HISTORIA
ALEJANDRO HEREDIA, EL CAUDILLO
FEDERAL QUE ORGANIZÓ EL NORTE Y PAGÓ CON SU VIDA
Alejandro Heredia fue una de las
figuras políticas y militares más importantes del federalismo del interior
argentino en la primera mitad del siglo XIX.
Militar de la Independencia,
gobernador de Tucumán y conductor del Noroeste, encarnó una experiencia de
organización provincial sólida, con orden, autoridad y proyecto político, que
tuvo proyección regional y peso nacional.
Sin embargo, su figura no logró
ocupar en la memoria histórica el lugar que sí alcanzaron otros protagonistas
de su tiempo, a pesar de la magnitud de su actuación.
Nacido en Tucumán en 1788,
Heredia se formó en el contexto de las guerras por la independencia y participó
activamente en el Ejército del Norte. Allí adquirió experiencia militar,
disciplina y una mirada política clara sobre los problemas del país naciente.
No fue un caudillo improvisado ni un jefe surgido del desorden, sino un
dirigente formado en la guerra revolucionaria, convencido de que la
independencia solo podía consolidarse con organización política y autoridad
efectiva.
EL GOBIERNO DEL ORDEN EN EL
INTERIOR
Como gobernador de Tucumán,
Heredia logró estabilizar una provincia castigada por años de enfrentamientos
internos. Restableció la autoridad del Estado, reorganizó la administración,
impulsó la educación y garantizó el orden público en una etapa marcada por la
fragmentación y la violencia.
Su gobierno demuestra que el
federalismo del interior no fue sinónimo de anarquía, como tantas veces se
repitió, sino que también produjo experiencias de gobierno firmes y
previsibles.
Desde Tucumán proyectó su
liderazgo sobre todo el Noroeste Argentino, convirtiéndose en el principal
conductor político y militar de la región. Bajo su mando, las provincias del
Norte encontraron una conducción común que les permitió actuar de manera coordinada
y sostener una posición propia frente al poder de Buenos Aires.
Esa hegemonía regional fue vista
con desconfianza por el unitarismo, que nunca aceptó que el interior pudiera
organizarse sin depender de la capital.
HEREDIA, ROSAS Y LA
CONFEDERACIÓN
La relación entre Alejandro
Heredia y Juan Manuel de Rosas fue política y estratégica. Ambos comprendieron
que la defensa de la soberanía y del orden interno exigía acuerdos entre las
provincias frente a las amenazas externas y a los intentos de desmembramiento
del país. Heredia apoyó a la Confederación desde el Norte sin perder autonomía
ni liderazgo propio, actuando como un pilar fundamental del equilibrio federal.
Durante el conflicto contra la
Confederación Perú-Boliviana de Andrés de Santa Cruz, Heredia sostuvo una
posición clara en defensa de los intereses argentinos. Entendía que la
integridad territorial y la estabilidad regional eran condiciones básicas para
la existencia de una Nación soberana. Su actitud contrasta con la de sectores
que, en nombre del progreso o la civilización, justificaban alianzas externas
aun a costa de la soberanía.
HEREDIA Y LA FORMACIÓN
INTELECTUAL DEL INTERIOR
Un aspecto poco destacado de su
figura es su preocupación por la educación y la formación intelectual.
Alejandro Heredia fue protector y maestro temprano de Juan Bautista Alberdi, a
quien enseñó latín y alentó en sus primeros pasos intelectuales. Este dato
resulta significativo porque muestra que la vida cultural y política del país
no se reducía a Buenos Aires.
La formación de Alberdi en el
interior federal desmiente la idea de una oposición tajante entre caudillismo y
cultura. Heredia representa a un federalismo que valoraba la educación como
herramienta para la organización nacional. Aunque Alberdi más tarde tomara
distancia de ese mundo, su origen intelectual está ligado a una experiencia
política del interior que fue mucho más rica y compleja de lo que suele
reconocerse.
EL ASESINATO Y SU SIGNIFICADO
POLÍTICO
El asesinato de Alejandro
Heredia, en 1838, no puede entenderse como un hecho menor ni como una simple
disputa local. Fue un crimen político que se inscribe en una serie de episodios
decisivos de la historia argentina, junto al fusilamiento de Manuel Dorrego y
al asesinato de Facundo Quiroga. En los tres casos, fueron eliminados
dirigentes que representaban alternativas reales al predominio político del
unitarismo porteño.
La responsabilidad política de
su muerte recayó en los sectores unitarios del Norte, con Marco Avellaneda como
figura central de la conspiración. La eliminación de Heredia debilitó
gravemente la organización federal del interior y facilitó la formación de la
Coalición del Norte, alineada con Buenos Aires. No se trató de un
enfrentamiento personal, sino de la destrucción de un proyecto político que
había logrado estabilidad y conducción regional.
SOBRE SU TRATAMIENTO EN LA
HISTORIA
Decir que Alejandro Heredia fue
“ocultado” por la historia no significa que su nombre haya sido borrado de los
libros, sino que su figura fue tratada de manera secundaria y sin un análisis
profundo de su papel político. En la historiografía liberal clásica aparece
mencionado, pero sin una valoración clara de su proyecto, de su hegemonía en el
Norte ni del sentido nacional de su asesinato.
Este modo de narrar no elimina
los hechos, pero les quita significado. Heredia queda así reducido a la
condición de caudillo provincial, sin ser integrado plenamente al conjunto de
los dirigentes que pensaron y condujeron el país en una etapa decisiva. Su
experiencia resulta difícil de encajar en una mirada que tendió a presentar al
interior como incapaz de orden, organización y proyecto político propio.
EL LUGAR QUE LE CORRESPONDE
Alejandro Heredia debería ocupar
un lugar central entre los grandes dirigentes federales del siglo XIX. Como
Dorrego y Quiroga, fue militar de la Independencia, gobernador con autoridad y
víctima de un crimen político. A diferencia de otros caudillos, logró construir
una hegemonía regional estable basada en el orden, la administración y la
educación.
Su asesinato interrumpió una
experiencia de federalismo organizado que podría haber equilibrado el peso de
Buenos Aires sin fragmentar la Nación. Recuperar su figura no implica
idealizarla, sino comprender mejor las alternativas políticas que existieron en
la formación del Estado argentino.
MEMORIA Y COMPRENSIÓN HISTÓRICA
Recordar a Alejandro Heredia
permite entender que muchas de las tensiones que atravesaron el siglo XIX —y
que aún persisten— ya estaban presentes en los primeros años de la vida
nacional. Centralismo y federalismo, interior y Buenos Aires, orden y poder político
fueron problemas reales, debatidos y enfrentados por hombres concretos.
Heredia eligió gobernar,
organizar y construir desde el interior. Su muerte no fue un accidente de la
historia, sino una consecuencia directa de ese intento.
Por eso su figura merece ser
revisada, estudiada y comprendida en toda su dimensión, como parte fundamental
del proceso de construcción de la Nación Argentina.
Fuentes consultadas
José María Rosa – Historia
Argentina
Fermín Chávez – Vida y muerte de
López Jordán
Norberto Galasso – Los malditos
