jueves, 15 de enero de 2026

Sarmiento y Rosas

HISTORIA

DOS MIRADAS OPUESTAS SOBRE LA ARGENTINA

La historia oficial ha intentado presentar a Domingo Faustino Sarmiento como el paradigma de la civilización y a Juan Manuel de Rosas como la encarnación del atraso y la barbarie.

Sin embargo, cuando se analizan con atención la conducta y el pensamiento de ambos frente a cuestiones centrales de la vida argentina, el relato escolar comienza a resquebrajarse. No se trata de una discusión moral abstracta, sino de modelos de país enfrentados, de intereses sociales antagónicos y de una disputa política que luego fue reescrita como “historia”.

Sarmiento no fue un observador imparcial de Rosas: fue su enemigo político, su adversario ideológico y su derrotado cultural. Escribió para destruir, no para comprender. Y cuando el tiempo lo obligó a gobernar, administrar y convivir con la realidad que antes negaba, comenzó a desdecirse. Esa oscilación no es madurez intelectual: es la prueba de que la demonización previa fue un instrumento de guerra política.

LA CUESTIÓN INDÍGENA: ENTRE EL DESPRECIO Y LA INTEGRACIÓN

Respecto de la cuestión indígena, Rosas aplicó políticas concretas de integración y asistencia. Entre ellas, introdujo la vacuna antivariólica para combatir la viruela, una medida sanitaria inédita para poblaciones sistemáticamente abandonadas por los gobiernos ilustrados. Esta acción le valió ser designado miembro honorario de la Sociedad Real Jenneriana de Londres, institución fundada en homenaje al doctor Edward Jenner, inventor de la vacuna contra la viruela.

Sarmiento, en cambio, no ocultó jamás su desprecio racial y cultural hacia los pueblos originarios. En 1844 escribía sin ambigüedades:

"Por los salvajes de América, siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar" (El Progreso, 27/9/1844)

Aquí no hay tergiversación posible: es desprecio explícito, escrito y publicado.

SOBERANÍA TERRITORIAL: DEFENDER O DESPRECIAR EL TERRITORIO

En materia de soberanía territorial, Rosas impulsó la integración efectiva del territorio nacional mediante campañas que consolidaron la frontera sur y dieron origen a poblaciones que luego serían ciudades como Junín, 25 de Mayo y Bahía Blanca, además de enfrentar con firmeza las agresiones imperiales de Francia e Inglaterra, defendiendo la integridad nacional cuando pocos estaban dispuestos a hacerlo.

Sarmiento, por el contrario, despreciaba abiertamente vastas regiones del país. Sobre la Patagonia afirmaba:

"La Patagonia austral es una tierra desértica, frígida e inútil. No vale la pena gastar un barril de pólvora en su defensa" (El Nacional, 19/7/1878)

Una concepción colonial del territorio: lo que no servía al proyecto del puerto no merecía existir.

POLÍTICA ECONÓMICA: PROTECCIONISMO O ENTREGA

En el plano económico, Rosas aplicó una política claramente proteccionista mediante la Ley de Aduanas del 18 de noviembre de 1835, que estableció aranceles y prohibiciones para proteger a las industrias locales frente al aluvión de productos importados.

Sarmiento, en cambio, fue un defensor doctrinario del librecambio:

"La protección de las industrias nacionales es un medio inocente de robar dinero al vuelo, arruinando al consumidor"

La “civilización” significaba dependencia económica.

EDUCACIÓN Y CIVILIZACIÓN: EL MITO SARMIENTINO

La exaltación de Sarmiento como “padre de la educación” suele ocultar que su proyecto educativo estuvo pensado para europeizar, homogeneizar y disciplinar, no para integrar al criollo, al gaucho o al indígena como sujetos históricos propios.

La escuela sarmientina fue una herramienta de reemplazo cultural.

LO QUE SARMIENTO NO ENTENDÍA: LA LEALTAD POPULAR A ROSAS

Incluso Sarmiento dejó testimonio de algo que nunca pudo explicar:

"Qué misterios de la naturaleza humana. Qué terribles lecciones para los pueblos..." (texto completo conservado)

La adhesión popular no encajaba en su esquema.

FACUNDO: LITERATURA DE COMBATE, NO HISTORIA

Facundo no fue escrito como historia sino como propaganda política. Su objetivo fue desacreditar a Rosas, justificar su derrocamiento y legitimar la intervención extranjera. El propio Sarmiento admitió las “inexactitudes” deliberadas y el carácter militante de la obra.

No analiza procesos: construye monstruos. No explica la realidad argentina: la condena.

ROSAS ANTE FACUNDO: CUANDO EL ATACADO ENTIENDE MEJOR QUE EL CRÍTICO

Rosas comprendió inmediatamente el sentido del libro. Dijo:

“El libro del loco Sarmiento es de lo mejor que se ha escrito contra mí: así es cómo se ataca, señor; así es cómo se ataca; ya verá usted cómo nadie me defiende tan bien, señor”.

(Adolfo Saldías)

Rosas entendió que la exageración se volvía en contra del autor.

ROSAS EN SUS PROPIAS PALABRAS: ORDEN, LEY Y REPRESENTACIÓN

Lejos del déspota caricaturizado, Rosas expresó con claridad su concepción política:

“El gobierno no es un derecho personal, sino una carga pública que debe ejercerse conforme a la voluntad y al interés general del pueblo.”

Y sostuvo:

“Jamás he querido otra cosa que sostener el orden, la independencia y las instituciones que el pueblo me ha confiado.”

Incluso en el exilio:

“He servido a mi país según mi conciencia y conforme a las leyes que me fueron confiadas.”

No habla un tirano caprichoso, sino un gobernante consciente de la delegación del poder.

LAS “INEXACTITUDES” CONFESADAS DE SARMIENTO

Sarmiento reconoció haber mentido:

“Remito a usted un ejemplar del Facundo... obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio a veces...” (Carta a José María Paz, 22/12/1845)

“Si miento lo hago como un don de familia...” (Carta a M. R. García, 21/10/1868)

EL PLEBISCITO DE 1835 Y LA LEGITIMIDAD POPULAR

Sarmiento también admitió:

“Nunca hubo un gobierno más popular y deseado ni más sostenido por la opinión... que el de Don Juan Manuel de Rosas”

VOCES DE LA ÉPOCA QUE EL RELATO LIBERAL PREFIRIÓ SILENCIAR

Juan Bautista Alberdi reconoció:

“Rosas comprendió mejor que nadie la necesidad de autoridad en los pueblos nuevos.”

José de San Martín fue claro en su postura soberana:

“Los argentinos no deben permitir que ningún extranjero se mezcle en sus asuntos internos.”

El sable legado a Rosas no fue un gesto personal, sino político: reconocimiento a quien defendió la soberanía frente a Francia e Inglaterra.

VIOLENCIA Y DOBLE VARA MORAL

La historia liberal condena selectivamente la violencia rosista y calla la del Estado “civilizado”: guerras internas, exterminios, represiones. Rosas no fue condenado por violento, sino por no servir al proyecto del puerto y del imperio.

EL SARMIENTO PRESIDENTE Y EL SARMIENTO QUE DUDA

Ya presidente, Sarmiento escribió:

“Rosas era un republicano que ponía en juego todos los artificios del sistema popular representativo...”

“No todo era terror, no todo era superchería...”

CONCLUSIÓN

Rosas no fue incomprensible para su tiempo. Fue incomprensible para una elite que jamás aceptó que el poder pudiera brotar desde abajo. Sarmiento lo combatió porque no lo entendió; y no lo entendió porque nunca confió en el pueblo real. Por eso lo atacó con furia y terminó explicándolo con vergüenza.

Fuente consultada

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino