HISTORIA
& EFEMÉRIDE
1778
– 25 de febrero – 2026
248º
Aniversario del Natalicio del Gral.
José de San Martín
Héroe de la
independencia americana, libertador de Chile y Perú.
La
singularidad del perfil heroico de José de San Martín viene dada, más que por
sus hazañas exteriores, por la grandeza interior de su carácter. Pocos hombres
públicos pueden exhibir una trayectoria tan limpia en la historia de América:
habiendo alcanzado la máxima gloria militar en las batallas más decisivas,
renunció luego con obstinada coherencia a asumir el poder político,
conformándose con ganar para los pueblos hispanoamericanos la anhelada libertad
por la que luchaban.
Sus
campañas militares cambiaron el signo de la historia americana durante el
proceso de descolonización acaecido a principios del siglo XIX. A su lucidez
estratégica se deben los planteamientos militares que llevarían a la
independencia de Chile y de Perú, centro neurálgico del poderío español cuya
caída conduciría a la de todo el continente. Si luego dejó en manos menos
nobles las extenuantes guerras civiles y partidistas que acabaron por
malbaratar los más bellos sueños de los patriotas, fue por esa misma pureza y
rectitud de principios. Achacoso, postergado y ciego, San Martín moriría
decentemente en su cama, en un remoto rincón de Francia, cargado de honores y
exonerado de toda responsabilidad sobre el destino tortuoso de aquellas amadas
tierras cuya independencia había ganado con el valor de su sable.
Biografía de José Francisco de San Martín y
Matorras
Hijo
de Juan de San Martín, teniente gobernador de Corrientes, y de Gregoria
Matorras, el pequeño José Francisco se crió en el seno de una familia española
que no tardó en preferir volver a su país a quedarse en aquellos turbulentos
estados coloniales. En 1784 pasó con su familia a España; en 1787 ingresó en el
Seminario de Nobles de Madrid, donde aprendió retórica, matemáticas, geografía,
ciencias naturales, francés, latín, dibujo y música.
Dos
años después pidió y obtuvo el ingreso como cadete en el Regimiento de Murcia.
Fue éste el origen de una brillante y vertiginosa carrera militar que tendría
su bautismo de fuego en el sitio de Orán (1791), en la campaña de Melilla;
trece años tenía entonces el futuro libertador.
Más
tarde intervino en las guerras del Rosellón (1793) y de las Naranjas (1801),
mereciendo sucesivos ascensos por su actuación; en 1803 era ya capitán de
infantería en el regimiento de voluntarios de Campo Mayor. Cuando la invasión
napoleónica de la península dio lugar a la Guerra de la Independencia Española
(1808-1814), su arrojo contra los invasores franceses en la batalla de Bailén
(1808) le valdría ser nombrado teniente coronel de caballería.
La emancipación de América
Tras
esta fulgurante carrera en el ejército español, y poco después de estallar la
revolución emancipadora en América, San Martín, que había mantenido contactos
con las logias masónicas que simpatizaban con el movimiento independentista,
reorientó su vida hacia la causa emancipadora. El sentimiento de su identidad
americana y su ideario liberal, desarrollado en el clima espiritual surgido
tras la Revolución Francesa y en la lectura de los enciclopedistas e ilustrados
franceses y españoles, lo determinaron a contribuir a la libertad de su patria.
Inició
así una nueva etapa de su vida que lo convertiría, junto con Simón Bolívar, en
una de las personalidades más destacadas de la guerra de emancipación
americana. Solicitó la baja en el ejército español y marchó primero a Londres
(1811), donde permaneció casi cuatro meses. Allí asistió a las sesiones de la
Gran Reunión Americana, fundada por Francisco de Miranda, que fue la
organización madre de varias otras esparcidas por América con idénticos fines:
la independencia y organización de los pueblos americanos.
Desde
Inglaterra se embarcó hacia Buenos Aires (1812), donde esperaba que su
experiencia militar en numerosas batallas le permitiese rendir excelentes
servicios al ideal que animaba a su país. A causa de sus veintidós años de
servicio en el ejército realista, no fue recibido con entusiasmo por los
dirigentes; pero, ante la debilidad militar del movimiento patriota, la Junta
gubernativa le confirmó en su rango de teniente coronel de caballería y le
encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, al frente del
cual obtendría la victoria en el combate de San Lorenzo (3 de febrero de 1813).
El
mismo año de su llegada había conocido en una tertulia política a la que sería
su esposa y compañera, doña María Remedios de Escalada, con quien contrajo
matrimonio enseguida, el 19 de septiembre, en la catedral porteña. En 1813
renunció a la jefatura del Ejército de Buenos Aires, y en 1814 aceptó sustituir
a Manuel Belgrano al frente del Ejército del Alto Perú, maltrecho por sus
derrotas. El duro revés que Belgrano había sufrido en Vilcapugio y Ayohuma a
manos de los realistas cerraba prácticamente las posibilidades de avanzar sobre
Perú, al tiempo que hacía vulnerable esa frontera, cuya custodia encargó a
Martín Miguel de Güemes, caudillo de Salta.
La gesta de los Andes
Incómodo
ante las suspicacias bonaerenses, y de acuerdo con sus compañeros de la logia
Lautaro, José de San Martín pensaba que todos los esfuerzos debían orientarse
hacia la liberación de Perú, principal bastión realista en América. Bloqueada
la ruta del Alto Perú (la actual Bolivia), empezó a madurar su plan de
conquista de Perú desde Chile; con este objetivo obtuvo la gobernación de Cuyo,
lo que le permitió establecerse en Mendoza (1814) y preparar desde allí su
ofensiva.
Mientras
tanto, en Chile, Bernardo O'Higgins y José Miguel Carrera habían unido sus
fuerzas para sostener la estratégica ciudad de Rancagua; con su derrota a manos
de los realistas finalizaba la intentona independentista chilena del periodo
denominado la Patria Vieja (1810-1814). La caída de la Patria Vieja y la
llegada a Mendoza de los refugiados chilenos complicó los planes de San Martín,
que esperaba atacar Perú desde un Chile independiente y aliado; era
prioritario, pues, liberar Chile.
San
Martín decidió apoyarse en O'Higgins, con quien preparó el plan de invasión que
sería aprobado por los gobiernos de Gervasio Antonio de Posadas y de Juan
Martín de Pueyrredón. En Mendoza, durante tres años (1814-1817) y con pobres
recursos, San Martín organizó pacientemente el ejército con la ayuda de la
población de los Andes; a la empresa se sumó también con celo su esposa, doña
Remedios, que entregó sus joyas para aliviar en algo las penurias de los
patriotas. En 1816 esta abnegada mujer dio al general su única hija,
Merceditas, que sería el bálsamo de San Martín en su solitaria vejez.
Finalmente,
en 1817 inició la gran campaña que habría de dar un giro nuevo a la guerra, en
el momento más difícil para la causa americana, cuando la insurrección estaba
vencida en todas partes con excepción de la Argentina. Su objetivo era invadir
Chile cruzando la cordillera de los Andes, y su realización, en sólo
veinticuatro días, constituiría la mayor hazaña militar americana de todos los
tiempos. Superadas las cumbres andinas, el 12 de febrero de 1817 derrotó al
ejército realista al mando del general Marcó del Pont en la cuesta de
Chacabuco, y el 14 entró en Santiago de Chile. La Asamblea constituida proclamó
la independencia del país y le nombró director supremo, cargo que declinó en
favor de O'Higgins.
La liberación de Perú
Pero
esta gran hazaña de San Martín perseguía, como ya se ha indicado, una meta
mucho más ambiciosa, y respondía a la estrategia continental del libertador.
Desde esa perspectiva más amplia, la conquista de Chile era sólo un paso
necesario: San Martín comprendió que para sacudir el yugo español del
continente era preciso conseguir el dominio naval del Pacífico y la ocupación
del virreinato del Perú, verdadero centro del poder realista. El mismo virrey
peruano Pezuela consideró con lucidez la situación creada tras el cruce de los
Andes y la batalla de Chacabuco, señalando que esta campaña "trastornó
enteramente el estado de las cosas, dio a los disidentes puestos cómodos para
dominar el Pacífico y cambió el teatro de la guerra para dominar el poder español
en sus fundamentos."
A
partir de este momento, los esfuerzos de San Martín se centraron en la
organización de la gran escuadra que había de transportar a las tropas
libertadoras a Perú. Viajó a Buenos Aires a fin de solicitar lo necesario para
la campaña; sin embargo, lo que recibió fue la oferta de intervenir
directamente en las disputas internas del país, cosa que rechazó.
A su
regreso a Chile, las fuerzas patriotas fueron derrotadas en Cancha Rayada por
el ejército realista de Mariano Osorio. San Martín reorganizó las
desmoralizadas tropas criollas y venció a Osorio en los llanos de Maipú (5 de
abril de 1818); al término de esta batalla, con la que quedaba asegurada la
libertad chilena, tuvo lugar el célebre abrazo entre San Martín y O'Higgins.
Aún después de destruidos los últimos focos de resistencia española, San Martín
tuvo que vencer tremendos obstáculos: la falta de dinero, las diferencias
políticas y la rivalidad y envidia de sus enemigos; pero los muchos meses
dedicados a la organización de la campaña de Perú acabarían dando su fruto.
Finalizados
los preparativos, la escuadra zarpó de Valparaíso (Chile) el 20 de agosto de
1820, transportando un ejército de 4.500 hombres, y desembarcó en la playa de
Paracas (cerca de Pisco, Perú) el 8 de septiembre. San Martín intentó una
negociación con el virrey Pezuela, y luego con su sucesor, José de la Serna,
con el que se entrevistó el 2 de junio de 1821: el libertador expuso allí su
oferta de un arreglo pacífico, que incluía la independencia de Perú y la
implantación de un régimen monárquico con un rey español, ofreciendo a La Serna
la regencia interina. Fracasadas las negociaciones, San Martín ocupó Lima y
proclamó solemnemente la independencia (28 de julio), pese a que el ejército
realista aún controlaba gran parte del territorio virreinal.
Nombrado
Protector de Perú, mientras enviados suyos gestionaban en las Cortes europeas
el establecimiento de una monarquía, la incertidumbre de su situación militar
contrastaba con la consolidación de Simón Bolívar en la Gran Colombia y la
total liberación de Quito tras la Batalla de Pichincha. Hostilizado por los
españoles que se habían hecho fuertes en las montañas, con su ejército
desgastado por la prolongada campaña y con su poder minado por las disensiones
entre los patriotas, San Martín hubo de sostener una lucha constante.
La
ocupación de Guayaquil, ciudad reivindicada por Perú, fue el motivo inmediato
de su célebre entrevista con Simón Bolívar (julio de 1822), en la que había de
tratarse el futuro del continente y cuyo contenido exacto es aún objeto de
múltiples discusiones, pero que sin duda debió de desalentar a San Martín; nada
más regresar a Lima, y ante la creciente oposición peruana a su política,
convocó el Congreso y presentó la renuncia a su cargo de Protector (20 de
septiembre de 1822), dos años antes de que la victoria de Ayacucho pusiera fin
definitivamente a la dominación española en Perú y en todo el continente.
El retiro
San
Martín había decidido retirarse; consideraba cumplido su deber de liberar a los
pueblos y no quiso participar en las luchas intestinas por el poder. En octubre
de 1822 llegó a Chile; en verano de 1823 cruzó los Andes y pasó a Mendoza con
la idea de establecerse allí, apartado de la vida pública. Pero las muchas
críticas adversas que le atribuían aspiraciones de mando y el fallecimiento de
su esposa lo determinaron a partir en febrero de 1824 rumbo a Europa,
acompañado por su hija Merceditas, que en esa época tenía siete años.
Residió
un tiempo en Gran Bretaña y de allí se trasladó a Bruselas (Bélgica), donde
vivió modestamente; su menguada renta apenas le alcanzaba para pagar el colegio
de Mercedes. Hacia 1827 se deterioró su salud, resentida por el reumatismo, y
su situación económica: las rentas apenas le llegaban para su manutención.
Durante esos años en Europa arrastró además una incurable nostalgia de su
patria.
Su
última tentativa de regreso tuvo lugar en 1829. Dos años antes había ofrecido
sus servicios a las autoridades argentinas para la guerra contra el Imperio
brasileño; en esta ocasión, embarcó hacia Buenos Aires con la intención de
mediar en el devastador conflicto entre federalistas y centralistas. Sin
embargo, al llegar encontró su patria en tal grado de descomposición por las
luchas fratricidas que desistió de su intento, y, pese a los requerimientos de
algunos amigos, no puso pie en la añorada costa argentina.
Regresó
a Bélgica y en 1831 pasó a París, donde residió junto al Sena, en la finca de
Grand-Bourg. Gracias a la solicitud de su pródigo amigo don Alejandro Aguado,
compañero de armas en España, pudo pasar el postrero tramo de su vida sin
vergonzosas estrecheces. En 1848 se instaló en su definitiva residencia de
Boulogne-sur-Mer (Francia), donde moriría en 1850.
Biografía Consultada
Vida y obra del
General José de San Martín.