sábado, 21 de febrero de 2026

21 de febrero de 1947

HISTORIA & EFEMÉRIDE

Gas del Estado y el Gran Gasoducto

LA ARGENTINA INICIA LA CONSTRUCCIÓN DEL GASODUCTO MÁS EXTENSO DEL MUNDO

El 21 de febrero de 1947 comenzó la construcción del gasoducto que uniría Comodoro Rivadavia con Buenos Aires, una obra de casi 1.700 kilómetros que, al momento de su inauguración en 1949, se convertiría en el gasoducto más largo del mundo y el más importante realizado hasta entonces en su tipo. No fue simplemente una infraestructura técnica: fue la expresión material de un país que buscaba afirmarse en el dominio de sus propios recursos estratégicos.

Bajo la dirección del ingeniero Julio Vicente Canessa, titular de Gas del Estado, la obra avanzó en un contexto internacional complejo, con restricciones comerciales y limitaciones tecnológicas. La magnitud del desafío obligó a soluciones creativas: ante la falta de instrumental sofisticado para detectar fugas, se entrenó a perros alimentándolos con carne impregnada con pequeñas dosis de mercaptán —la sustancia que da olor al gas— para que pudieran rastrear pérdidas a lo largo del tendido. Ese episodio, casi artesanal, refleja mejor que cualquier discurso el espíritu de la empresa: decisión, ingenio y confianza en la capacidad técnica nacional.

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA POLÍTICA ENERGÉTICA DE SOBERANÍA NACIONAL

La cuestión energética había comenzado a ocupar un lugar central desde el descubrimiento de petróleo en Comodoro Rivadavia en 1907. A partir de entonces, el subsuelo dejó de ser una incógnita geológica para convertirse en un recurso estratégico. La creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en 1922, durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, marcó un punto de inflexión: por primera vez el Estado asumía de manera integral la exploración, producción y comercialización de hidrocarburos.

La gestión de Enrique Mosconi consolidó la idea de que el control de la energía no era una cuestión meramente económica, sino un requisito para la independencia real. Su planteo fue claro: un país que depende de combustibles externos compromete su desarrollo y su autonomía.

Los vaivenes políticos de la década del treinta afectaron esa planificación, pero la idea de que la energía debía ser pensada como política de Estado no desapareció. A partir de 1943 se retomó una concepción integral del desarrollo, donde la infraestructura energética era considerada parte de la defensa nacional y del crecimiento industrial. En ese marco, la planificación impulsada desde el Consejo Nacional de Posguerra, bajo la conducción de Juan Domingo Perón y con asesoramiento técnico de José Figuerola, buscó articular producción, industria e infraestructura en un mismo proyecto.

El problema era concreto: el consumo energético crecía aceleradamente y el país desperdiciaba gas natural en los yacimientos mientras importaba combustibles más caros. La nacionalización de la Compañía Primitiva de Gas y la creación de Gas del Estado en 1946 permitieron reorganizar el sector bajo criterios públicos y estratégicos.

Canessa comprendió que el gas no debía ser considerado un subproducto secundario del petróleo, sino una fuente de energía capaz de transformar la matriz productiva. Su propuesta de unir Comodoro Rivadavia con Buenos Aires mediante un gasoducto de escala continental parecía, para muchos, desmesurada. Sin embargo, la decisión política de ejecutarlo convirtió esa visión en realidad.

La construcción del gasoducto no solo implicó tender caños a lo largo de más de mil seiscientos kilómetros; significó integrar regiones, reducir la dependencia de combustibles importados y abaratar costos para hogares e industrias. Cuando fue inaugurado el 29 de diciembre de 1949, la Argentina no solo había terminado el gasoducto más extenso del planeta hasta ese momento, sino que había demostrado que podía concebir, financiar y ejecutar una obra de envergadura mundial con recursos propios.

Los efectos fueron inmediatos: el número de usuarios creció rápidamente, la producción de gas natural se multiplicó y se sustituyeron importaciones costosas. Más allá de las cifras, la obra consolidó una idea de país: la energía como servicio público, como herramienta de integración territorial y como base material del desarrollo.

Julio V. Canessa quedó asociado a ese proceso no como figura aislada, sino como representante de una generación de ingenieros y técnicos que entendieron su tarea como parte de un proyecto nacional. El gasoducto fue, en definitiva, una expresión concreta de soberanía. No desde la confrontación partidaria, sino desde la convicción de que un país que controla su energía fortalece su independencia económica y amplía sus posibilidades de crecimiento.

Aquella obra iniciada el 21 de febrero de 1947 no fue solo una infraestructura: fue una señal de época. Demostró que la Argentina podía pensar en grande, actuar en grande y concluir en grande. Y que la soberanía, cuando se traduce en obras concretas, deja de ser una consigna para convertirse en realidad tangible.

Fuente consultada

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino