viernes, 1 de mayo de 2026

1º de Mayo de 1933

HISTORIA & EFEMÉRIDE

EL INFAME PACTO ROCA‑RUNCIMAN

EL 1º DE MAYO DE 1933 NO ES UNA FECHA MÁS: ES LA MARCA DE UNA CLAUDICACIÓN NACIONAL. ESE DÍA SE FIRMÓ EL INFAME PACTO ROCA-RUNCIMAN, SÍNTESIS PERFECTA DE LA DÉCADA DEL FRAUDE, DEL SOMETIMIENTO Y DE UNA CLASE DIRIGENTE DISPUESTA A NEGOCIAR LA SOBERANÍA A CAMBIO DE CONSERVAR SUS PRIVILEGIOS.

CRISIS DEL IMPERIO Y FIN DEL LIBRE CAMBIO

Gran Bretaña había salido de la Primera Guerra Mundial con la victoria formal, pero con un desgaste profundo que carcomía sus bases económicas. Su industria perdía terreno frente a potencias emergentes, sus cuentas externas estaban en rojo y su tejido social crujía bajo el peso del desempleo y la conflictividad. El viejo dogma del libre comercio, que había sido la herramienta de su dominio en el siglo XIX, comenzaba a resquebrajarse.

Ya en la década del veinte, voces como la de John Maynard Keynes advertían que no sólo se agotaba un modelo económico, sino todo un orden imperial. La crisis de 1929 terminó de empujar a Gran Bretaña a una decisión histórica: cerrar su economía, abandonar el patrón oro, levantar barreras y defender a cualquier costo su mercado interno y su imperio. El liberalismo, que había sido bandera, era ahora un lujo imposible.

EL IMPERIO SE CIERRA Y LA ARGENTINA QUEDA AFUERA

Con el Estatuto de Westminster y la Conferencia de Ottawa de 1932, el Imperio Británico se reorganizó en torno a un principio brutalmente claro: primero la metrópoli, luego los dominios, y recién después —si sobraba algo— los países como la Argentina. Aquello que durante décadas había sido presentado como una relación “natural” de intercambio, mostraba su verdadero rostro: la Argentina no era socia, era proveedora descartable.

El golpe fue directo al corazón del modelo agroexportador. La carne y los cereales, base de la economía nacional, quedaban relegados frente a Canadá, Australia o Nueva Zelanda. Para los grandes estancieros, aquello no era una discusión teórica: era la amenaza concreta de ver desplomarse sus ingresos.

EL GOBIERNO DEL FRAUDE Y LA MISIÓN DE SUMISIÓN

El régimen surgido tras el golpe de 1930, encabezado por Agustín P. Justo, no dudó en actuar. No para replantear el modelo ni para defender el interés nacional, sino para garantizar la continuidad de ese vínculo desigual. Se envió a Londres una misión encabezada por Julio Argentino Roca (h), rodeado de hombres estrechamente ligados al capital británico.

Antes de negociar, Roca dejó al descubierto la mentalidad dominante con una frase que quedó grabada como símbolo de época: la Argentina era, según él, parte integrante del Imperio Británico desde el punto de vista económico. No era una exageración retórica: era la confesión de un programa.

DEL OTRO LADO, LA CITY IMPONE LAS CONDICIONES

La negociación no fue entre iguales. Por Gran Bretaña hablaba Walter Runciman, representante directo de los intereses financieros de la City. El problema británico no era sólo asegurar carne barata, sino garantizar que sus empresas siguieran extrayendo riqueza sin obstáculos.

El control de cambios argentino impedía girar utilidades al exterior, y eso era inadmisible para el capital británico. La presión fue constante, metódica y sin concesiones. La delegación argentina, lejos de resistir, aceptó prácticamente todo lo exigido.

EL PACTO: CARNE A CAMBIO DE SOBERANÍA

El acuerdo firmado ese 1º de mayo fue presentado como un triunfo diplomático. En realidad, fue una rendición cuidadosamente redactada. Gran Bretaña mantenía la compra de carne, pero bajo condiciones que consolidaban el dominio extranjero sobre toda la cadena productiva.

La mayor parte de la cuota quedó en manos de frigoríficos extranjeros —como el Anglo, Armour y Swift— que no eran simples empresas comerciales sino piezas clave de un engranaje mayor: controlaban precios, seleccionaban productores, imponían condiciones y decidían qué parte de la riqueza argentina quedaba en el país y cuál partía hacia el exterior. No era comercio: era control estructural.

A cambio, la Argentina garantizaba beneficios concretos al capital británico: libre remisión de ganancias, privilegios comerciales, tarifas favorables y la perpetuación de un esquema económico dependiente. Pero el impacto no se detenía en la exportación: ese control también condicionaba el mercado interno, los precios de la carne, la rentabilidad del productor nacional y, en definitiva, la política económica del país.

Incluso el llamado empréstito de desbloqueo no fue más que una maniobra para transformar utilidades privadas en deuda pública. El país asumía obligaciones para que las empresas extranjeras pudieran seguir llevándose la riqueza generada en suelo argentino.

LA DENUNCIA, LA SANGRE Y EL SILENCIO

No todos callaron. El pacto despertó una reacción que atravesó la política y la cultura. Los hermanos Irazusta lo denunciaron como la expresión más acabada del imperialismo. En el Senado, Lisandro de la Torre llevó adelante una investigación que dejó al descubierto la trama de intereses, corrupción y dependencia.

Pero el régimen respondió como sabía hacerlo: con violencia. El asesinato de Enzo Bordabehere en pleno Senado no fue un hecho aislado, fue la señal de hasta dónde estaba dispuesto a llegar el poder para proteger sus negocios. La sangre derramada en el recinto selló el carácter de la época.

BALANCE DE UNA ENTREGA

El Pacto Roca-Runciman no fue un accidente ni un error de cálculo. Fue la consecuencia lógica de una estructura económica y de una dirigencia que había elegido su lugar en el mundo: asociarse al poder extranjero antes que construir una nación soberana.

Lejos de resolver los problemas, consolidó la dependencia, fortaleció a los monopolios y subordinó la política económica argentina a intereses ajenos. Fue, en definitiva, la expresión más clara de la década infame: fraude en lo político, entrega en lo económico y represión cuando alguien se animaba a denunciarlo.

Como señalaría Scalabrini Ortiz, el sistema funcionaba con precisión: ferrocarriles, comercio exterior y carne articulados para drenar la riqueza hacia Inglaterra. El pacto no fue una excepción dentro de ese engranaje, fue su confirmación más descarnada. Y también dejó sembrada una reacción: la conciencia creciente de que sin independencia económica no hay nación posible, y que tarde o temprano ese orden iba a ser cuestionado. (1)

Video: Tratado Roca - Runciman (2)

Ver: https://www.youtube.com/watch?v=k4C59XgnyRw

Fuente consultada

1)- Revisionismo Histórico Argentino

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino

2)- Radio Nacional Argentina AM870, Tratado Roca- Runciman.

https://www.youtube.com/watch?v=k4C59XgnyRw