domingo, 15 de febrero de 2026

15 de Febrero de 1811

HISTORIA & EFEMÉRIDE

Revisionismo Histórico Argentino

15 DE FEBRERO DE 1811

NATALICIO DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

UNA FIGURA QUE TODAVÍA DIVIDE A LA ARGENTINA

El 15 de febrero de 1811 nació en San Juan Domingo Faustino Sarmiento. Cada aniversario reactiva la postal escolar del prócer del guardapolvo blanco, el “Padre del Aula”, el civilizador incansable. Pero detrás de esa imagen ordenada hay un personaje áspero, contradictorio y profundamente político. Sacarlo del bronce no es negarlo. Es devolverlo a la historia real, la de las disputas, las pasiones y los proyectos de poder.

EL EXILIO, ROSAS Y LA POLÍTICA DESDE AFUERA

Enfrentado a Juan Manuel de Rosas, Sarmiento partió al exilio en Chile y desde allí convirtió el periodismo en arma. No escribió como espectador sino como combatiente. Desde el diario “El Progreso” sostuvo que el Estrecho de Magallanes debía ser ocupado por Chile porque Buenos Aires no lo aprovechaba. Argumentaba que la soberanía debía corresponder a quien supiera explotar el territorio. La ocupación chilena de 1843 coincidió con esa prédica. Más tarde relativizaría el alcance de sus artículos, pero la polémica quedó instalada y sus adversarios la recordaron como prueba de su distancia con una concepción tradicional de la soberanía.

Su pelea con Rosas no era solo institucional. Era cultural. Veía en el rosismo la expresión del país que quería superar: el predominio de la campaña, las montoneras, la autoridad personal. Para él, esa Argentina debía ser reemplazada por otra fundada en la ciudad, la ley escrita y la educación a disposición del pensamiento unitario-liberal.

FACUNDO Y LA MATRIZ DEL PROYECTO

En 1845 publicó Facundo. Allí formuló la oposición que marcó su pensamiento: civilización o barbarie. Europa y Estados Unidos como horizonte; el interior rural como atraso. El gaucho dejó de ser sujeto histórico para convertirse en problema. El caudillo dejó de ser líder popular para transformarse en síntoma de regresión. El “desierto” apareció como vacío, aun cuando estaba habitado.

No era solo literatura. Era una arquitectura ideológica. En esa división quedaban definidos los incluidos y los excluidos del proyecto nacional. Modernizar implicaba transformar la composición cultural del país. Inmigración europea, escuela pública, urbanización acelerada y disciplina social eran los pilares de esa operación.

LA VISIÓN DE ALBERDI: UN “CAUDILLO DE FRAC”

Mientras Sarmiento desplegaba esa retórica encendida, Juan Bautista Alberdi lo observaba con escepticismo. Alberdi lo describió como un “bárbaro civilizado”, un “caudillo de frac”. Veía en él una paradoja: denunciaba la barbarie mientras actuaba con la vehemencia de aquello que decía combatir. Para Alberdi, Sarmiento no había superado el espíritu caudillesco, simplemente lo había revestido con modales urbanos y citas europeas. Su liberalismo, a ojos de Alberdi, tenía algo de fanatismo ilustrado, más preocupado por imponer una visión que por comprender la complejidad social del país.

Esa crítica no era menor. Provenía de uno de los arquitectos intelectuales de la Constitución de 1853. La disputa entre ambos revela que el proyecto liberal no era homogéneo y que incluso dentro de sus filas Sarmiento generaba incomodidad.

VIOLENCIA, ORDEN Y CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO

Las frases de Sarmiento sobre la sangre de gauchos y la eliminación de resistencias no fueron simples excesos verbales. Su visión política justificó la represión de las montoneras federales y celebró la eliminación de figuras como Ángel Vicente Peñaloza. El orden no era negociación sino imposición.

Durante su presidencia, iniciada en 1868 con el respaldo de Bartolomé Mitre, expandió el sistema educativo, promovió la llegada de maestras estadounidenses, impulsó el telégrafo y apoyó el desarrollo ferroviario. Modernizó estructuras estatales con energía indiscutible. Pero esa modernización convivió con la continuidad de la Guerra del Paraguay y con políticas de disciplinamiento interno que consolidaron un Estado fuerte al servicio del proyecto liberal.

La escuela que fundaba no era solamente alfabetización. Era un dispositivo de construcción de ciudadanía bajo un molde preciso. Enseñaba normas, valores y obediencia a un orden que no todos habían elegido.

EL INDIO, EL GAUCHO Y EL “DESIERTO”

La representación de los pueblos originarios en sus escritos resulta hoy brutal. El “desierto” como categoría legitimó la idea de que esos territorios debían ser ocupados en nombre del progreso. El discurso precedió a la política. La idea de que la civilización debía avanzar sobre lo que consideraba atraso preparó el terreno para campañas militares posteriores contra comunidades indígenas.

El gaucho, por su parte, fue presentado como obstáculo histórico. No como sujeto a integrar sino como figura a reemplazar por el inmigrante europeo. En esa lógica, el país debía modificar su composición social para volverse moderno.

EL PROGRESO, LA DEPENDENCIA Y EL MODELO ECONÓMICO

Sarmiento admiraba a Estados Unidos y soñaba con una Argentina de pequeños propietarios y educación masiva. Sin embargo, el modelo que terminó consolidándose fue agroexportador y dependiente del capital británico. El Estado se fortaleció, pero la estructura económica quedó atada al puerto y al latifundio. La modernización institucional convivió con una fuerte desigualdad social.

No fue un simple ejecutor de intereses extranjeros, pero su proyecto se integró sin grandes resistencias a una estructura de dependencia que benefició a las élites terratenientes y comerciales.

LA FABRICACIÓN DEL “PADRE DEL AULA”

Con el paso del tiempo, la Historia Oficial construyó la figura de Sarmiento como símbolo indiscutido de la educación nacional. Esa construcción no fue inocente. Investigaciones críticas como las publicadas en la revista Margen señalan que muchas escuelas atribuidas a su gestión no fueron fundadas directamente por él y que el relato heroico exageró su papel para consolidar un mito funcional al Estado liberal.

La exaltación del “Padre del Aula” permitió presentar el proyecto sarmientino como sinónimo de democratización del saber, cuando en realidad formaba parte de una estrategia más amplia de homogeneización cultural y consolidación de poder. La escuela fue herramienta de alfabetización, pero también de disciplinamiento.

MÁS ALLÁ DEL BRONCE

Reducirlo a santo laico es una simplificación. Convertirlo en villano absoluto también lo es. Sarmiento encarna la tensión estructural de la Argentina moderna: educar y excluir, modernizar y violentar, integrar y disciplinar. Fundó escuelas y legitimó represiones. Amplió horizontes culturales y despreció tradiciones populares. Impulsó el Estado nacional y sostuvo ideas que hoy resultan abiertamente elitistas.

Su figura, su pensamiento y su actividad reactivan una discusión sobre el modelo de país que se impuso en el siglo XIX y sobre las marcas que todavía persisten. Porque detrás del prócer escolar hubo un político decidido a transformar la Argentina, aunque esa transformación implicara fracturas profundas.

Y esa discusión, lejos de cerrarse, sigue abierta.

Fuente consultada

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino