HISTORIA
& EFEMÉRIDE
EL INFAME PACTO ROCA‑RUNCIMAN
EL 1º DE MAYO DE 1933 NO ES UNA FECHA MÁS: ES LA MARCA
DE UNA CLAUDICACIÓN NACIONAL. ESE DÍA SE FIRMÓ EL INFAME PACTO ROCA-RUNCIMAN,
SÍNTESIS PERFECTA DE LA DÉCADA DEL FRAUDE, DEL SOMETIMIENTO Y DE UNA CLASE
DIRIGENTE DISPUESTA A NEGOCIAR LA SOBERANÍA A CAMBIO DE CONSERVAR SUS
PRIVILEGIOS.
CRISIS DEL
IMPERIO Y FIN DEL LIBRE CAMBIO
Gran Bretaña
había salido de la Primera Guerra Mundial con la victoria formal, pero con un
desgaste profundo que carcomía sus bases económicas. Su industria perdía
terreno frente a potencias emergentes, sus cuentas externas estaban en rojo y
su tejido social crujía bajo el peso del desempleo y la conflictividad. El
viejo dogma del libre comercio, que había sido la herramienta de su dominio en
el siglo XIX, comenzaba a resquebrajarse.
Ya en la
década del veinte, voces como la de John Maynard Keynes advertían que no sólo
se agotaba un modelo económico, sino todo un orden imperial. La crisis de 1929
terminó de empujar a Gran Bretaña a una decisión histórica: cerrar su economía,
abandonar el patrón oro, levantar barreras y defender a cualquier costo su
mercado interno y su imperio. El liberalismo, que había sido bandera, era ahora
un lujo imposible.
EL IMPERIO
SE CIERRA Y LA ARGENTINA QUEDA AFUERA
Con el
Estatuto de Westminster y la Conferencia de Ottawa de 1932, el Imperio
Británico se reorganizó en torno a un principio brutalmente claro: primero la
metrópoli, luego los dominios, y recién después —si sobraba algo— los países
como la Argentina. Aquello que durante décadas había sido presentado como una
relación “natural” de intercambio, mostraba su verdadero rostro: la Argentina
no era socia, era proveedora descartable.
El golpe fue
directo al corazón del modelo agroexportador. La carne y los cereales, base de
la economía nacional, quedaban relegados frente a Canadá, Australia o Nueva
Zelanda. Para los grandes estancieros, aquello no era una discusión teórica:
era la amenaza concreta de ver desplomarse sus ingresos.
EL GOBIERNO
DEL FRAUDE Y LA MISIÓN DE SUMISIÓN
El régimen
surgido tras el golpe de 1930, encabezado por Agustín P. Justo, no dudó en
actuar. No para replantear el modelo ni para defender el interés nacional, sino
para garantizar la continuidad de ese vínculo desigual. Se envió a Londres una
misión encabezada por Julio Argentino Roca (h), rodeado de hombres
estrechamente ligados al capital británico.
Antes de
negociar, Roca dejó al descubierto la mentalidad dominante con una frase que
quedó grabada como símbolo de época: la Argentina era, según él, parte
integrante del Imperio Británico desde el punto de vista económico. No era una
exageración retórica: era la confesión de un programa.
DEL OTRO
LADO, LA CITY IMPONE LAS CONDICIONES
La
negociación no fue entre iguales. Por Gran Bretaña hablaba Walter Runciman,
representante directo de los intereses financieros de la City. El problema
británico no era sólo asegurar carne barata, sino garantizar que sus empresas
siguieran extrayendo riqueza sin obstáculos.
El control
de cambios argentino impedía girar utilidades al exterior, y eso era
inadmisible para el capital británico. La presión fue constante, metódica y sin
concesiones. La delegación argentina, lejos de resistir, aceptó prácticamente
todo lo exigido.
EL PACTO:
CARNE A CAMBIO DE SOBERANÍA
El acuerdo
firmado ese 1º de mayo fue presentado como un triunfo diplomático. En realidad,
fue una rendición cuidadosamente redactada. Gran Bretaña mantenía la compra de
carne, pero bajo condiciones que consolidaban el dominio extranjero sobre toda
la cadena productiva.
La mayor
parte de la cuota quedó en manos de frigoríficos extranjeros —como el Anglo,
Armour y Swift— que no eran simples empresas comerciales sino piezas clave de
un engranaje mayor: controlaban precios, seleccionaban productores, imponían
condiciones y decidían qué parte de la riqueza argentina quedaba en el país y
cuál partía hacia el exterior. No era comercio: era control estructural.
A cambio, la
Argentina garantizaba beneficios concretos al capital británico: libre remisión
de ganancias, privilegios comerciales, tarifas favorables y la perpetuación de
un esquema económico dependiente. Pero el impacto no se detenía en la
exportación: ese control también condicionaba el mercado interno, los precios
de la carne, la rentabilidad del productor nacional y, en definitiva, la
política económica del país.
Incluso el
llamado empréstito de desbloqueo no fue más que una maniobra para transformar
utilidades privadas en deuda pública. El país asumía obligaciones para que las
empresas extranjeras pudieran seguir llevándose la riqueza generada en suelo
argentino.
LA DENUNCIA,
LA SANGRE Y EL SILENCIO
No todos
callaron. El pacto despertó una reacción que atravesó la política y la cultura.
Los hermanos Irazusta lo denunciaron como la expresión más acabada del
imperialismo. En el Senado, Lisandro de la Torre llevó adelante una
investigación que dejó al descubierto la trama de intereses, corrupción y
dependencia.
Pero el
régimen respondió como sabía hacerlo: con violencia. El asesinato de Enzo
Bordabehere en pleno Senado no fue un hecho aislado, fue la señal de hasta
dónde estaba dispuesto a llegar el poder para proteger sus negocios. La sangre
derramada en el recinto selló el carácter de la época.
BALANCE DE
UNA ENTREGA
El Pacto
Roca-Runciman no fue un accidente ni un error de cálculo. Fue la consecuencia
lógica de una estructura económica y de una dirigencia que había elegido su
lugar en el mundo: asociarse al poder extranjero antes que construir una nación
soberana.
Lejos de
resolver los problemas, consolidó la dependencia, fortaleció a los monopolios y
subordinó la política económica argentina a intereses ajenos. Fue, en
definitiva, la expresión más clara de la década infame: fraude en lo político,
entrega en lo económico y represión cuando alguien se animaba a denunciarlo.
Como
señalaría Scalabrini Ortiz, el sistema funcionaba con precisión: ferrocarriles,
comercio exterior y carne articulados para drenar la riqueza hacia Inglaterra.
El pacto no fue una excepción dentro de ese engranaje, fue su confirmación más
descarnada. Y también dejó sembrada una reacción: la conciencia creciente de
que sin independencia económica no hay nación posible, y que tarde o temprano
ese orden iba a ser cuestionado. (1)
Video: Tratado Roca - Runciman (2)
Ver: https://www.youtube.com/watch?v=k4C59XgnyRw
Fuente consultada
1)- Revisionismo
Histórico Argentino
https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino
2)- Radio
Nacional Argentina AM870, Tratado Roca- Runciman.



