martes, 28 de julio de 2020

Domingo Belgrano Pérez

HISTORIA
DON DOMINGO BELGRANO PÉREZ: UN FUERTE COMERCIANTE RIOPLATENSE
por Dra. Norma Noemí Ledesma*
Casa natal de Manuel Belgrano, acuarela de Marina Mugnolo 2020.
Don Domingo Belgrano Pérez, fue un importante comerciante nacido en Oneglia (Italia), que luego de pasar por España se radicó en Buenos Aires en 1751, donde al tiempo contrajo nupcias con María Josefa González Casero, dama de una familia tradicional de Buenos Aires, con sólidas raíces en Santiago del Estero.
Más allá de ser el padre de nuestro prócer, el General Manuel Belgrano, es muy interesante estudiar su actividad comercial, dado que manejaba un amplio circuito, que abarcaba el territorio del Virreinato del Río de la Plata, creado en 1776. El Virreinato comprendía la actual República Argentina, Banda Oriental (actual República del Uruguay), Paraguay, sur del Brasil, Alto Perú (hoy Estado Plurinacional de Bolivia) y norte y sur de Chile. La actividad comercial de Belgrano y Pérez se extendía más allá de este espacio a la Metrópoli y Londres, vía Océano Atlántico, y a través de la Cordillera de los Andes se comunicaba con Chile y desde allí a Lima. También tenía contactos con Lima a través del Alto Perú. A pesar de las dificultades que se presentaban con Río de Janeiro, por rivalidades políticas entre las Coronas de España y Portugal, intentó comerciar con ese mercado, aparentemente sin éxito.
La correspondencia de Belgrano Pérez abarca desde 1765 hasta 1794 y no solo se ocupa de temas comerciales, sino también particulares, etc. Esta correspondencia nos aporta muchos datos acerca de la vida cotidiana. Nosotros nos hemos de ocupar solamente de su actividad como comerciante. A través del análisis de la misma, procuraremos identificar los circuitos comerciales utilizados, las mercaderías y algunas prácticas comerciales, entre otras cosas.
Los Borbones consideraban a América como colonia, debiendo ser proveedora de materias primas y consumidora de productos elaborados provenientes de la Península, con un sistema de pluralidad de puertos y navíos de registro para favorecer el comercio. A diferencia de este, el sistema comercial en la época de los Habsburgos, siglos XVI y XVII, se desarrolló a través de puerto único Sevilla-Cádiz en la Península y Panamá- Portobelo y Veracruz en América. Las mercaderías eran transportadas a través de un sistema de flotas y galeones y llegaba muy poco mercadería de la Península, a excepción de esclavos, hierro de Vizcaya y textiles, estos últimos por sus elevados precios solo podían ser consumidos por la élite.
El Reglamento de Libre Comercio entre España e Indias de 1778 favoreció el comercio hispanoamericano con la Metrópoli, habilitando veinticuatro puertos en América, entre ellos Buenos Aires y Montevideo, y trece puertos en España. Buenos Aires pasó a ser la puerta de entrada de la mercadería ingresada desde la Península, denominada “efectos de Castilla” (aunque también abarcaba productos de otras partes de Europa), y de salida de los “efectos de la tierra”. Por el puerto de Buenos Aires, se traían productos elaborados de España y salían materias primas. Buenos Aires también funcionaba como centro redistribuidor al resto del Virreinato del Río de la Plata. Inclusive esta mercadería llegaba a Chile y en algunas oportunidades hasta Lima, más allá que contara con su propio puerto de El Callao.
Con la habilitación del puerto de Buenos Aires esta ciudad, que tradicionalmente había sido la vía del contrabando anglolusitano, se convirtió en una de las vías del comercio legal hispanocolonial para esta parte de la América del Sur. Recordemos que la creación del Virreinato de Buenos Aires en 1776 obedeció a causas internas tales como las dificultades de ejercer un buen gobierno desde Lima, y externas, el expansionismo portugués que aspiraba a alcanzar la Cuenca del Plata y el inglés, francés y holandés, que amenazaba la Patagonia y el Atlántico Sur. Buenos Aires pasó a ser la capital de este Virreinato, adquiriendo un rango político y económico sumamente importante, que aumentó la tradicional rivalidad que sostenía con Lima, capital del Virreinato del Perú. En este marco histórico fue en el que Belgrano Pérez desarrolló su actividad.
Tenemos que tener en cuenta que las más grandes fortunas en el Río de la Plata en las postrimerías del período colonial estaban en manos de los que se dedicaban al comercio. Posteriormente, a raíz de la Revolución de Mayo y la Guerra de la Independencia, con todos los cambios políticos y económicos que ello significó, la riqueza pasó a estar en manos de estancieros y hacendados.
Circuitos comerciales
Procuraremos reconstruir los circuitos comerciales a través de la correspondencia de Belgrano Pérez. En primer lugar, advertimos una verdadera red que unía a Belgrano Pérez con comerciantes ubicados en las distintas ciudades o bien, cuando la importancia del comercio lo exigía, como en el caso de Potosí, José Gregorio, uno de sus hijos, era quien se ocupaba junto a un consignatario.
Además las distintas mercaderías que circulaban en este espacio nos remiten a la economía regional. Al tiempo, que nos ofrecen un panorama de la vida cotidiana de la época, a través de los productos que consumían.
Advertimos diversos circuitos en el ámbito del virreinato: Litoral, Paraguay y Banda Oriental; Cuyo y de allí a Chile; Córdoba y las “Provincias de Arriba” (Tucumán, Santiago del Estero, Salta y Jujuy) y Potosí en el Alto Perú. Advertimos que no solo introducía la mercadería proveniente de la Península, sino que actuaba como “redistribuidor” de las mercancías regionales en el ámbito virreinal. De Mendoza pasaba a Chile y también tenía tratos comerciales con Lima. Es decir, que trascendía las fronteras del Virreinato.
Del Litoral recibía cueros, lana y jerga entre otros artículos. Pedro Tuella en carta a Belgrano Pérez, fechada en Rosario el 2 de octubre de 1784, se refería al envío de trescientos veinte cueros, quinientas noventa varas de jerga y tres fanegas de lentejas. Por su parte, le solicitaba dos piezas de lino, una de bramante, una de ruán, una docena de bretañas, alguna pieza de camellón de buen color o dos piezas de calamacos, angaripolas, listonería en colores enteros, pañuelos de colores de seda, hilo y algodón (menos azules porque tenía bastantes), etc. Le comunicaba que, si bien no se encontraba con dinero por haber comprado 50 tercios de yerba, se comprometía a abonarle lo más pronto posible. Esta correspondencia es muy interesante, no solo porque nos permite conocer cuáles eran los artículos que circulaban, sino también las prácticas comerciales.
Una carta de Isidro Fernández a Belgrano Pérez, fechada en San Nicolás el 8 de octubre de 1787, se refería a la compra por parte de Cortina, de algunos cueros y lana siguiendo sus instrucciones y esperaba a fin de mes o a principios del próximo mandar una carretada de cueros y alguna lana. Asimismo, le solicitaba que le enviara la imagen de la Virgen del Rosario, encargándole que la consiguiera de los cofrades. El culto a la Virgen del Rosario gozaba de mucha estima en el Río de la Plata.
Por otra parte, contaba con estancias en la Banda Oriental, a cargo de mayordomos, con un apoderado que manejaba sus negocios. Estas producían cueros que eran embarcados desde Montevideo a Buenos Aires, para dirigirlos finalmente a España. Con respecto al Paraguay, en carta de Pedro García de Tagle, fechada en Asunción el 13 de diciembre de 1790, le informaba acerca de los inconvenientes que se presentaban para poder cobrar el dinero de los alquileres. Por su parte, Bernavé González Bueno, en carta de la misma fecha y lugar, le informaba sobre su buena voluntad para pagar la deuda pendiente, por lo cual se había comunicado con García de Tagle. Esperaba pagar parte de la deuda con la venta de la yerba mate que le enviara a Buenos Aires.
Córdoba funcionaba, por su ubicación geográfica, como centro redistribuidor para las “Provincias de Arriba” y la zona de Cuyo de los productos provenientes del Litoral. Como dato curioso, el Doctor Pedro Joseph Gutiérrez en carta del 8 de enero de 1776 a Domingo Belgrano Pérez se refería a la solicitud de este, a través de un amigo en común llamado Maciel, de estiércol de Guaycho (Huaycho- Perú). Este se comprometía a enviárselo a la brevedad. Ello nos habla de la extensión de este circuito.
Uno de los productos americanos más preciados en Europa era la lana de vicuña. Belgrano Pérez la traía de Jujuy. En carta de Andrés Surlin a Belgrano Pérez, fechada en Jujuy el 23 de noviembre de 1777, le informaba que se ocuparía de registrar vellón por vellón y examinar su color y calidad, para que este no perdiera plata ni tiempo. Otras veces recibía la lana de vicuña de Córdoba, donde su contacto comercial la traía de las provincias del norte, según consta en carta de Manuel Antonio de Arze a Belgrano Pérez y su socio Bernardo Gregorio de las Heras, fechada en Córdoba el 6 de febrero de 1778. Recibía de Córdoba carretadas de cal, cueros de novillo y de vaca y artículos textiles.
Dentro de los artículos textiles provenientes de Córdoba, que aparecen en la correspondencia, encontramos fundamentalmente “telas de lana” y ponchos: “frezadas” ordinarias, de mejor calidad y de caracol; cortes de sayal de cordoncillo; cortes de rayalete; pellones ordinarios (negros y azules), ponchos ordinarios (caris, negros, azules y colorados); ponchos de mejor calidad de laborcitas (negros, azules, caris); ponchos santiagueños “de palo”, sobrecamas ordinarias; chuze grande. También figuran rollos de lienzo.
A modo de ejemplo, en carta fechada en Córdoba el 6 de noviembre de 1779, Bernabé Gregorio de las Heras le informaba que José Antonio Therán le envió de una testamentaría cuarenta y tres fardos de a treinta ponchillos ordinarios surtidos y doscientos de los de “a pala” santiagueños, los cuales remitiría no bien resolviera algunas dificultades con el flete, que se realizaba a través de carretas. El carretero Almada no podía salir debido a las excesivas lluvias.
Belgrano Pérez enviaba “artículos de ultramar” a Córdoba. A modo de ejemplo, José Domingo Frías en carta fechada en Córdoba el 28 de abril de 1778, le solicitaba a la mayor brevedad posible que le enviara diez varas de terciopelo negro de Italia “el mejor de tres pelos” y diez varas de tafetán doble morado.
Las “Provincias de Arriba” estaban en estrecha relación entre ellas y también con Potosí. Prueba de ello, es una carta de Manuel Toribio de Taviedes, fechada en Salta el 24 de abril de 1778, dirigida a Belgrano Pérez. Le informaba que su patrón, Josef Pérez, se encontraba en Potosí con treinta y más varas de “ropa de la tierra” azul y no la podía vender por la abundancia que había en ese mercado, por lo cual le preguntaba si podía enviársela a Belgrano Pérez.
Francisco Iñares, en carta, fechada en Salta el 24 de diciembre de 1778, le comunicaba, entre otros asuntos, acerca del cobro a varios deudores por transacciones comerciales. Inclusive le mencionaba que Domingo Rodríguez había pagado los 600 pesos según le informaba Miguel Viana, desde Tucumán. Existía una comunicación epistolar entre las diferentes ciudades. Por otra parte, también le manifestaba que había enviado a Bernardo de las Heras, ocho tercios cuyo precio era de 4 reales. Se comprometía a enviarle en el próximo año doce mil o más varas de lienzo fino.
Mantuvo correspondencia con Pedro Espínola de Mendoza, a quien le enviaba yerba y “efectos de Castilla” y recibía a cambio fruta (peras y membrillo) y botijas de vino. El comercio con Chile en esa época era fluido, a pesar de los inconvenientes que representaba el paso de la Cordillera, suspendiéndose en época invernal.
Belgrano Pérez tenía uno de sus hijos, José Gregorio, establecido en Potosí, encargado de comerciar siguiendo las instrucciones de su padre. Recordemos que Potosí fue el centro minero por excelencia, donde se extraía la plata, que se enviaba a la Metrópoli. Antes de ocuparnos de la actividad de José Gregorio mencionamos la existencia de una carta de Ramón de Ballibián, fechada en la Paz el 7 de agosto de 1784, dirigida a Belgrano Pérez. Se refería a los 3.217 pesos que Severino San Martín envió desde Potosí a Belgrano Pérez, pertenecientes a Juan Bautista de Garate, vecino de Lima. Por otra parte, le solicitaba artículos textiles dado que se encontraban en escasez y por lo tanto eran muy estimados. En la carta hacía mención a una lista en la que se detallaban los artículos y el precio en esa plaza, que lamentablemente no se conservó. A su vez, le solicitaba noticias sobre la plaza de Buenos Aires. Debería entregar esos artículos en Potosí a Phelipe Porsel, el Administrador de Correos, y en La Paz a Christobal Manuel de los Barrios, su asistente. Desconocemos si esta transacción comercial se pudo realizar.
Retomando el hilo de nuestra exposición, Potosí fue en los siglos XVI y XVII el eje de un amplio circuito comercial, que se extendía desde Quito hasta el Río de la Plata, proveyendo a esta ciudad de todo tipo de productos: ganado, trigo, telas, etc., a cambio de la plata que se extraía del Cerro de Potosí y circulaba en forma de moneda. En el siglo XVIII, cayó en parte la producción de plata potosina, reduciéndose su riqueza y población. Sin embargo, continuó siendo relevante desde el punto de vista económico a nivel regional, un excelente mercado para la producción proveniente de la Península y para la producción regional, destacándose la mular. Por lo tanto, la presencia de su hijo José Gregorio en esa ciudad demostraba el interés que despertaba en un rico comerciante de la época, como era Belgrano Pérez, ese mercado. También contaba con un apoderado, Pedro Antonio de Zavalía.
La correspondencia que mantenía José Gregorio con su padre es muy interesante, entre otras cosas, porque aporta datos de su hermano, Manuel, y de su primo, Juan José Castelli. En carta fechada en Potosí el 16 de agosto de 1784, le informaba que le había enviado los seis pañuelos de vicuña que le había pedido su hermano Manuelito desde España, les puso granos de pimienta para que no se apolillaran, con un costo de flete de 50 pesos. Este es un dato curioso que demuestra el interés de Manuel Belgrano, por entonces un joven estudiante en España, por tener pañuelos de vicuña. Sus precios eran tan elevados en Europa que solamente estaban al alcance de la realeza y la nobleza.
En carta de José Gregorio a su padre, fechada en Plata, 16 de noviembre de 1786, además de informarle que le iba a enviar 1.750 pesos en esos días por libramiento que le remitiera Martín Marquiegui, le manifestaba que no podía informarle sobre los negocios porque Zavalía no lo tenía al tanto. Por otra parte, le comunicaba que se quedaría unos pocos días en La Plata, antes de regresar a Potosí, porque Juan José Castelli, su primo, estaba por recibir el grado de doctor en leyes y le había suplicado que lo acompañara en ese acontecimiento.
En carta, fechada en Potosí el 16 de enero de 1787, se quejaba por su mal estado de salud debido a lo mal que le sentaba la sierra, lo que hacía que deseara salir de esos países antes de dejar sus huesos allí. Acerca de Castelli mencionaba que había salido con todo lucimiento en sus exámenes, siendo aplaudido por su gran talento. En otra carta, que analizaremos luego, le brindaba más noticias acerca de su primo.
Lima y Chile
José Gregorio y Pedro Antonio de Zavalía no solo se ocupaban del comercio en el Alto Perú, sino que también tenían tratos con comerciantes que vendían la mercadería en Lima.
José Gregorio y Pedro Antonio de Zavalía escribieron una carta a Belgrano Pérez, fechada en Potosí el 16 de enero de 1787, acerca de diversos asuntos de negocios. Habían vendido a Francisco Sánchez por dictamen de Ozamiz, 17.964 pesos 7/8 reales, que habría de pagar a los 18 meses de la fecha. Si bien el plazo era largo, no podía ser menor porque obtendría el dinero al vender la mercadería en Potosí. Sánchez era un mozo de 6.000 a 8.000 pesos de principal y contaba con la confianza de Ozamis. Por otra parte, Miguel de Olañeta debería pagar 5.099 pesos 3 3/8 reales en un año, siendo sus garantes Balenzategui y Segurola. Además, algunos comerciantes tenían deudas pendientes que deberían ser cubiertas. Estos datos nos hablan de las prácticas comerciales vigentes en esa época. Por otra parte, comentaban que contaban con cintas de tisú a 6 pesos la vara y otras patito y lazón, que no sabían si podrían ser vendidas a ese precio, pues no eran del gusto de esas gentes. El atender a los gustos de las distintas poblaciones es fundamental en el comercio.
Además de informarle de manera detallada sobre diferentes cuentas, le comunicaban que consideraron que los efectos existentes en Lima sería mejor venderlos en Potosí, por la abundancia de mercadería que había en aquella capital. Por lo cual ordenaron a Juan Bauptista Garatte que remitiera a Arica a poder de Paulino Tapia, para que este a su vez los dirigiera a Potosí. Los gastos serían de 8 pesos o quizá menos, incluso con los Reales Derechos. Como detalle de color mencionamos que le solicitan que les enviara medias de lana de 2º, punto de aguja de rayas negras y blancas, dado que se vendían a 2 reales el par.
Esta carta nos brinda una gran cantidad de datos, porque nos habla del alcance del circuito textil. Buenos Aires era la entrada de la “ropa de Castilla”, que no solamente se vendía en el Virreinato del Río de la Plata, sino que también llegaba a Lima. En el caso de Lima, era muy limitada la entrada de mercaderías vía Buenos Aires porque fundamentalmente se proveía por su puerto de El Callao, vía Océano Pacífico. Observamos asimismo la sobreabundancia de textiles importados, lo que provocaba que los precios bajaran. Las sumas de dinero mencionadas en esta carta, si bien los pagos se realizaban a largo plazo, nos hablan de la importancia de los intereses económicos de Belgrano Pérez en el Alto Perú.
En la misma carta también se refería acerca de los gastos que tuvo Juan José Castelli en esa villa de Potosí. Advertía a Joaquín Terreros, esposo de su madre, quien se hacía cargo de sus gastos, que las personas a quienes había encargado asistirlo con dinero no lo hicieron, manejándose con suma frialdad. Por lo cual ellos se vieron obligados a pedirle a Ignacio de Arontegui, (deducimos que era un comerciante local), que se ocupara de los mismos y por ello le remitieron la cuenta correspondiente. Advertimos que, a través de esta correspondencia y de la personal de Belgrano Pérez, cuando los jóvenes de la élite se encontraban solos en destinos alejados, los amigos o conocidos de sus padres los asistían en sus necesidades y se comunicaban con ellos refiriéndose a aspectos puntuales, tales como su conducta.
Por otra parte, Belgrano Pérez no solo tenía contactos con Lima, a través de su hijo y su apoderado en Potosí, como mencionáramos ut supra. En otras ocasiones se comunicaba directamente con comerciantes altoperuanos o con el comerciante limeño Juan Bautista de Garate. En carta de Ramón Ballivián a este, fechada en La Paz el 7 de agosto de 1784, le informaba acerca de la escasez de géneros en la región, enviándole una lista para que le remitiera los que necesitaba, comprometiéndose a enviar la plata.
Le solicitaba que fueran enfardados para evitar deterioros. Los debía entregar en Potosí a Phelipe Porsel, Administrador de Correos, y de allí a La Paz, donde los recibiría su asistente Cristóbal Manuel de los Barrios. En la misma carta le informaba que Pedro Severino San Martín había dirigido desde Potosí 3.217 pesos pertenecientes a Juan Bautista Garate, vecino de Lima, para serles entregados a Belgrano Pérez.
En carta de Juan Bautista de Garate a Belgrano Pérez, fechada en Lima el 16 de julio de 1786. Le informaba acerca de las dificultades para vender los efectos que este le había remitido dado la abundancia de los mismos en ese mercado. Incluía libramiento de 3.000 pesos dado por el Real Tribunal del Consulado de Lima contra su apoderado, Thomas Peña, a favor suyo. Este dinero iba a cuenta de las mercaderías que había vendido y cobrado de sus pertenencias. Se los dejó cargados en cuenta con más del 1% que tuvo que pagar. Este envío incluía el importe de las hojas de lata y consideraba que poco quedaba para cobrar del resto de lo vendido.
Hacía referencia a los acreedores de la quiebra de Antonio Estapar, en que estaba interesado José Gregorio. Los acreedores habían convenido en seguir juicios. Por otra parte, José Gregorio le había vendido tres pares de vuelos de encajes, dos a 35 pesos y uno a 25 pesos, y un pedazo de encaje de sobre puesto a 4 pesos por 9 varas.
Asimismo, le informaba que habían llegado seis navíos de los que salieron de Cádiz, a fin del año anterior, siendo el último La Caridad, que llegó el 27 de junio sin más novedad que haber sido un largo viaje con seis muertos y treinta enfermos. Se esperaba la llegada de El Vigilante, que había salido junto a este y se suponía que arribaría a Chile y otro que se dirigía a Chile, del cual no se tenían noticias. Las condiciones de la navegación eran muy difíciles en esos tiempos.
También mantenía correspondencia con comerciantes chilenos. Justo de los Ríos, en carta fechada en Santiago de Chile el 12 de septiembre de 1785, se refería a una cantidad de dinero que le adeudaba y que pronto saldaría. Además, mencionaba un dato que nos resulta curioso. Le comunicaba que los elementos de botica que Belgrano Pérez le había remitido, no los había podido vender debido a que todos los boticarios estaban bien provistos y además muchos medicamentos no se adaptaban a ese país. A lo cual se sumaba el hecho que otros se producían en ese reino, por lo cual eran más baratos que los que provenían de España.
En una carta de Matheo Díaz Saravia, fechada en Santiago de Chile el 5 de mayo de 1786, le comentaba, entre otros asuntos, que en la situación del giro en esa plaza era miserable y peor en Lima, donde había quiebras todos los días y que todo ello se debía a la situación problemática de Cádiz. Le hacía mención de la llegada de los negros que este le enviara a su cuñado, entre los cuales estaba una negrita remitida por Calderón, yerno de Belgrano Pérez, con destino a Lima. Se iba a poner a hacer las diligencias necesarias para gestionar su viaje a Lima.
En una carta posterior, del 11 de agosto del mismo año, le comunicaba que Calderón le había escrito despidiéndose de él dado que emprendería viaje a España con sus “cuñaditos” (Manuel y Francisco). También le informaba que la “negrita” Teresa había viajado hasta Lima, para ser recibida por Antonio Calonge y le informaba que significó un gasto de 8 pesos, 3 y medio reales del derecho de salida cobrado en esa aduana. Por otra parte, sabemos a cuánto se vendió esta esclava en Lima, por la carta de Juan Bautista de Garate a Belgrano Pérez, del 16 de julio de 1786, que anteriormente citáramos. En ella, acompañaba un libramiento dado por el Real Tribunal del Consulado de 343 pesos 6 reales a favor de su yerno, José María Calderón de la Barca, pagados por Antonio Calonge por la esclava que le remitiera.
Nos sorprende el itinerario de esta esclava, que vía Buenos Aires llegó hasta Lima. Más allá de esto son muy pocas las referencias que encontramos en su correspondencia acerca de este tipo de tráfico, por lo cual deducimos que lo hacía circunstancialmente. Posteriores investigaciones podrán aclarar su verdadera dimensión.
Comercio de ultramar
El comercio de ultramar que desarrolló Belgrano Pérez comprendía como destino fundamentalmente a la Península, a través del puerto de Cádiz e inclusive al de La Coruña y muy esporádicamente Londres, vía Cádiz. Existen también dos testimonios acerca del comercio con el Brasil, que nos muestran distintas realidades.
Con respecto al comercio que mantenía con Cádiz, una carta de Nicolás Moreau, fechada en Cádiz el 23 de mayo de 1785, nos proporciona datos de interés. Le informaba que según sus órdenes había empleado el neto producto de la lana de vicuña en la compra de géneros. Es decir, que el producto de la venta de la lana de vicuña que llegaba a la Metrópoli se utilizaba en comprar textiles. Le enviaba piezas de tafetanes, medias y listonería. Le informaba que se rumoreaba que iba a imponerse un derecho de alcabala del 10 %, además de los impuestos que ya se pagaban. Por otra parte, la lencería había aumentado de 12 a 15 pesos oro en las fábricas, particularmente la de Alemania. Además, se había prohibido la salida de la lana de América para los Reinos Extranjeros, en función de fomentar la industria de la Península. Esto provocaría que la lana de vicuña bajara su precio por tener como única salida las fábricas de España. La cuenta de renta de las 17 sacas de lana de vicuña que le había enviado representaba 57.116 y 14 cuartos. No se podía conseguir rebaja en el seguro, ya que en los casos que los asegurados apelaron habían sido sentenciados a pagar el premio estipulado en la póliza. Por otra parte, la escasez de lino y cáñamo debido a la sequía provocó un aumento en la lencería.
Gracias al Reglamento de Comercio Libre entre España e Indias, sancionado en 1778, que permitió la apertura de puertos en España y América, Belgrano Pérez pudo comerciar con La Coruña. En carta de Manuel Nicolás de Acha, dirigida a este, fechada en La Coruña el 14 de agosto de 1784, le informaba que le había resultado imposible a causa de sus quehaceres cumplir con parte de sus encargos y prometía hacerlo próximamente.
Por otra parte, encontramos cuentas de efectos remitidos por Hananel y Jacob Mendez Da Costa a Belgrano Pérez, desde Londres en 1784. Uno de esos envíos del 20 de septiembre de ese año constaba de: 3 fardos con 50 piezas sempiternas, 40 piezas de anascotes y 30 granillas, cargadas en el navío inglés San Carlos del Capitán Thomas, que pasó a Cádiz a consignar a los señores Viene Larue e hijo y Desbartez, como consignatario de Belgrano Pérez. Los colores de estas telas eran variados: rosa seco, celeste Japón, celeste claro, azul Japón, azul turquí, canario, verde pino, verde manzana, príncipe, vede esmeralda, negro, grano, carmesí y clavelina.
Con respecto al Brasil, en carta de Joseph de Molina a Domingo Pérez, fechada en Río Grande el 22 de abril de 1767, le devolvía una libranza de 903 pesos a través de Franscisco Fá. Dado que este hombre había llegado a esa ciudad con muy pocos objetos, diciendo que los había vendido todos en Montevideo y Maldonado. Advertimos que existía familiaridad entre Joseph de Molina y Belgrano Pérez, dado que lo trata de compadre y envía saludos para su comadre. Este es el único testimonio que encontramos del comercio con Río Grande. Recordemos que Río Grande fue un territorio en disputa entre la Corona Española y la Portuguesa.
Con respecto a Río de Janeiro, en una carta de Bruno Francisco Pereyra a Belgrano Pérez, fechada en Río de Janeiro el 14 de enero de 1781, le narraba los contratiempos que tenía para realizar negocios en Brasil, por lo cual le solicitaba cancelar la escritura y poderes que este le había otorgado. El Virrey del Brasil impidió que pudieran concretarse los negocios y ni siquiera permitió que él y el apoderado de Belgrano Pérez, Juan Peña, pudieran pasar a Bahía. Por lo cual, le entregó todo el dinero que Belgrano Pérez le había otorgado a Francisco Peña y canceló la escritura de compañía que tenía con este. Frente a esta situación desfavorable decidió trasladarse a Lisboa.
En una carta de Joseph de Molina a Belgrano Pérez, fechada en Montevideo el 29 de septiembre de 1781, le comunicaba que había partido su dependiente Francisco de la Peña Fernández, llevando carta para Santa Fhla y Riogsse, y que desde allí se dirigirían al Janeiro si fuera necesario, esperando que tuviera éxito en sus negocios. No hay informaciones ulteriores al respecto.
A modo de conclusión
Este trabajo nos muestra la actividad de Don Domingo Belgrano Pérez, un importante comerciante de fines del Siglo XVIII, particularmente destacado por haber sido el padre de nuestro prócer, el General Manuel Belgrano. Al margen de ello, consideramos relevante el análisis de su correspondencia comercial porque se trataba de uno de los principales comerciantes de Buenos Aires, que manejaba todo el circuito comercial del Virreinato del Río de la Plata, con conexiones ultramarinas con la Península. Inclusive, como vimos, tuvo contactos con otras plazas como Lima y Chile.
La crisis del Imperio Hispanoamericano, que dio lugar al proceso de Revolución e Independencia, en el cual el General Manuel Belgrano se destacó como uno de los Grandes Próceres de la Independencia Americana, junto a José de San Martín, Simón Bolívar y George Washington, llevó a la desintegración política del espacio del antiguo Virreinato del Río de la Plata. El ideal de Unidad Continental, presente en la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica, sostenido por San Martín, Belgrano y Güemes, entre otros, no se pudo concretar. Surgieron las actuales Repúblicas: Argentina, del Uruguay, Paraguay y Estado Plurinacional de Bolivia. Los antiguos circuitos comerciales se desarticularon debido a la Guerra de la Independencia, primero, y posteriormente por las Guerras Civiles.
El papel del puerto de Buenos Aires, como puerta de entrada de la mercadería de Castilla y salida de los productos regionales, se ve claramente en este trabajo a través de la actividad de Don Domingo Belgrano Pérez.
Manuel Belgrano en su Autobiografía hizo referencia a la actividad de su padre en estos términos: “La ocupación de mi padre fue la de comerciante y como le tocó el tiempo del monopolio, adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus hijos la mejor educación de aquella época”. En su actuación, como Secretario Perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires (1794-1810), se ocupó de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio (interno y externo). Enemigo del monopolio, nos transmitió su impresión con respecto a los miembros del Consulado:
“No puedo decir bastante mi sorpresa cuando conocí a los hombres nombrados por el rey para la Junta, que había de tratar de agricultura, industria y comercio y propender a la felicidad de las Provincias que componían el Virreinato de Buenos Aires: todos eran comerciantes españoles, exceptuando uno que otro, nada sabían más que su comercio monopolista, a saber, comprar por cuatro para vender por ocho con toda seguridad”.
Más allá de ello, consideramos necesario destacar que toda esta información que manejaba Domingo Belgrano Pérez acerca de la economía del Virreinato del Río de la Plata, por el tipo de trato cercano que mantuvo con sus hijos, como se advierte en su correspondencia particular, también de alguna manera la transmitió al joven Manuel. Es decir que Manuel Belgrano cuando en 1794 asumió como Secretario Perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires, no solo contaba con una sólida formación teórica adquirida en España, por sus estudios en leyes y su interés por una ciencia nueva, la Economía Política, sino que también tenía un cierto conocimiento previo de tipo práctico de la actividad económica del Río de la Plata.
Recordemos que, obedeciendo al requerimiento del Secretario de Hacienda, Diego de Gardoqui, de mayo de 1795, se puso en contacto con los diputados del Consulado en las distintas ciudades virreinales, solicitándoles información acerca de la geografía, población, actividades económicas, etc. En base a ello, elaboró informes que envió a la Secretaría de la Balanza. Mantuvo durante todo su desempeño como Secretario del Real Consulado, una nutrida correspondencia con los diputados de los Pueblos (es decir de las ciudades). El acopio de esta información y las relaciones establecidas con los diputados de las distintas ciudades del Virreinato, le fueron sumamente útiles cuando se desempeñó como General de los Ejércitos en la Guerra de la Independencia Americana.
* Investigadora del Instituto Nacional Belgraniano.
Fuente: Instituto Belgraniano Nacional