sábado, 10 de enero de 2026

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HISTORIA

San Martín y el desafío a duelo a Rivadavia

La historia oficial prefirió un San Martín inmóvil, sin aristas, despojado de conflicto político. Pero el hombre real, el Libertador de América, fue todo lo contrario: tuvo convicciones firmes, enemigos definidos y un sentido del honor que no admitía medias tintas. En ese marco debe entenderse el episodio silenciado durante décadas del desafío a duelo que José de San Martín dirigió a Bernardino Rivadavia.

El enfrentamiento no fue producto de un arrebato ni de una disputa menor. Fue la consecuencia lógica de una enemistad profunda, política y moral. San Martín nunca ignoró el papel que Rivadavia había desempeñado en Buenos Aires: la negativa sistemática a apoyar la campaña libertadora, las intrigas en su contra, el desprecio por la causa americana y la adhesión a un proyecto centralista, porteño y dependiente de intereses extranjeros.

Años después, ya en Europa, ambos coincidieron en el exilio. Rivadavia, desplazado del poder y sin respaldo político, continuaba sin embargo expresándose con ligereza y desprecio sobre la figura del Libertador. Esas expresiones llegaron a oídos de San Martín. Y el general, fiel al código de honor de su tiempo, decidió no dejarlas pasar.

No hubo cartas públicas ni diatribas. San Martín actuó como lo hacían los hombres de su época cuando se consideraban agraviados: envió un emisario para exigir reparación personal. El mensaje fue claro. Rivadavia había ofendido su honor y debía responder.

El desafío fue transmitido por un intermediario de absoluta confianza, un militar que conocía a ambos y cuya palabra no admitía dudas. No era una amenaza ni una bravuconada: era un acto formal, conforme a las reglas del duelo vigentes entre caballeros.

Rivadavia rehusó el desafío. Alegó motivos personales, de salud y de conveniencia. Pero en el lenguaje de la época, la negativa equivalía a un reconocimiento tácito. El duelo no se realizó. San Martín no insistió. Había cumplido con lo que su honor le exigía.

El episodio no tuvo consecuencias públicas inmediatas, pero dice mucho más de lo que parece. Revela a un San Martín consciente del daño político causado por Rivadavia y dispuesto a exigir cuentas, incluso lejos de su patria. Revela también que el Libertador no fue neutral ni indiferente frente a quienes consideró responsables de la desunión y la dependencia.

Mientras Rivadavia encarnó el proyecto de una Argentina reducida a puerto y aduana, endeudada y subordinada, San Martín sostuvo hasta el final la idea de una nación americana soberana, integrada y digna. Esa diferencia no fue solo ideológica: fue moral.

Que este episodio haya sido omitido o minimizado no es casual. Incomoda. Porque rompe con la imagen edulcorada del prócer mudo y expone a un San Martín político, juez severo de su tiempo, capaz de señalar a sus adversarios con nombre y apellido.

El desafío a duelo no engrandece ni empequeñece al Libertador. Lo humaniza. Lo devuelve a su tiempo. Y, sobre todo, confirma que San Martín jamás transó con lo que consideró una traición a la Patria, ni siquiera cuando la traición vestía levita, hablaba francés y se decía ilustrada.

Cómo dijo Scalabrini Ortiz:

"Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran",

Guillermo Falavigna

Fuente consultada

Revisionismo Histórico Argentino

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