LITERATURA &
REFLEXIÓN
CUENTO
La preocupación de Elizabeth fue
mayor aún. Esta vez el tema era tratado en todos los canales. El argumento
oficial radicaba en que había que eliminar una cantidad de “ñoquis” en el
Estado.
Al otro día, en una charla con
sus compañeros, Elizabeth se quejaba y coincidía con ellos en lo peligrosa que
era la situación.
Estaba indignada “¿Ñoquis? Hace
veinte años que trabajo acá y sólo falté por el embarazo o alguna afección
grave de Lucio y sigo perteneciendo a planta transitoria. Mirá que pasaron
gobiernos y sigo siendo transitoria, o sea me pueden despedir sin más”.
Clarisa trataba de calmarla,
pero íntimamente sabía que el peligro del despido, no sólo de Elizabeth, era
más que probable.
Llegó el día en que se iba a
conocer un mega decreto gubernamental que abordaría varios temas, pero
principalmente el recorte de gastos en el Estado en pos del equilibrio fiscal.
Elizabeth prendió el televisor y
tal como se presuponía, ahí se anunciaba el recorte de subsidios en los
medicamentos y la reducción de la plantilla.
A la mañana siguiente Elizabeth
llegó a la oficina demudada. Se formó una rueda donde todos los compañeros
volcaban sus temores y preocupaciones.
Los más atribulados eran los
candidatos al recorte. Estos eran los que no pertenecían a planta permanente y
los jubilables.
Consultaron con los jefes, pero
estos daban respuestas confusas o se refugiaban en evasivas. En tanto, en el
lugar de trabajo, la organización gremial convocaba a una asamblea para tratar
el tema del decreto.
Intervinieron varios oradores y
para concluir la dirección gremial informó de la realización de una marcha para
manifestar el repudio a las medidas y reclamar la vigencia de los derechos
adquiridos en materia de salud y estabilidad laboral.
Elizabeth volvió a su casa.
Todavía no había hablado con Lucio sobre los nubarrones que se cernían sobre
ellos. Consideraba que ya tenía bastante con su enfermedad. Su cabeza era un
torbellino. Se interrogaba una y mil veces sobre qué hacer. Y concluyó que
debía asistir a la marcha.
El día anterior a la
manifestación, Clarisa informó a sus compañeros el lugar de encuentro y cómo se
iban a encolumnar. Luego le dijo a Elizabeth. “Llevá ropa cómoda, zapatillas y
pañuelos” Elizabeth, extrañada, le preguntó “¿Para qué pañuelos?” Clarisa respondió
“Para los gases”.
Al día siguiente, Elizabeth se
reunió con sus compañeros e ingresaron a la columna del sindicato. La marcha
comenzó y se entonaron consignas.
Cuando giraron hacia la Casa de
Gobierno, se encontraron con un escuadrón de infantería apostado con cascos y
escudos. Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Elizabeth.
Claramente iban a enfrentarse si
continuaban avanzando. Se detuvieron. Después de un momento, la columna retomó
la marcha. Entonces los policías alzaron las pistolas lanza gases y gatillaron
hacia los manifestantes. Se produjo un cruce de gases y piedras.
Uno de los cartuchos pasó a
pocos centímetros de la cabeza de Elizabeth. Esto la enfureció y tomando una
piedra encaró al que tiró el gas mientras le gritaba “¿¡Te pagan para que nos
pegues, hijo de puta!?” La imagen detenida es la foto que aparece en la portada
de un diario.
El que la publicó podría haber
señalado que esa era una versión actual de David y Goliat con un final
diferente. Pero no. El epígrafe decía “Violenta marcha contra los recortes en
la Administración Pública”.
Emilio Martín
