miércoles, 18 de febrero de 2026

Taller de Poesía inicia en marzo

DIFUSIÓN

Taller de Poesía – Cuento – Novela

Llega marzo y empezamos

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Más que palabras

LITERATURA

Mañana Dios dirá

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De tanto comer salteado

ya me estoy acostumbrando.

Si temprano me levanto

y no hay yerba dentro el tarro

pa´que esperar el milagro,

me dibujo una sonrisa

y me voy yendo de prisa

a ver, si consigo algo…

Con qunientos de mandados

que le hice a Doña Mari,

con trecientos de Fornari

por regarle los rosales.

Por lavarle el auto a Juarez

y por vender los cartones,

hoy con mi perra Dolores,

no pasé necesidades.

Carlos Parrella

18 de Febrero de 1819

HISTORIA & EFEMÉRIDE

BATALLA DE LA HERRADURA

EL CHOQUE QUE REVELÓ LAS PROFUNDAS DIVISIONES DE UNA PATRIA EN FORMACIÓN

El 18 de febrero de 1819, en la Posta de La Herradura, sobre la margen sur del río Tercero, en el actual departamento San Martín de la provincia de Córdoba, se libró una batalla que, aunque menor en escala, fue parte integrante de la primera de las guerras civiles argentinas: la Batalla de La Herradura.

Fue un enfrentamiento entre fuerzas directoriales enviadas desde Buenos Aires y las fuerzas federales al mando del caudillo santafesino Estanislao López. El resultado, difícil y prolongado, terminó siendo considerado una victoria estratégica para los directoriales bajo el mando del coronel Juan Bautista Bustos, futuro caudillo cordobés.

Este combate, más allá de sus números, puso de manifiesto la profunda división existente entre quienes defendían la autoridad central impuesta por el Directorio de Buenos Aires y las fuerzas provinciales que reclamaban autonomía y respeto a la soberanía de sus regiones.

ANTEDECEDENTES: EL DIRECTORIO, LOS FEDERALES Y LA GUERRA CIVIL QUE SE AVIZORABA

Desde 1815, la provincia de Santa Fe había logrado liberarse de la dependencia política de Buenos Aires, enfrentando y venciendo en varias oportunidades las invasiones que desde la capital eran enviadas para someterla. Estos hechos solidificaron el liderazgo de Estanislao López y la consolidación de una postura federativa que ya amenazaba con romper la unidad impuesta por el Directorio.

El Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, en su afán de someter a Santa Fe, decidió desviar tropas que defendían la frontera norte contra los realistas para enviarlas contra los federales. Muy a regañadientes, Manuel Belgrano accedió a enviar al coronel Juan Bautista Bustos, quien había sido derrotado en la Batalla de Fraile Muerto el 20 de noviembre de 1818, donde López, con su astucia táctica, neutralizó la ofensiva directorial.

A comienzos de 1819, y ante la necesidad de reforzar esa ofensiva, el Directorio concentró fuerzas en distintos frentes: Juan José Viamonte con más de 2.500 hombres en San Nicolás de los Arroyos, Belgrano con unos 3.000 que descendían desde Tucumán, y Bustos con poco más de 800 hombres en Córdoba, reforzado con escuadrones bajo los coroneles Gregorio Aráoz de Lamadrid y José María Paz. Frente a ellos, López contaba con alrededor de 1.500 a 2.000 hombres.

JUAN BAUTISTA BUSTOS Y ESTANISLAO LÓPEZ: CAUDILLOS Y PROYECTOS EN CHOQUE

En esta batalla, la importancia de Estanislao López queda patente como caudillo santafesino, defensor incansable de la autonomía provincial, cuya autoridad y prestigio se consolidaban con cada enfrentamiento con las fuerzas centralistas. Por su parte, Juan Bautista Bustos no era solo un oficial enviado por el Directorio, sino un líder regional emergente que combinaba disciplina militar con comprensión de los intereses provinciales, perfil que lo llevaría a consolidarse como gobernador de Córdoba y referente del federalismo interior.

Ambos hombres, enfrentados en La Herradura, simbolizan la tensión histórica entre centralismo y federalismo: López continuó fortaleciendo Santa Fe y su liderazgo, mientras Bustos ganó reconocimiento que le permitió influir decisivamente en la política cordobesa y en la defensa de las provincias frente a Buenos Aires.

LA BATALLA: ESTRATEGIA, RESISTENCIA Y CORAJE

Bustos, consciente de la superioridad numérica del enemigo, escogió sabiamente su terreno. Situó sus fuerzas en una curva profunda del río Tercero, que describía una herradura natural, y allí levantó defensas con empalizadas y carretas armadas con piezas de artillería, haciendo difícil cualquier ataque frontal.

El 18 de febrero de 1819 se desató el combate. Durante tres días López ordenó una y otra vez el asalto sobre la posición defendida por Bustos, sin lograr quebrarla. Las tropas federales repetidamente chocaron con la infantería y artillería bien parapetadas. Las salidas de caballería, lideradas por los coroneles Gregorio Aráoz de Lamadrid y José María Paz, intentaron perseguir a las fuerzas federales, aunque esos movimientos también mostraron lo errático de la guerra civil: estos jefes, veteranos de campañas por la libertad, sentían el peso de luchar entre hermanos.

Al no poder atraer a Bustos a campo abierto ni forzar la posición defendida, López decidió finalmente retirar sus fuerzas. Los partes oficiales de la época difieren: Bustos afirmó haber perseguido a los federales hasta la Villa de los Ranchos, mientras López alegó haber optado por la retirada sin haber sido vencido en combate abierto. En realidad, la batalla quedó en un empate táctico, aunque se la considera estratégicamente favorable a Bustos porque impidió a López avanzar sobre Córdoba.

DESPUÉS DE LA BATALLA: ARMISTICIOS Y CAMINO A CEPEDA

Tras el combate, López inició maniobras hacia el noroeste, pero al llegar a la Villa de los Ranchos recibió noticias preocupantes sobre la situación en Rosario, donde las fuerzas directoriales de Viamonte estaban cercadas por federales. Fue entonces cuando López propuso un armisticio con Viamonte, aceptado por ambas partes, firmado el 12 de abril de 1819, aunque apenas duró ocho meses.

Durante ese breve período, las provincias siguieron marcando su propio rumbo: Santa Fe elaboró y sancionó una constitución provincial de corte republicano, y López consolidó su autoridad regional. Bustos, por su parte, se consolidó como figura central en Córdoba, y su influencia sería decisiva en los años posteriores para sostener el federalismo interior.

Lo que siguió fue el acceso definitivo de los federales al triunfo sobre el Directorio unitarista en la Batalla de Cepeda de 1820, que marcó el fin del sistema directorial y la apertura de una etapa de autonomías provinciales que modelarían el federalismo argentino.

LA BATALLA DE LA HERRADURA, UNA LECCIÓN

La Batalla de La Herradura no fue simplemente otro choque de fuerzas: fue un espejo en el que quedó reflejada la crisis de la joven patria.

La autoridad impuesta desde Buenos Aires, sin respeto por las realidades provinciales, chocó con la voluntad de autonomía de los territorios interiores. Bustos y López no solo representaron ejércitos, sino proyectos contradictorios de organización política para nuestras Provincias Unidas.

El resultado de este combate, la negociación posterior y los hechos que le siguieron enseñan que la Argentina no se forjó por decreto, sino por la lucha de sus pueblos por su propio destino y su propio lugar en la historia.

Fuente consultada

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martes, 17 de febrero de 2026

17 de Febrero de 1922

HISTORIA & EFEMÉRIDE

Artículo no apto para menores de 16 años.

“CON ASESINOS NO NOS ACOSTAMOS”

El 17 de febrero de 1922, en Puerto San Julián, cinco mujeres del prostíbulo La Catalana se negaron a recibir a soldados del Ejército Argentino que venían de participar en los fusilamientos masivos de peones rurales en el territorio santacruceño.

Los uniformados pertenecían al 10° de Caballería y actuaban bajo el mando del teniente coronel Héctor Benigno Varela.

Las mujeres Consuelo García, Ángela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliache y Maud Foster los enfrentaron y los echaron al grito de: “¡Con asesinos no nos acostamos!”. No fue una frase suelta ni una exageración: para febrero de 1922 la región ya sabía que centenares de peones habían sido fusilados sin juicio.

Aquella fue la única protesta pública registrada en medio del silencio impuesto por el terror. Fueron detenidas, hostigadas y luego liberadas. El gesto quedó como una marca moral frente a la masacre.

LA ANITA Y EL INICIO DEL EXTERMINIO

El punto de quiebre se había producido el 7 de diciembre de 1921 en la Estancia La Anita, cerca de El Calafate. Allí se concentraban cientos de huelguistas rurales organizados en torno a la Federación Obrera Regional Argentina y la Sociedad Obrera de Río Gallegos.

Los peones reclamaban pago en moneda y no en vales, reducción de jornadas extenuantes, mejores condiciones de vivienda y respeto básico en las estancias ovinas.

Tras negociaciones tensas, muchos trabajadores depusieron las armas con la expectativa de que se respetara su vida. La promesa no se cumplió. En los días siguientes comenzaron los fusilamientos sistemáticos.

Las ejecuciones continuaron en distintos puntos del territorio, incluyendo zonas cercanas a Jaramillo, Río Gallegos y otras estancias como Bella Vista. Las estimaciones históricas hablan de entre 300 y 1.500 trabajadores fusilados.

Muchos fueron enterrados en fosas comunes. No hubo juicios formales ni registros exhaustivos. Santa Cruz era entonces Territorio Nacional, dependiente directamente del gobierno central, lo que facilitó la intervención militar sin contrapesos institucionales locales.

EL FUSILAMIENTO DE FACÓN GRANDE

El 10 de noviembre de 1921, en Jaramillo, fue fusilado el dirigente obrero José Font, conocido como “Facón Grande”. Su ejecución marcó un mensaje claro: la represión no apuntaba sólo a disolver la huelga sino a eliminar su conducción.

Para entonces el presidente Hipólito Yrigoyen había ordenado el envío de tropas para “restablecer el orden” en la región. La segunda campaña militar, a fines de 1921, fue abiertamente represiva y culminó con el aniquilamiento del movimiento huelguístico.

Si bien no existe documento público que contenga una orden escrita de fusilamientos firmada por el presidente, la responsabilidad política del gobierno nacional resulta ineludible: el Poder Ejecutivo dispuso la intervención militar, sostuvo la campaña y no impulsó investigación ni sanción posterior frente a las ejecuciones sin juicio.

Como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el presidente era la máxima autoridad política sobre la operación desarrollada en territorio santacruceño.

Durante el conflicto también se registraron episodios de violencia en el marco de la huelga —tomas de estancias, enfrentamientos armados y muertes—, pero la represión posterior fue sistemática y desproporcionada, alcanzando incluso a trabajadores que ya se habían rendido. Allí radica el núcleo de la controversia histórica.

LA CADENA DE VIOLENCIA

El 27 de enero de 1923, en Buenos Aires, el anarquista alemán Kurt Gustav Wilckens asesinó a Varela en represalia por las ejecuciones en Santa Cruz. Meses más tarde, el 15 de junio de 1923, Wilckens fue asesinado en la Penitenciaría Nacional por Jorge Pérez Millán, vinculado a la Liga Patriótica Argentina.

A su vez, en 1925, Pérez Millán fue muerto en el Hospicio de las Mercedes por el interno anarquista Boris Wladimirovich, quien según testimonios de la época le habría dicho antes de disparar: “Esto te lo manda Wilckens”.

La espiral de represalias mostró que la herida seguía abierta y que la violencia generada en la Patagonia no había concluido con los fusilamientos.

En el Cementerio de la Chacarita, donde fueron sepultados los restos de Varela, circuló durante años la referencia a una placa de homenaje que agradecía los “servicios prestados”. Esa mención generó polémica y versiones sobre su posterior desaparición.

Más allá de las controversias en torno a su redacción exacta, el dato ilustra el clima político y social de la época, en el que sectores nacionalistas reivindicaban la represión mientras amplios sectores obreros la denunciaban como masacre.

LA HERIDA ABIERTA

Los hechos serían conocidos como la Patagonia Rebelde o Patagonia Trágica. Durante décadas quedaron relegados al silencio oficial, hasta que investigaciones históricas los devolvieron al debate público.

La discusión sobre el papel del gobierno radical, del presidente Yrigoyen y de los mandos militares forma parte de ese debate pendiente en la memoria argentina.

Por eso el 17 de febrero no es una anécdota marginal. Es la fecha en que, en medio del miedo y la sangre todavía fresca en la memoria colectiva de Santa Cruz, cinco mujeres comunes dijeron en voz alta lo que muchos callaban.

Su gesto no detuvo la represión ni reparó la injusticia, pero dejó constancia de que incluso en el momento más oscuro hubo quien señaló a los responsables y se negó a legitimarlos con el silencio.

Fuente consultada

Revisionismo Histórico Argentino

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lunes, 16 de febrero de 2026

16 de Febrero de 1835

HISTORIA & EFEMÉRIDE

Revisionismo Histórico Argentino

EL ASESINATO DE JUAN FACUNDO QUIROGA

BARRANCA YACO 16 DE FEBRERO DE 1835

EL VIAJE FINAL DEL TIGRE DE LOS LLANOS

El 16 de febrero de 1835, en el paraje cordobés de Barranca Yaco, al norte de la provincia de Córdoba, fue asesinado de manera alevosa el brigadier general Juan Facundo Quiroga, conocido como el Tigre de los Llanos, una de las máximas figuras del federalismo del interior argentino. Había nacido en 1788 en San Antonio, La Rioja, y su nombre se había convertido, tras años de guerras civiles, en sinónimo de autoridad y de poder real en vastas regiones del país.

Quiroga partió de Buenos Aires el 18 de diciembre de 1834 en misión oficial de mediación. El conflicto que motivó su viaje enfrentaba directamente a las provincias de Salta y Tucumán, a raíz de la invasión tucumana sobre territorio salteño y la derrota del gobernador salteño Pablo Latorre en la batalla de Castañares, el 13 de noviembre de 1834. Latorre, hecho prisionero, sería asesinado en enero de 1835, hecho que agravó aún más la crisis. Santiago del Estero, bajo el mando de Felipe Ibarra, también se encontraba involucrada en el delicado equilibrio regional.

Quiroga no viajaba como jefe de una campaña militar, sino como árbitro político del federalismo. Su autoridad personal era el instrumento de pacificación. Esa precisión es fundamental: el Tigre de los Llanos no marchaba a combatir, sino a evitar una guerra entre provincias federales. Cumplida la misión y restablecida una paz precaria en el Norte, emprendió el regreso hacia Buenos Aires.

En ese contexto, y según diversas fuentes de la época, desde Buenos Aires se le habrían transmitido advertencias para que demorara el regreso o extremara precauciones ante el clima enrarecido que se vivía en Córdoba. Entre quienes le aconsejaron prudencia se menciona al entonces gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas, quien conocía las tensiones existentes con el grupo gobernante cordobés. No obstante, Quiroga decidió regresar por la ruta habitual, confiando en su investidura y en el respeto que su figura imponía en el interior.

LAS ADVERTENCIAS DESOÍDAS

Antes de alcanzar la posta del Ojo de Agua, un joven salió del monte para advertir al doctor José Santos Ortiz, secretario de Quiroga, que en las inmediaciones de Barranca Yaco estaba apostada una partida armada al mando del capitán Santos Pérez con instrucciones de emboscar la galera y matar a Quiroga y a todos sus acompañantes.

Ortiz transmitió la noticia. Quiroga escuchó con atención, interrogó al mensajero y agradeció el aviso. Pero fiel a su carácter, respondió con la frase que quedaría en la memoria: “No ha nacido todavía el hombre que ha de matar a Facundo Quiroga”. Confiaba en el peso de su nombre y en el ascendiente que ejercía sobre la campaña. Ordenó simplemente revisar y cargar las armas de la galera. No aceptó desviarse ni pedir escolta.

LA EMBOSCADA EN BARRANCA YACO

En la mañana del 16 de febrero de 1835, la galera ingresó en el paso estrecho de Barranca Yaco, un punto de barrancas cerradas y monte espeso, ideal para una emboscada. Dos descargas cerradas atravesaron el carruaje desde ambos lados. Los caballos cayeron. Los atacantes avanzaron sable en mano.

Quiroga asomó la cabeza por la portezuela y exigió hablar con el jefe de la partida. Por un instante, su presencia impuso silencio. Preguntó: “¿Qué significa esto?”. La respuesta fue un balazo en el ojo que lo dejó muerto en el acto.

La matanza fue total. Murieron el doctor Ortiz, el postillón, los correos y el asistente. Incluso un niño de posta fue degollado para no dejar testigos. No fue un enfrentamiento armado entre fuerzas equivalentes. Fue un asesinato premeditado.

RESPONSABILIDADES Y JUICIO

Las investigaciones posteriores establecieron la responsabilidad material de Santos Pérez y la implicación política de los hermanos Reinafé, gobernantes de Córdoba al momento del crimen. El proceso judicial, iniciado en 1835 y sustanciado en Buenos Aires, culminó en 1837 con la condena y ejecución de los responsables principales.

No existen pruebas documentales concluyentes que involucren formalmente a otros caudillos federales en la planificación directa del crimen. La responsabilidad jurídica recayó sobre las autoridades cordobesas y sobre el ejecutor de la emboscada.

Con el tiempo, y especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, surgió una interpretación que insinuó o afirmó la responsabilidad indirecta de Rosas en el asesinato. Esa lectura se vinculó en gran medida con la obra y la perspectiva política de Domingo Faustino Sarmiento y con la historiografía liberal posterior, que interpretó el crimen dentro de la lógica de las luchas internas del federalismo. Sin embargo, en el proceso judicial contemporáneo a los hechos no se probó participación ni orden directa del gobernador bonaerense, y no se conserva documentación que acredite una instrucción suya en tal sentido.

EL IMPACTO POLÍTICO

La noticia llegó a Buenos Aires el 2 de marzo de 1835 y produjo una conmoción inmediata. Se suspendieron los festejos de Carnaval. El temor a una nueva etapa de anarquía se extendió rápidamente.

Quiroga era el único caudillo del interior con autoridad suficiente para influir simultáneamente en el Noroeste, Cuyo y el Litoral. Su desaparición dejó un vacío de poder que alteró el equilibrio del federalismo y aceleró la concentración política en Buenos Aires.

El 7 de marzo de 1835, la Legislatura porteña otorgó la suma del poder público a Juan Manuel de Rosas, medida ratificada por consulta popular. La conmoción causada por Barranca Yaco fue uno de los factores determinantes de esa decisión, en un contexto donde se temía el resurgimiento de la guerra civil generalizada.

FACUNDO EN LA HISTORIA

Años más tarde, Domingo Faustino Sarmiento publicaría Facundo o Civilización y Barbarie, obra literariamente brillante pero políticamente orientada contra el federalismo. Sin embargo, incluso en su crítica, dejó testimonio involuntario de la magnitud histórica del personaje.

Facundo Quiroga no fue un accidente ni una anomalía. Fue la expresión de una etapa de la organización nacional en la que la autoridad real no residía en constituciones escritas sino en hombres capaces de imponer orden en territorios vastísimos y escasamente institucionalizados.

A 191 AÑOS DEL CRIMEN

El 16 de febrero de 1835 marcó un punto de inflexión en la historia argentina. La emboscada de Barranca Yaco no eliminó solamente a un caudillo; modificó el rumbo del federalismo y abrió una nueva etapa política en la Confederación.

Quiroga murió sin huir, sin negociar su seguridad, sin alterar su camino. Murió como había vivido: afirmando su autoridad hasta el último instante. Y por eso su figura, más allá de polémicas historiográficas, sigue ocupando un lugar central en la memoria política argentina.

Fuente consultada

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domingo, 15 de febrero de 2026

15 de Febrero de 1811

HISTORIA & EFEMÉRIDE

Revisionismo Histórico Argentino

15 DE FEBRERO DE 1811

NATALICIO DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

UNA FIGURA QUE TODAVÍA DIVIDE A LA ARGENTINA

El 15 de febrero de 1811 nació en San Juan Domingo Faustino Sarmiento. Cada aniversario reactiva la postal escolar del prócer del guardapolvo blanco, el “Padre del Aula”, el civilizador incansable. Pero detrás de esa imagen ordenada hay un personaje áspero, contradictorio y profundamente político. Sacarlo del bronce no es negarlo. Es devolverlo a la historia real, la de las disputas, las pasiones y los proyectos de poder.

EL EXILIO, ROSAS Y LA POLÍTICA DESDE AFUERA

Enfrentado a Juan Manuel de Rosas, Sarmiento partió al exilio en Chile y desde allí convirtió el periodismo en arma. No escribió como espectador sino como combatiente. Desde el diario “El Progreso” sostuvo que el Estrecho de Magallanes debía ser ocupado por Chile porque Buenos Aires no lo aprovechaba. Argumentaba que la soberanía debía corresponder a quien supiera explotar el territorio. La ocupación chilena de 1843 coincidió con esa prédica. Más tarde relativizaría el alcance de sus artículos, pero la polémica quedó instalada y sus adversarios la recordaron como prueba de su distancia con una concepción tradicional de la soberanía.

Su pelea con Rosas no era solo institucional. Era cultural. Veía en el rosismo la expresión del país que quería superar: el predominio de la campaña, las montoneras, la autoridad personal. Para él, esa Argentina debía ser reemplazada por otra fundada en la ciudad, la ley escrita y la educación a disposición del pensamiento unitario-liberal.

FACUNDO Y LA MATRIZ DEL PROYECTO

En 1845 publicó Facundo. Allí formuló la oposición que marcó su pensamiento: civilización o barbarie. Europa y Estados Unidos como horizonte; el interior rural como atraso. El gaucho dejó de ser sujeto histórico para convertirse en problema. El caudillo dejó de ser líder popular para transformarse en síntoma de regresión. El “desierto” apareció como vacío, aun cuando estaba habitado.

No era solo literatura. Era una arquitectura ideológica. En esa división quedaban definidos los incluidos y los excluidos del proyecto nacional. Modernizar implicaba transformar la composición cultural del país. Inmigración europea, escuela pública, urbanización acelerada y disciplina social eran los pilares de esa operación.

LA VISIÓN DE ALBERDI: UN “CAUDILLO DE FRAC”

Mientras Sarmiento desplegaba esa retórica encendida, Juan Bautista Alberdi lo observaba con escepticismo. Alberdi lo describió como un “bárbaro civilizado”, un “caudillo de frac”. Veía en él una paradoja: denunciaba la barbarie mientras actuaba con la vehemencia de aquello que decía combatir. Para Alberdi, Sarmiento no había superado el espíritu caudillesco, simplemente lo había revestido con modales urbanos y citas europeas. Su liberalismo, a ojos de Alberdi, tenía algo de fanatismo ilustrado, más preocupado por imponer una visión que por comprender la complejidad social del país.

Esa crítica no era menor. Provenía de uno de los arquitectos intelectuales de la Constitución de 1853. La disputa entre ambos revela que el proyecto liberal no era homogéneo y que incluso dentro de sus filas Sarmiento generaba incomodidad.

VIOLENCIA, ORDEN Y CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO

Las frases de Sarmiento sobre la sangre de gauchos y la eliminación de resistencias no fueron simples excesos verbales. Su visión política justificó la represión de las montoneras federales y celebró la eliminación de figuras como Ángel Vicente Peñaloza. El orden no era negociación sino imposición.

Durante su presidencia, iniciada en 1868 con el respaldo de Bartolomé Mitre, expandió el sistema educativo, promovió la llegada de maestras estadounidenses, impulsó el telégrafo y apoyó el desarrollo ferroviario. Modernizó estructuras estatales con energía indiscutible. Pero esa modernización convivió con la continuidad de la Guerra del Paraguay y con políticas de disciplinamiento interno que consolidaron un Estado fuerte al servicio del proyecto liberal.

La escuela que fundaba no era solamente alfabetización. Era un dispositivo de construcción de ciudadanía bajo un molde preciso. Enseñaba normas, valores y obediencia a un orden que no todos habían elegido.

EL INDIO, EL GAUCHO Y EL “DESIERTO”

La representación de los pueblos originarios en sus escritos resulta hoy brutal. El “desierto” como categoría legitimó la idea de que esos territorios debían ser ocupados en nombre del progreso. El discurso precedió a la política. La idea de que la civilización debía avanzar sobre lo que consideraba atraso preparó el terreno para campañas militares posteriores contra comunidades indígenas.

El gaucho, por su parte, fue presentado como obstáculo histórico. No como sujeto a integrar sino como figura a reemplazar por el inmigrante europeo. En esa lógica, el país debía modificar su composición social para volverse moderno.

EL PROGRESO, LA DEPENDENCIA Y EL MODELO ECONÓMICO

Sarmiento admiraba a Estados Unidos y soñaba con una Argentina de pequeños propietarios y educación masiva. Sin embargo, el modelo que terminó consolidándose fue agroexportador y dependiente del capital británico. El Estado se fortaleció, pero la estructura económica quedó atada al puerto y al latifundio. La modernización institucional convivió con una fuerte desigualdad social.

No fue un simple ejecutor de intereses extranjeros, pero su proyecto se integró sin grandes resistencias a una estructura de dependencia que benefició a las élites terratenientes y comerciales.

LA FABRICACIÓN DEL “PADRE DEL AULA”

Con el paso del tiempo, la Historia Oficial construyó la figura de Sarmiento como símbolo indiscutido de la educación nacional. Esa construcción no fue inocente. Investigaciones críticas como las publicadas en la revista Margen señalan que muchas escuelas atribuidas a su gestión no fueron fundadas directamente por él y que el relato heroico exageró su papel para consolidar un mito funcional al Estado liberal.

La exaltación del “Padre del Aula” permitió presentar el proyecto sarmientino como sinónimo de democratización del saber, cuando en realidad formaba parte de una estrategia más amplia de homogeneización cultural y consolidación de poder. La escuela fue herramienta de alfabetización, pero también de disciplinamiento.

MÁS ALLÁ DEL BRONCE

Reducirlo a santo laico es una simplificación. Convertirlo en villano absoluto también lo es. Sarmiento encarna la tensión estructural de la Argentina moderna: educar y excluir, modernizar y violentar, integrar y disciplinar. Fundó escuelas y legitimó represiones. Amplió horizontes culturales y despreció tradiciones populares. Impulsó el Estado nacional y sostuvo ideas que hoy resultan abiertamente elitistas.

Su figura, su pensamiento y su actividad reactivan una discusión sobre el modelo de país que se impuso en el siglo XIX y sobre las marcas que todavía persisten. Porque detrás del prócer escolar hubo un político decidido a transformar la Argentina, aunque esa transformación implicara fracturas profundas.

Y esa discusión, lejos de cerrarse, sigue abierta.

Fuente consultada

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino

sábado, 14 de febrero de 2026

Documental de la historia de Ciudad Evita

HISTORIA & DOCUMENTAL

Los Buscadores

En este capítulo te presentamos la historia de Ciudad Evita, una investigación de Alejandro Enrique.

Video: Ciudad Evita / Los Buscadores

Ver: https://www.youtube.com/watch?v=g_flgvXq_oc

Fuente consultada

https://www.youtube.com/@losbuscadoresdelahistoria/featured

viernes, 13 de febrero de 2026

Quinta clase del Taller de Memoria en la Biblioteca

INSTITUCIONAL

La Biblioteca Popular Rotaria Está de Vacaciones de Verano

El jueves 12 de febrero, desde las 9 horas, hasta las 10:30 horas se llevó a cabo, la quinta clase del Taller de Memoria para adultos mayores, a cargo de la profesora Silvana M. Zarate, en nuestra sede de la Biblioteca Popular Rotaria, la cual se desarrolló en el salón de usos múltiples.

Las próximas clases se realizarán todos los jueves de febrero y marzo, en el mismo horario de 9 a 10:30 horas.

Algunas imágenes.

Más información

Taller de Memoria

(para adultos mayores)

Estimular la memoria, la atención y la concentración, prevenir el deterioro cognitivo, mejorar la autoestima y fomentar la socialización.

Próxima clase: el jueves 19 de febrero (9 a 10:30 Hs.)

Lugar: Sarrachaga 6198 esquina Madrid – Isidro Casanova

13 de Febrero de 1827

HISTORIA & EFEMÉRIDE

BATALLA DE BACACAY

La batalla de Bacacay​ fue un enfrentamiento producido el 13 de febrero de 1827 entre las tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata y las del Imperio del Brasil, enfrentados por el control de la Banda Oriental.

La Batalla

El apoyo de Buenos Aires a la insurrección de los Treinta y Tres Orientales había desembocado en una contienda naval, en la que la armada comandada por Guillermo Brown se veía en inferioridad frente a las fuerzas brasileñas.

A comienzos de 1827, y bajo el mando de Carlos María de Alvear, se iniciaron las hostilidades terrestres, tomándose la ciudad de Valles el 26 de enero.

Poco más tarde las fuerzas del general Bento Manuel Ribeiro hicieron frente a la columna de caballería (el regimiento de Granaderos a Caballo) e infantería (los Colorados de las Conchas) comandada por Juan Lavalle en Bacacay; después la siguió la batalla de Ombú, antesala de la de Ituzaingó.

El Barón del Rio Branco describió lo que pasó de la siguiente manera:

Acción Vacacaí, citada como una gran victoria argentina por algunos de los escritores rioplatenses. Consistió en lo siguiente: el teniente Marcelino Ferreira do Amaral, por delante de 70 milicias de caballería, sorprendió un destacamento argentino de cien hombres que huyeron, perdiendo dos oficiales y 20 soldados muertos durante el choque y la persecución.

El coronel Lavalle acudió a los republicanos, con 700 jinetes, y el teniente Amaral se retiró, incorporándose a su comandante el Mayor Gabriel Gomes Lisboa, que sólo tenía 200 milicianos. Incapaz de hacer frente a Lavalle continuó Lisboa la retirada, para cumplir con el coronel Bento Manuel Ribeiro, jefe de la brigada a la que pertenecía. Esa retirada tuvo dos muertos y tres heridos. Lavalle retrocedió tan pronto vio la columna de Bento Manuel.

Juan Galo Lavalle a su regreso de la campaña de los andes con San Martín y haber peleado a las órdenes de Bolívar volvió al país y al poco tiempo fue incorporado a la guerra del Brasil, como jefe del regimiento de coraceros; hizo la campaña sobre Río Grande do Sul y venció en los combates de Bacacay (abatiendo una columna de 1.200 hombres con fuerzas menores) y Ombú.

Unos días más tarde, utilizando una arriesgada maniobra, logró una parte importante de la victoria en la batalla de Ituzaingó, de febrero de 1827, arrollando a las fuerzas del general brasileño Abreu, y ganando su ascenso a general. Luchó también en el combate de Camacúa, en el que fue herido en un brazo.

Fuente consultada

https://historiahoy.com.ar/batalla-bacacay-n1611/