HISTORIA & EFEMÉRIDE
El 25 de mayo de 1974 murió Arturo Martín
Jauretche, una de las figuras más importantes del pensamiento nacional
argentino del siglo XX. Su fallecimiento no ocurrió en una fecha cualquiera:
murió el mismo día en que la Argentina conmemoraba la Revolución de Mayo, hecho
fundacional de la soberanía política rioplatense. La coincidencia tuvo un peso
profundamente simbólico para un hombre que dedicó toda su vida a denunciar la
dependencia económica, cultural y política del país frente a los intereses
extranjeros.
Jauretche nació el 13 de noviembre de 1901 en Lincoln, provincia de Buenos
Aires, en una Argentina organizada alrededor del modelo agroexportador impuesto
por la oligarquía liberal después de Caseros y Pavón. Creció observando un país
donde la riqueza salía por los puertos controlados por intereses británicos
mientras el interior quedaba condenado al atraso y la dependencia. Aquella
experiencia marcaría toda su obra política e intelectual. Desde joven abrazó el
yrigoyenismo, no como una simple afiliación partidaria sino como expresión de
una causa nacional y popular enfrentada al régimen conservador. La caída de
Hipólito Yrigoyen en el golpe militar de 1930 fue decisiva en su formación
política. Jauretche comprendió que el derrocamiento del viejo caudillo radical
no había sido solamente un cambio de gobierno, sino la restauración de un
sistema subordinado al poder financiero extranjero y a las élites tradicionales
argentinas.
En 1933 participó del levantamiento radical de Paso de los Libres contra la
dictadura surgida después del golpe de Uriburu. La sublevación fracasó y
Jauretche terminó preso. De aquella experiencia surgiría “El Paso de los
Libres”, obra prologada por Jorge Luis Borges cuando todavía ambos compartían
ciertos vínculos políticos e intelectuales antes de quedar definitivamente
enfrentados por sus visiones del país. La cárcel terminó fortaleciendo sus
convicciones: entendió que la Argentina necesitaba una batalla política,
económica y también cultural.
FORJA Y LA DENUNCIA DEL COLONIAJE
En 1935 fundó FORJA —Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina—
junto a Raúl Scalabrini Ortiz, Homero Manzi, Luis Dellepiane y otros jóvenes
radicales que denunciaban la claudicación de la dirigencia partidaria frente al
régimen conservador de la Década Infame. FORJA se transformó en uno de los
espacios políticos e intelectuales más importantes del pensamiento nacional
argentino. Desde pequeños sótanos, actos callejeros y publicaciones militantes
denunciaron el pacto Roca-Runciman, el control británico sobre los
ferrocarriles, la dependencia financiera y el fraude político sistemático.
Mientras gran parte de la prensa defendía el modelo agroexportador subordinado
a Londres, FORJA sostenía que la Argentina funcionaba como una semicolonia
británica.
Sus militantes realizaron miles de actos callejeros y conferencias
denunciando la entrega económica nacional y la falsificación democrática del
régimen conservador. Su consigna sintetizaba toda una definición histórica:
“Somos una Argentina colonial; queremos ser una Argentina libre”.
Jauretche comprendió algo fundamental: ningún sistema de dependencia puede
sostenerse solamente con poder económico. Necesita también una estructura
cultural que enseñe a los pueblos a despreciarse a sí mismos. Por eso
desarrolló uno de sus conceptos más importantes: la “colonización pedagógica”.
Según Jauretche, las élites culturales argentinas enseñaban a pensar el país
con categorías extranjeras, repitiendo modelos europeos sin comprender la
realidad nacional
Para él, la escuela, buena parte de la prensa y gran parte de la
intelectualidad funcionaban como reproductores de una mentalidad colonial que
presentaba lo extranjero como civilización y lo nacional como atraso o
barbarie. Allí aparecía también su crítica a la “intellingetzia” argentina:
sectores ilustrados que actuaban como intermediarios culturales del coloniaje
económico, despreciando la cultura popular y repitiendo esquemas políticos
importados incapaces de interpretar la realidad argentina.
Jauretche sostenía que muchas veces la dominación extranjera ni siquiera
necesitaba ocupar militarmente un país. Alcanzaba con formar dirigentes y
cuadros culturales convencidos de que todo lo nacional era inferior y de que el
progreso consistía en copiar automáticamente modelos europeos o
norteamericanos.
EL PAÍS REAL Y EL PAÍS LEGAL
Uno de los conceptos más importantes del pensamiento jauretcheano fue la
diferencia entre el “país real” y el “país legal”. Para Jauretche existía una
Argentina profunda integrada por trabajadores, provincias, sectores
productivos, cultura popular y tradiciones nacionales que rara vez coincidía
con la Argentina construida desde los escritorios oficiales, las élites
porteñas y los grupos económicos vinculados al extranjero.
El “país legal” estaba formado por instituciones, leyes y discursos muchas
veces copiados mecánicamente de Europa sin relación con las verdaderas
necesidades nacionales. Esa fractura explicaba, según Jauretche, gran parte de
las crisis argentinas: gobiernos y dirigencias que administraban el país según
intereses ajenos mientras ignoraban las demandas del pueblo real. Por eso
insistía en que la política debía partir de la experiencia histórica argentina
y no de doctrinas abstractas importadas desde otros contextos.
EL ENCUENTRO CON EL PERONISMO
La irrupción del peronismo en 1945 representó para Jauretche la aparición
concreta de un movimiento nacional capaz de enfrentar la estructura dependiente
que FORJA venía denunciando desde hacía años. Mientras gran parte de la clase
media ilustrada rechazaba a Perón por considerarlo una expresión “inculta” de
las masas, Jauretche entendió que allí aparecía el verdadero sujeto histórico
de la Nación: los trabajadores, los sectores populares y la Argentina profunda
hasta entonces excluida de la política.
Apoyó las políticas de industrialización, la nacionalización de los
ferrocarriles, la ampliación de derechos sociales y la recuperación del control
económico por parte del Estado. Sin embargo, nunca actuó como un intelectual
obediente. Su relación con Perón fue de apoyo crítico y pensamiento autónomo.
Durante el gobierno de Domingo Mercante fue presidente del Banco de la
Provincia de Buenos Aires, desde donde impulsó políticas crediticias orientadas
a la producción nacional, alejadas de la especulación financiera ligada
históricamente al modelo liberal.
Jauretche defendía un modelo económico basado en la industrialización
nacional, el fortalecimiento del mercado interno, la soberanía energética y el
control estatal de las áreas estratégicas. Consideraba que un país dependiente
de la exportación primaria y del endeudamiento externo jamás podría alcanzar
verdadera soberanía política.
LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA Y LA RESISTENCIA NACIONAL
El golpe de Estado de 1955 confirmó para Jauretche que las clases
dominantes argentinas estaban dispuestas incluso a destruir la democracia con
tal de recuperar el control económico y político del país. La autodenominada
Revolución Libertadora persiguió al peronismo, prohibió símbolos populares e
intentó borrar toda una etapa histórica.
En ese contexto, Jauretche se convirtió en una de las principales voces de
la resistencia intelectual nacional. Publicó entonces obras fundamentales como
“Los profetas del odio”, donde denunció el desprecio de clase de ciertos
sectores ilustrados hacia el pueblo trabajador, y “El Plan Prebisch: retorno al
coloniaje”, donde atacó las políticas económicas que buscaban volver a insertar
a la Argentina en un esquema dependiente del capital extranjero.
Más tarde aparecería “El medio pelo en la sociedad argentina”, una de sus
obras más profundas y polémicas. Allí analizó a una parte de la clase media
argentina obsesionada con aparentar europeísmo, desconectada de la realidad
nacional y convencida de que el progreso consistía en copiar modelos
extranjeros.
Jauretche sostenía que muchos sectores medios actuaban políticamente contra
sus propios intereses económicos porque aspiraban culturalmente a identificarse
con las clases dominantes tradicionales. Esa mirada se transformó en una de las
interpretaciones sociológicas más influyentes del pensamiento nacional
argentino.
EL MANUAL DE ZONCERAS ARGENTINAS
Su obra más difundida fue “Manual de zonceras argentinas”, donde identificó
una serie de ideas instaladas por la historia oficial y la cultura dominante
para impedir el desarrollo de una conciencia nacional.
Jauretche llamaba “zonceras” a esas frases repetidas mecánicamente durante
generaciones: “Civilización o barbarie”, “el mal que aqueja a la Argentina es
la extensión”, “hay que achicar el Estado”, “todo tiempo pasado fue mejor”.
Según él, esas fórmulas funcionaban como herramientas de dominación cultural
destinadas a justificar la dependencia económica y el sometimiento político.
Su crítica a la vieja dicotomía sarmientina de “Civilización o Barbarie”
ocupó un lugar central en su pensamiento. Consideraba que esa división había
servido históricamente para despreciar al interior federal, a los caudillos
provinciales y a las masas populares, identificando automáticamente lo europeo
con el progreso y lo criollo con el atraso.
También cuestionó duramente la historia liberal construida alrededor de
Bartolomé Mitre. Jauretche sostenía que gran parte de la historiografía oficial
había sido escrita para justificar el modelo agroexportador dependiente y
ocultar los proyectos nacionales derrotados durante las guerras civiles
argentinas.
Su escritura rompía deliberadamente con el lenguaje académico tradicional.
Utilizaba ironía, humor criollo y ejemplos populares porque entendía que la
batalla cultural debía darse en un lenguaje accesible para el pueblo y no
solamente dentro de círculos universitarios. Para Jauretche, el exceso de
tecnicismo muchas veces funcionaba como una forma de alejar la política de las
mayorías.
JAURETCHE Y EL REVISIONISMO NACIONAL
Jauretche fue una de las figuras centrales del revisionismo histórico
nacional-popular. Defendió figuras históricas condenadas por la versión
oficial, como Juan Manuel de Rosas, Felipe Varela y los caudillos federales,
interpretándolos como expresiones de resistencia nacional frente a los
intereses extranjeros y al centralismo porteño.
Sostenía que la historia argentina había sido escrita desde el puerto y
para justificar un modelo económico dependiente ligado al libre comercio
británico. Para Jauretche, muchas de las guerras civiles argentinas expresaban
en realidad el enfrentamiento entre un proyecto nacional federal y otro
asociado a las élites comerciales vinculadas al extranjero.
Su pensamiento también tuvo una fuerte dimensión latinoamericanista. Consideraba
que la fragmentación de América Latina había favorecido históricamente a las
grandes potencias extranjeras, primero al Imperio Británico y luego a Estados
Unidos. Veía a la Argentina como parte de una comunidad histórica y cultural
más amplia: la Patria Grande latinoamericana.
Su nacionalismo no era aristocrático ni excluyente. Era un nacionalismo
popular, federal, latinoamericanista e industrialista, profundamente ligado a
la soberanía económica y al protagonismo político de las masas trabajadoras.
SU LEGADO
Durante años fue ignorado por buena parte de las universidades y los
grandes medios de comunicación, pero sus libros circularon de mano en mano
entre trabajadores, estudiantes, militantes y sectores populares. Con el
tiempo, su influencia alcanzó a pensadores como Juan José Hernández Arregui,
Fermín Chávez, Norberto Galasso y gran parte del revisionismo nacional
contemporáneo.
Arturo Jauretche murió el 25 de mayo de 1974, apenas semanas antes de la
muerte de Juan Domingo Perón y en medio de una Argentina atravesada nuevamente
por fuertes tensiones políticas y económicas. Sin embargo, muchas de las
estructuras que denunció siguen presentes: la dependencia financiera, el
endeudamiento externo, la subordinación cultural y el desprecio hacia lo nacional
continúan siendo temas centrales del debate argentino.
Jauretche dejó una enseñanza que atraviesa toda su obra: ningún país puede
ser verdaderamente libre si piensa con categorías impuestas desde afuera. La
soberanía política necesita independencia económica, pero también conciencia
nacional.
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