abiertamente
represiva y culminó con el aniquilamiento del movimiento huelguístico.
Si bien no existe documento
público que contenga una orden escrita de fusilamientos firmada por el
presidente, la responsabilidad política del gobierno nacional resulta
ineludible: el Poder Ejecutivo dispuso la intervención militar, sostuvo la
campaña y no impulsó investigación ni sanción posterior frente a las
ejecuciones sin juicio.
Como comandante en jefe de las
Fuerzas Armadas, el presidente era la máxima autoridad política sobre la
operación desarrollada en territorio santacruceño.
Durante el conflicto también se
registraron episodios de violencia en el marco de la huelga —tomas de
estancias, enfrentamientos armados y muertes—, pero la represión posterior fue
sistemática y desproporcionada, alcanzando incluso a trabajadores que ya se
habían rendido. Allí radica el núcleo de la controversia histórica.
LA CADENA DE VIOLENCIA
El 27 de enero de 1923, en
Buenos Aires, el anarquista alemán Kurt Gustav Wilckens asesinó a Varela en
represalia por las ejecuciones en Santa Cruz. Meses más tarde, el 15 de junio
de 1923, Wilckens fue asesinado en la Penitenciaría Nacional por Jorge Pérez
Millán, vinculado a la Liga Patriótica Argentina.
A su vez, en 1925, Pérez Millán
fue muerto en el Hospicio de las Mercedes por el interno anarquista Boris
Wladimirovich, quien según testimonios de la época le habría dicho antes de
disparar: “Esto te lo manda Wilckens”.
La espiral de represalias mostró
que la herida seguía abierta y que la violencia generada en la Patagonia no
había concluido con los fusilamientos.
En el Cementerio de la
Chacarita, donde fueron sepultados los restos de Varela, circuló durante años
la referencia a una placa de homenaje que agradecía los “servicios prestados”.
Esa mención generó polémica y versiones sobre su posterior desaparición.
Más allá de las controversias en
torno a su redacción exacta, el dato ilustra el clima político y social de la
época, en el que sectores nacionalistas reivindicaban la represión mientras
amplios sectores obreros la denunciaban como masacre.
LA HERIDA ABIERTA
Los hechos serían conocidos como
la Patagonia Rebelde o Patagonia Trágica. Durante décadas quedaron relegados al
silencio oficial, hasta que investigaciones históricas los devolvieron al
debate público.
La discusión sobre el papel del
gobierno radical, del presidente Yrigoyen y de los mandos militares forma parte
de ese debate pendiente en la memoria argentina.
Por eso el 17 de febrero no es
una anécdota marginal. Es la fecha en que, en medio del miedo y la sangre
todavía fresca en la memoria colectiva de Santa Cruz, cinco mujeres comunes
dijeron en voz alta lo que muchos callaban.
Su gesto no detuvo la represión
ni reparó la injusticia, pero dejó constancia de que incluso en el momento más
oscuro hubo quien señaló a los responsables y se negó a legitimarlos con el
silencio.
Fuente consultada
Revisionismo Histórico Argentino