jueves, 22 de enero de 2026

José de San Martín y Juan Lavalle

HISTORIA

Revisionismo Histórico Argentino

SAN MARTÍN Y LAVALLE: DE SUBORDINADO EN LOS ANDES A RESPONSABLE DEL CRIMEN POLÍTICO

LA RELACIÓN MILITAR PREVIA: JEFE Y SUBORDINADO

Antes de 1828, la relación entre José de San Martín y Juan Lavalle fue exclusivamente profesional y militar, clara en términos de jerarquía. Lavalle fue oficial subordinado a San Martín durante la guerra de la Independencia, integrando el Ejército de los Andes. San Martín valoró su valentía personal y su arrojo en combate, virtudes del soldado de línea, pero nunca lo consideró un hombre de conducción política ni de pensamiento estratégico. No existió entre ellos una relación de pares ni de afinidad doctrinaria: fue la relación clásica entre un jefe y un subordinado eficaz en el campo de batalla.

EL FUSILAMIENTO DE DORREGO Y EL QUIEBRE DEFINITIVO

El golpe de Estado de diciembre de 1828 y el fusilamiento del gobernador Manuel Dorrego marcaron el quiebre definitivo. San Martín regresaba entonces al Río de la Plata con la intención expresa de no intervenir en las guerras civiles, pero el crimen político lo obligó a fijar una posición moral tajante. Para el Libertador, el asesinato de un gobernador legítimo no era un “exceso” ni un “error”: era una frontera ética que no se podía cruzar sin destruir la patria.

SAN MARTÍN SOBRE LA GUERRA CIVIL Y LA SANGRE ARGENTINA

Carta de José de San Martín a Tomás Guido, 1829, contexto del golpe de Lavalle

“No desenvainaré jamás mi espada para derramar sangre de hermanos.”

Esta frase resume toda la actitud de San Martín frente a Lavalle. No fue neutralidad ni cobardía: fue una decisión política consciente. El Libertador se negó a legitimar con su nombre una guerra entre argentinos iniciada por un fusilamiento.

LA RESPUESTA A LAVALLE: CONDENA MORAL, NO CONSEJO TÁCTICO

Lavalle, consciente del peso simbólico de San Martín, intentó obtener su respaldo. San Martín le respondió, pero no para apoyarlo, sino para marcarle un límite infranqueable.

Carta de José de San Martín a Juan Lavalle, comienzos de 1829

Economice usted víctimas, pues la sangre de los ciudadanos es un capital que no se debe malgastar.”

Lejos de ser un consejo militar, fue una advertencia ética. San Martín estaba señalando que Lavalle había entrado en una lógica criminal, donde el poder se sostenía sobre cadáveres argentinos.

EL JUICIO PRIVADO DE SAN MARTÍN SOBRE LAVALLE

En su correspondencia privada, San Martín fue todavía más severo. Allí aparece su verdadero juicio político sobre Lavalle, sin eufemismos ni diplomacia.

Carta de José de San Martín a Tomás Guido, 1829

“Lavalle es un calavera.”

En el lenguaje de la época, la expresión no era menor: significaba imprudente, irresponsable, temerario, alguien peligroso para el orden político. Para San Martín, Lavalle podía servir como soldado, pero era incapaz de gobernar y mucho menos de conducir una nación desgarrada.

EL RETIRO COMO DECISIÓN POLÍTICA

Ante ese escenario, San Martín tomó una decisión que la historia liberal suele disfrazar de pasividad, pero que fue profundamente política: retirarse. Comprendió que su presencia podía ser usada para legitimar un régimen nacido del crimen político.

Carta de José de San Martín, 1829, contexto de su alejamiento

“La anarquía que reina no me deja otra alternativa.”

No fue indiferencia: fue coherencia. San Martín eligió preservar su espada y su nombre del lodazal de la guerra civil.

AFINIDAD CON LOS CAUDILLOS FEDERALES

En contraste con su ruptura con Lavalle, San Martín mostró una mayor identificación con los caudillos federales, a quienes veía como expresiones reales del interior y del orden posible. Sus intercambios epistolares con Estanislao López, caudillo santafesino, fueron respetuosos y directos, y con Juan Manuel de Rosas mantuvo una relación de mutua consideración, reconociéndole capacidad para restablecer el orden y defender la soberanía. Esa diferencia no fue casual: San Martín desconfiaba profundamente de los militares convertidos en instrumentos de facción porteña, y el fusilamiento de Dorrego confirmó todos sus temores.

La relación entre San Martín y Lavalle quedó sellada para la historia: de subordinación militar en la gesta independentista a ruptura moral y política tras el fusilamiento de Dorrego. San Martín nunca justificó ese crimen, nunca lo avaló y nunca lo perdonó. Eligió retirarse antes que manchar su espada con sangre argentina. Lavalle, en cambio, quedó atado para siempre al acto que lo separó definitivamente del Libertador.

Fuente consultada

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino