EFEMÉRIDE
1810
– 25 de Mayo – 2026
216º
Aniversario de la Revolución de Mayo
¡Feliz
Día de la Patria!
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25 de Mayo de 1810 –
Revolución de Mayo
Felipe Pigna
“Durante la etapa virreinal, España mantuvo un férreo monopolio con sus
colonias americanas, impidiendo el libre comercio con Inglaterra, beneficiaria
de una extensa producción manufacturera en plena revolución industrial. La
condena a la intermediación perpetua por parte de España encarecía los
intercambios comerciales y sofocaba el crecimiento de las colonias. La escasez
de autoridades españolas y la necesidad de reemplazar al régimen monopólico,
sumado a las convulsiones que se vivían Europa tras la invasión napoleónica,
llevaron a un grupo destacado de la población criolla a impulsar un movimiento
revolucionario.
Para febrero de 1810 casi toda España se encontraba en manos de los
franceses. Un Consejo de Regencia gobernaba la península en nombre de Fernando
VII, prisionero de Napoleón. El 13 de mayo de 1810 llegaron a Buenos Aires las
noticias de la caída de la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder
español.
La autoridad que había designado al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros
había, por tanto, caducado y la propia autoridad del virrey se encontraba
cuestionada. Pronto Cisneros debió ceder a las presiones de las milicias
criollas y de un grupo de jóvenes revolucionarios y convocó a un Cabildo
Abierto para el 22 de mayo de 1810. El Cabildo, dominado por españoles, burló
la voluntad popular y estableció una junta de gobierno presidida por el propio
Cisneros. Esto provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Cornelio
Saavedra y Juan José Castelli obtuvieron la renuncia del ex virrey.
El 25 de mayo, reunido en la Plaza de la Victoria, actual Plaza de Mayo, el
pueblo de Buenos Aires finalmente impuso su voluntad al Cabildo creando la
Junta Provisoria Gubernativa del Río de la Plata integrada por: Cornelio
Saavedra, presidente; Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga,
Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, vocales; y Juan José Paso y
Mariano Moreno, secretarios. Quedó así formado el primer gobierno patrio, que
no tardó en desconocer la autoridad del Consejo de Regencia español.
Hemos elegido algunos extractos del pensamiento de Mariano Moreno, uno de
los más esclarecidos patriotas de la Revolución de Mayo, donde reivindica
valores todavía vigentes como la importancia de la instrucción y la educación
como método contra las tiranías, la necesidad de vigilar la conducta de los
representantes, los reparos ante las injerencias del extranjero y la necesidad
de una organización federal en el gobierno.
“El oficial de nuestro ejército después de asombrar al enemigo por su
valor, debe ganar a los pueblos por el irresistible atractivo de su
instrucción. El que se encuentre desnudo de estas cualidades redoble sus
esfuerzos para adquirirlas, y no se avergüence de una dócil resignación a la
enseñanza que se le ofrece, pues en un pueblo naciente todos somos
principiantes, y no hay otra diferencia que la de nuestros buenos deseos: el
que no sienta los estímulos de una noble ambición de saber y distinguirse en su
carrera, abandónela con tiempo, y no se exponga al seguro bochorno de ser
arrojado con ignominia: busque para su habitación un pueblo de bárbaros o de
esclavos y huya de la gran Buenos Aires que no quiere entre sus hijos hombres
extranjeros a las virtudes.”
“El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el
honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran
aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos.
El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que
nunca puedan obrar mal.
“Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada
hombre no conoce, lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuevas ilusiones
sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil
incertidumbres, será tal vez nuestra suerte, mudar de tiranos, sin destruir la
tiranía”
“Los pueblos deben estar siempre atentos a la conservación de sus intereses
y derechos y no deben fiar más que de sí mismos. El extranjero no viene a
nuestro país a trabajar en nuestro bien, sino a sacar cuantas ventajas pueda
proporcionarse. Recibámoslo en buena hora, aprendamos las mejoras de su
civilización, aceptemos las obras de su industria y franqueémosle los frutos
que la naturaleza nos reparte a manos llenas; pero miremos sus consejos con la
mayor reserva y no incurramos en el error de aquellos pueblos inocentes que se
dejaron envolver en cadenas, en medio del embelesamiento que les habían
producido los chiches y coloridos abalorios. Aprendamos de nuestros padres y
que no se escriba de nosotros lo que se ha escrito de los habitantes de la
antigua España con respecto a los cartagineses que la dominaron: Libre, feliz,
España independiente
Se abrió el cartaginés incautamente: Viéronse estos traidores
Fingirse amigos, para ser señores; Entrar vendiendo para salir mandando’”
Fuente: Mariano Moreno, Escritos Políticos,
Buenos Aires, La Cultura Argentina, 1915
“En vano publicaría esta Junta principios liberales, que hagan apreciar a
los pueblos el inestimable don de su libertad, si permitiese la continuación de
aquellos prestigios, que por desgracia de la humanidad inventaron los tiranos,
para sofocar los sentimientos de la naturaleza. Privada la multitud de luces
necesarias, para dar su verdadero valor á todas las cosas; reducida por la
condición de sus tareas á no extender sus meditaciones más allá de sus primeras
necesidades; acostumbrada á ver los magistrados y jefes envueltos en un brillo,
que deslumbra á los demás, y los separa de su inmediación; confunde los
inciensos y homenajes con la autoridad de los que los disfrutan; y jamás se
detiene en buscar á el jefe por los títulos que lo constituyen, sino por el
voto y condecoraciones con que siempre lo ha visto distinguido.
De aquí es, que el usurpador, el déspota, el asesino de su patria arrastra
por una calle pública la veneración y respeto de un gentío inmenso, al paso que
carga la execración de los filósofos, y las maldiciones de los buenos
ciudadanos; y de aquí es, que á presencia de ese aparato exterior, precursor
seguro de castigos y todo género de violencias, tiemblan los hombres oprimidos,
y se asustan de sí mismos, si alguna vez el exceso de opresión les había hecho
pensar en secreto algún remedio”.
Algunos miopes quieren ver en esta disputa el origen de la oposición entre
unitarios y federales, alineando por supuesto a Moreno en el rol de padre del
unitarismo y a Saavedra como progenitor, ya que nuestra historia es fanática de
los padres, del federalismo. Es curioso porque Saavedra, hombre poco afecto a
la filosofía y a la escritura, no ha dejado una sola línea en la que mencione
siquiera las palabras federalismo o federación, mientras que el “unitario”
Moreno le dedica varios párrafos de su texto: Sobre las miras del Congreso que
acaba de convocarse, y la Constitución del Estado: Allí señalaba:
“El gran principio de la federación se halla en que los estados
individuales, reteniendo la parte de soberanía que necesitan para sus negocios
internos, ceden a una autoridad suprema y nacional la parte de soberanía que
llamaremos eminente, para los negocios generales, en otros términos, para todos
aquellos puntos en que deben obrar como nación. De que resulta, que si en actos
particulares, y dentro de su territorio, un miembro de la federación obra
independientemente como legislador de sí mismo, en los asuntos generales
obedece en clase de súbdito a las leyes y decretos de la autoridad nacional que
todos han formado. En esta forma de gobierno, por más que se haya dicho en
contrario, debe reconocerse la gran ventaja del influjo de la opinión del
contento general: se parece a las armonías de la naturaleza, que están
compuestas de fuerzas y acciones diferentes, que todas concurren a un fin, para
equilibrio y contrapeso, no para oposición; y desde que se practica felizmente
aun por sociedades incultas no puede ser calificada de difícil. Este sistema es
el mejor quizá, que se ha discurrido entre los hombres”.” (1)
Fuente consultada
1)-Pigna, Felipe, Los Mitos de la Historia
Argentina, Buenos Aires, Norma. 2004.
