lunes, 19 de enero de 2026

Alejandro Heredia

HISTORIA

ALEJANDRO HEREDIA, EL CAUDILLO FEDERAL QUE ORGANIZÓ EL NORTE Y PAGÓ CON SU VIDA

Alejandro Heredia fue una de las figuras políticas y militares más importantes del federalismo del interior argentino en la primera mitad del siglo XIX.

Militar de la Independencia, gobernador de Tucumán y conductor del Noroeste, encarnó una experiencia de organización provincial sólida, con orden, autoridad y proyecto político, que tuvo proyección regional y peso nacional.

Sin embargo, su figura no logró ocupar en la memoria histórica el lugar que sí alcanzaron otros protagonistas de su tiempo, a pesar de la magnitud de su actuación.

Nacido en Tucumán en 1788, Heredia se formó en el contexto de las guerras por la independencia y participó activamente en el Ejército del Norte. Allí adquirió experiencia militar, disciplina y una mirada política clara sobre los problemas del país naciente. No fue un caudillo improvisado ni un jefe surgido del desorden, sino un dirigente formado en la guerra revolucionaria, convencido de que la independencia solo podía consolidarse con organización política y autoridad efectiva.

EL GOBIERNO DEL ORDEN EN EL INTERIOR

Como gobernador de Tucumán, Heredia logró estabilizar una provincia castigada por años de enfrentamientos internos. Restableció la autoridad del Estado, reorganizó la administración, impulsó la educación y garantizó el orden público en una etapa marcada por la fragmentación y la violencia.

Su gobierno demuestra que el federalismo del interior no fue sinónimo de anarquía, como tantas veces se repitió, sino que también produjo experiencias de gobierno firmes y previsibles.

Desde Tucumán proyectó su liderazgo sobre todo el Noroeste Argentino, convirtiéndose en el principal conductor político y militar de la región. Bajo su mando, las provincias del Norte encontraron una conducción común que les permitió actuar de manera coordinada y sostener una posición propia frente al poder de Buenos Aires.

Esa hegemonía regional fue vista con desconfianza por el unitarismo, que nunca aceptó que el interior pudiera organizarse sin depender de la capital.

HEREDIA, ROSAS Y LA CONFEDERACIÓN

La relación entre Alejandro Heredia y Juan Manuel de Rosas fue política y estratégica. Ambos comprendieron que la defensa de la soberanía y del orden interno exigía acuerdos entre las provincias frente a las amenazas externas y a los intentos de desmembramiento del país. Heredia apoyó a la Confederación desde el Norte sin perder autonomía ni liderazgo propio, actuando como un pilar fundamental del equilibrio federal.

Durante el conflicto contra la Confederación Perú-Boliviana de Andrés de Santa Cruz, Heredia sostuvo una posición clara en defensa de los intereses argentinos. Entendía que la integridad territorial y la estabilidad regional eran condiciones básicas para la existencia de una Nación soberana. Su actitud contrasta con la de sectores que, en nombre del progreso o la civilización, justificaban alianzas externas aun a costa de la soberanía.

HEREDIA Y LA FORMACIÓN INTELECTUAL DEL INTERIOR

Un aspecto poco destacado de su figura es su preocupación por la educación y la formación intelectual. Alejandro Heredia fue protector y maestro temprano de Juan Bautista Alberdi, a quien enseñó latín y alentó en sus primeros pasos intelectuales. Este dato resulta significativo porque muestra que la vida cultural y política del país no se reducía a Buenos Aires.

La formación de Alberdi en el interior federal desmiente la idea de una oposición tajante entre caudillismo y cultura. Heredia representa a un federalismo que valoraba la educación como herramienta para la organización nacional. Aunque Alberdi más tarde tomara distancia de ese mundo, su origen intelectual está ligado a una experiencia política del interior que fue mucho más rica y compleja de lo que suele reconocerse.

EL ASESINATO Y SU SIGNIFICADO POLÍTICO

El asesinato de Alejandro Heredia, en 1838, no puede entenderse como un hecho menor ni como una simple disputa local. Fue un crimen político que se inscribe en una serie de episodios decisivos de la historia argentina, junto al fusilamiento de Manuel Dorrego y al asesinato de Facundo Quiroga. En los tres casos, fueron eliminados dirigentes que representaban alternativas reales al predominio político del unitarismo porteño.

La responsabilidad política de su muerte recayó en los sectores unitarios del Norte, con Marco Avellaneda como figura central de la conspiración. La eliminación de Heredia debilitó gravemente la organización federal del interior y facilitó la formación de la Coalición del Norte, alineada con Buenos Aires. No se trató de un enfrentamiento personal, sino de la destrucción de un proyecto político que había logrado estabilidad y conducción regional.

SOBRE SU TRATAMIENTO EN LA HISTORIA

Decir que Alejandro Heredia fue “ocultado” por la historia no significa que su nombre haya sido borrado de los libros, sino que su figura fue tratada de manera secundaria y sin un análisis profundo de su papel político. En la historiografía liberal clásica aparece mencionado, pero sin una valoración clara de su proyecto, de su hegemonía en el Norte ni del sentido nacional de su asesinato.

Este modo de narrar no elimina los hechos, pero les quita significado. Heredia queda así reducido a la condición de caudillo provincial, sin ser integrado plenamente al conjunto de los dirigentes que pensaron y condujeron el país en una etapa decisiva. Su experiencia resulta difícil de encajar en una mirada que tendió a presentar al interior como incapaz de orden, organización y proyecto político propio.

EL LUGAR QUE LE CORRESPONDE

Alejandro Heredia debería ocupar un lugar central entre los grandes dirigentes federales del siglo XIX. Como Dorrego y Quiroga, fue militar de la Independencia, gobernador con autoridad y víctima de un crimen político. A diferencia de otros caudillos, logró construir una hegemonía regional estable basada en el orden, la administración y la educación.

Su asesinato interrumpió una experiencia de federalismo organizado que podría haber equilibrado el peso de Buenos Aires sin fragmentar la Nación. Recuperar su figura no implica idealizarla, sino comprender mejor las alternativas políticas que existieron en la formación del Estado argentino.

MEMORIA Y COMPRENSIÓN HISTÓRICA

Recordar a Alejandro Heredia permite entender que muchas de las tensiones que atravesaron el siglo XIX —y que aún persisten— ya estaban presentes en los primeros años de la vida nacional. Centralismo y federalismo, interior y Buenos Aires, orden y poder político fueron problemas reales, debatidos y enfrentados por hombres concretos.

Heredia eligió gobernar, organizar y construir desde el interior. Su muerte no fue un accidente de la historia, sino una consecuencia directa de ese intento.

Por eso su figura merece ser revisada, estudiada y comprendida en toda su dimensión, como parte fundamental del proceso de construcción de la Nación Argentina.

Fuentes consultadas

José María Rosa – Historia Argentina

Fermín Chávez – Vida y muerte de López Jordán

Norberto Galasso – Los malditos

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino