lunes, 25 de mayo de 2026

Arturo Martín Jauretche

HISTORIA & EFEMÉRIDE

El 25 de mayo de 1974 murió Arturo Martín Jauretche, una de las figuras más importantes del pensamiento nacional argentino del siglo XX. Su fallecimiento no ocurrió en una fecha cualquiera: murió el mismo día en que la Argentina conmemoraba la Revolución de Mayo, hecho fundacional de la soberanía política rioplatense. La coincidencia tuvo un peso profundamente simbólico para un hombre que dedicó toda su vida a denunciar la dependencia económica, cultural y política del país frente a los intereses extranjeros.

Jauretche nació el 13 de noviembre de 1901 en Lincoln, provincia de Buenos Aires, en una Argentina organizada alrededor del modelo agroexportador impuesto por la oligarquía liberal después de Caseros y Pavón. Creció observando un país donde la riqueza salía por los puertos controlados por intereses británicos mientras el interior quedaba condenado al atraso y la dependencia. Aquella experiencia marcaría toda su obra política e intelectual. Desde joven abrazó el yrigoyenismo, no como una simple afiliación partidaria sino como expresión de una causa nacional y popular enfrentada al régimen conservador. La caída de Hipólito Yrigoyen en el golpe militar de 1930 fue decisiva en su formación política. Jauretche comprendió que el derrocamiento del viejo caudillo radical no había sido solamente un cambio de gobierno, sino la restauración de un sistema subordinado al poder financiero extranjero y a las élites tradicionales argentinas.

En 1933 participó del levantamiento radical de Paso de los Libres contra la dictadura surgida después del golpe de Uriburu. La sublevación fracasó y Jauretche terminó preso. De aquella experiencia surgiría “El Paso de los Libres”, obra prologada por Jorge Luis Borges cuando todavía ambos compartían ciertos vínculos políticos e intelectuales antes de quedar definitivamente enfrentados por sus visiones del país. La cárcel terminó fortaleciendo sus convicciones: entendió que la Argentina necesitaba una batalla política, económica y también cultural.

FORJA Y LA DENUNCIA DEL COLONIAJE

En 1935 fundó FORJA —Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina— junto a Raúl Scalabrini Ortiz, Homero Manzi, Luis Dellepiane y otros jóvenes radicales que denunciaban la claudicación de la dirigencia partidaria frente al régimen conservador de la Década Infame. FORJA se transformó en uno de los espacios políticos e intelectuales más importantes del pensamiento nacional argentino. Desde pequeños sótanos, actos callejeros y publicaciones militantes denunciaron el pacto Roca-Runciman, el control británico sobre los ferrocarriles, la dependencia financiera y el fraude político sistemático. Mientras gran parte de la prensa defendía el modelo agroexportador subordinado a Londres, FORJA sostenía que la Argentina funcionaba como una semicolonia británica.

Sus militantes realizaron miles de actos callejeros y conferencias denunciando la entrega económica nacional y la falsificación democrática del régimen conservador. Su consigna sintetizaba toda una definición histórica: “Somos una Argentina colonial; queremos ser una Argentina libre”.

Jauretche comprendió algo fundamental: ningún sistema de dependencia puede sostenerse solamente con poder económico. Necesita también una estructura cultural que enseñe a los pueblos a despreciarse a sí mismos. Por eso desarrolló uno de sus conceptos más importantes: la “colonización pedagógica”. Según Jauretche, las élites culturales argentinas enseñaban a pensar el país con categorías extranjeras, repitiendo modelos europeos sin comprender la realidad nacional

Para él, la escuela, buena parte de la prensa y gran parte de la intelectualidad funcionaban como reproductores de una mentalidad colonial que presentaba lo extranjero como civilización y lo nacional como atraso o barbarie. Allí aparecía también su crítica a la “intellingetzia” argentina: sectores ilustrados que actuaban como intermediarios culturales del coloniaje económico, despreciando la cultura popular y repitiendo esquemas políticos importados incapaces de interpretar la realidad argentina.

Jauretche sostenía que muchas veces la dominación extranjera ni siquiera necesitaba ocupar militarmente un país. Alcanzaba con formar dirigentes y cuadros culturales convencidos de que todo lo nacional era inferior y de que el progreso consistía en copiar automáticamente modelos europeos o norteamericanos.

EL PAÍS REAL Y EL PAÍS LEGAL

Uno de los conceptos más importantes del pensamiento jauretcheano fue la diferencia entre el “país real” y el “país legal”. Para Jauretche existía una Argentina profunda integrada por trabajadores, provincias, sectores productivos, cultura popular y tradiciones nacionales que rara vez coincidía con la Argentina construida desde los escritorios oficiales, las élites porteñas y los grupos económicos vinculados al extranjero.

El “país legal” estaba formado por instituciones, leyes y discursos muchas veces copiados mecánicamente de Europa sin relación con las verdaderas necesidades nacionales. Esa fractura explicaba, según Jauretche, gran parte de las crisis argentinas: gobiernos y dirigencias que administraban el país según intereses ajenos mientras ignoraban las demandas del pueblo real. Por eso insistía en que la política debía partir de la experiencia histórica argentina y no de doctrinas abstractas importadas desde otros contextos.

EL ENCUENTRO CON EL PERONISMO

La irrupción del peronismo en 1945 representó para Jauretche la aparición concreta de un movimiento nacional capaz de enfrentar la estructura dependiente que FORJA venía denunciando desde hacía años. Mientras gran parte de la clase media ilustrada rechazaba a Perón por considerarlo una expresión “inculta” de las masas, Jauretche entendió que allí aparecía el verdadero sujeto histórico de la Nación: los trabajadores, los sectores populares y la Argentina profunda hasta entonces excluida de la política.

Apoyó las políticas de industrialización, la nacionalización de los ferrocarriles, la ampliación de derechos sociales y la recuperación del control económico por parte del Estado. Sin embargo, nunca actuó como un intelectual obediente. Su relación con Perón fue de apoyo crítico y pensamiento autónomo.

Durante el gobierno de Domingo Mercante fue presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, desde donde impulsó políticas crediticias orientadas a la producción nacional, alejadas de la especulación financiera ligada históricamente al modelo liberal.

Jauretche defendía un modelo económico basado en la industrialización nacional, el fortalecimiento del mercado interno, la soberanía energética y el control estatal de las áreas estratégicas. Consideraba que un país dependiente de la exportación primaria y del endeudamiento externo jamás podría alcanzar verdadera soberanía política.

LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA Y LA RESISTENCIA NACIONAL

El golpe de Estado de 1955 confirmó para Jauretche que las clases dominantes argentinas estaban dispuestas incluso a destruir la democracia con tal de recuperar el control económico y político del país. La autodenominada Revolución Libertadora persiguió al peronismo, prohibió símbolos populares e intentó borrar toda una etapa histórica.

En ese contexto, Jauretche se convirtió en una de las principales voces de la resistencia intelectual nacional. Publicó entonces obras fundamentales como “Los profetas del odio”, donde denunció el desprecio de clase de ciertos sectores ilustrados hacia el pueblo trabajador, y “El Plan Prebisch: retorno al coloniaje”, donde atacó las políticas económicas que buscaban volver a insertar a la Argentina en un esquema dependiente del capital extranjero.

Más tarde aparecería “El medio pelo en la sociedad argentina”, una de sus obras más profundas y polémicas. Allí analizó a una parte de la clase media argentina obsesionada con aparentar europeísmo, desconectada de la realidad nacional y convencida de que el progreso consistía en copiar modelos extranjeros.

Jauretche sostenía que muchos sectores medios actuaban políticamente contra sus propios intereses económicos porque aspiraban culturalmente a identificarse con las clases dominantes tradicionales. Esa mirada se transformó en una de las interpretaciones sociológicas más influyentes del pensamiento nacional argentino.

EL MANUAL DE ZONCERAS ARGENTINAS

Su obra más difundida fue “Manual de zonceras argentinas”, donde identificó una serie de ideas instaladas por la historia oficial y la cultura dominante para impedir el desarrollo de una conciencia nacional.

Jauretche llamaba “zonceras” a esas frases repetidas mecánicamente durante generaciones: “Civilización o barbarie”, “el mal que aqueja a la Argentina es la extensión”, “hay que achicar el Estado”, “todo tiempo pasado fue mejor”. Según él, esas fórmulas funcionaban como herramientas de dominación cultural destinadas a justificar la dependencia económica y el sometimiento político.

Su crítica a la vieja dicotomía sarmientina de “Civilización o Barbarie” ocupó un lugar central en su pensamiento. Consideraba que esa división había servido históricamente para despreciar al interior federal, a los caudillos provinciales y a las masas populares, identificando automáticamente lo europeo con el progreso y lo criollo con el atraso.

También cuestionó duramente la historia liberal construida alrededor de Bartolomé Mitre. Jauretche sostenía que gran parte de la historiografía oficial había sido escrita para justificar el modelo agroexportador dependiente y ocultar los proyectos nacionales derrotados durante las guerras civiles argentinas.

Su escritura rompía deliberadamente con el lenguaje académico tradicional. Utilizaba ironía, humor criollo y ejemplos populares porque entendía que la batalla cultural debía darse en un lenguaje accesible para el pueblo y no solamente dentro de círculos universitarios. Para Jauretche, el exceso de tecnicismo muchas veces funcionaba como una forma de alejar la política de las mayorías.

JAURETCHE Y EL REVISIONISMO NACIONAL

Jauretche fue una de las figuras centrales del revisionismo histórico nacional-popular. Defendió figuras históricas condenadas por la versión oficial, como Juan Manuel de Rosas, Felipe Varela y los caudillos federales, interpretándolos como expresiones de resistencia nacional frente a los intereses extranjeros y al centralismo porteño.

Sostenía que la historia argentina había sido escrita desde el puerto y para justificar un modelo económico dependiente ligado al libre comercio británico. Para Jauretche, muchas de las guerras civiles argentinas expresaban en realidad el enfrentamiento entre un proyecto nacional federal y otro asociado a las élites comerciales vinculadas al extranjero.

Su pensamiento también tuvo una fuerte dimensión latinoamericanista. Consideraba que la fragmentación de América Latina había favorecido históricamente a las grandes potencias extranjeras, primero al Imperio Británico y luego a Estados Unidos. Veía a la Argentina como parte de una comunidad histórica y cultural más amplia: la Patria Grande latinoamericana.

Su nacionalismo no era aristocrático ni excluyente. Era un nacionalismo popular, federal, latinoamericanista e industrialista, profundamente ligado a la soberanía económica y al protagonismo político de las masas trabajadoras.

SU LEGADO

Durante años fue ignorado por buena parte de las universidades y los grandes medios de comunicación, pero sus libros circularon de mano en mano entre trabajadores, estudiantes, militantes y sectores populares. Con el tiempo, su influencia alcanzó a pensadores como Juan José Hernández Arregui, Fermín Chávez, Norberto Galasso y gran parte del revisionismo nacional contemporáneo.

Arturo Jauretche murió el 25 de mayo de 1974, apenas semanas antes de la muerte de Juan Domingo Perón y en medio de una Argentina atravesada nuevamente por fuertes tensiones políticas y económicas. Sin embargo, muchas de las estructuras que denunció siguen presentes: la dependencia financiera, el endeudamiento externo, la subordinación cultural y el desprecio hacia lo nacional continúan siendo temas centrales del debate argentino.

Jauretche dejó una enseñanza que atraviesa toda su obra: ningún país puede ser verdaderamente libre si piensa con categorías impuestas desde afuera. La soberanía política necesita independencia económica, pero también conciencia nacional.

Fuente consultada

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino