HISTORIA
DOS MIRADAS OPUESTAS SOBRE LA
ARGENTINA
La historia oficial ha intentado
presentar a Domingo Faustino Sarmiento como el paradigma de la civilización y a
Juan Manuel de Rosas como la encarnación del atraso y la barbarie.
Sin embargo, cuando se analizan
con atención la conducta y el pensamiento de ambos frente a cuestiones
centrales de la vida argentina, el relato escolar comienza a resquebrajarse. No
se trata de una discusión moral abstracta, sino de modelos de país enfrentados,
de intereses sociales antagónicos y de una disputa política que luego fue
reescrita como “historia”.
Sarmiento no fue un observador
imparcial de Rosas: fue su enemigo político, su adversario ideológico y su
derrotado cultural. Escribió para destruir, no para comprender. Y cuando el
tiempo lo obligó a gobernar, administrar y convivir con la realidad que antes
negaba, comenzó a desdecirse. Esa oscilación no es madurez intelectual: es la
prueba de que la demonización previa fue un instrumento de guerra política.
LA CUESTIÓN INDÍGENA: ENTRE EL
DESPRECIO Y LA INTEGRACIÓN
Respecto de la cuestión
indígena, Rosas aplicó políticas concretas de integración y asistencia. Entre
ellas, introdujo la vacuna antivariólica para combatir la viruela, una medida
sanitaria inédita para poblaciones sistemáticamente abandonadas por los gobiernos
ilustrados. Esta acción le valió ser designado miembro honorario de la Sociedad
Real Jenneriana de Londres, institución fundada en homenaje al doctor Edward
Jenner, inventor de la vacuna contra la viruela.
Sarmiento, en cambio, no ocultó
jamás su desprecio racial y cultural hacia los pueblos originarios. En 1844
escribía sin ambigüedades:
"Por los salvajes de
América, siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar" (El
Progreso, 27/9/1844)
Aquí no hay tergiversación
posible: es desprecio explícito, escrito y publicado.
SOBERANÍA TERRITORIAL: DEFENDER
O DESPRECIAR EL TERRITORIO
En materia de soberanía
territorial, Rosas impulsó la integración efectiva del territorio nacional
mediante campañas que consolidaron la frontera sur y dieron origen a
poblaciones que luego serían ciudades como Junín, 25 de Mayo y Bahía Blanca,
además de enfrentar con firmeza las agresiones imperiales de Francia e
Inglaterra, defendiendo la integridad nacional cuando pocos estaban dispuestos
a hacerlo.
Sarmiento, por el contrario,
despreciaba abiertamente vastas regiones del país. Sobre la Patagonia afirmaba:
"La Patagonia austral es
una tierra desértica, frígida e inútil. No vale la pena gastar un barril de
pólvora en su defensa" (El Nacional, 19/7/1878)
Una concepción colonial del
territorio: lo que no servía al proyecto del puerto no merecía existir.
POLÍTICA ECONÓMICA:
PROTECCIONISMO O ENTREGA
En el plano económico, Rosas
aplicó una política claramente proteccionista mediante la Ley de Aduanas del 18
de noviembre de 1835, que estableció aranceles y prohibiciones para proteger a
las industrias locales frente al aluvión de productos importados.
Sarmiento, en cambio, fue un
defensor doctrinario del librecambio:
"La protección de las
industrias nacionales es un medio inocente de robar dinero al vuelo, arruinando
al consumidor"
La “civilización” significaba
dependencia económica.
EDUCACIÓN Y CIVILIZACIÓN: EL
MITO SARMIENTINO
La exaltación de Sarmiento como
“padre de la educación” suele ocultar que su proyecto educativo estuvo pensado
para europeizar, homogeneizar y disciplinar, no para integrar al criollo, al
gaucho o al indígena como sujetos históricos propios.
La escuela sarmientina fue una
herramienta de reemplazo cultural.
LO QUE SARMIENTO NO ENTENDÍA: LA
LEALTAD POPULAR A ROSAS
Incluso Sarmiento dejó
testimonio de algo que nunca pudo explicar:
"Qué misterios de la
naturaleza humana. Qué terribles lecciones para los pueblos..." (texto
completo conservado)
La adhesión popular no encajaba
en su esquema.
FACUNDO: LITERATURA DE COMBATE,
NO HISTORIA
Facundo no fue escrito como
historia sino como propaganda política. Su objetivo fue desacreditar a Rosas,
justificar su derrocamiento y legitimar la intervención extranjera. El propio
Sarmiento admitió las “inexactitudes” deliberadas y el carácter militante de la
obra.
No analiza procesos: construye
monstruos. No explica la realidad argentina: la condena.
ROSAS ANTE FACUNDO: CUANDO EL
ATACADO ENTIENDE MEJOR QUE EL CRÍTICO
Rosas comprendió inmediatamente
el sentido del libro. Dijo:
“El libro del loco Sarmiento es
de lo mejor que se ha escrito contra mí: así es cómo se ataca, señor; así es
cómo se ataca; ya verá usted cómo nadie me defiende tan bien, señor”.
(Adolfo Saldías)
Rosas entendió que la
exageración se volvía en contra del autor.
ROSAS EN SUS PROPIAS PALABRAS:
ORDEN, LEY Y REPRESENTACIÓN
Lejos del déspota
caricaturizado, Rosas expresó con claridad su concepción política:
“El gobierno no es un derecho
personal, sino una carga pública que debe ejercerse conforme a la voluntad y al
interés general del pueblo.”
Y sostuvo:
“Jamás he querido otra cosa que
sostener el orden, la independencia y las instituciones que el pueblo me ha
confiado.”
Incluso en el exilio:
“He servido a mi país según mi
conciencia y conforme a las leyes que me fueron confiadas.”
No habla un tirano caprichoso,
sino un gobernante consciente de la delegación del poder.
LAS “INEXACTITUDES” CONFESADAS
DE SARMIENTO
Sarmiento reconoció haber
mentido:
“Remito a usted un ejemplar del
Facundo... obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio a
veces...” (Carta a José María Paz, 22/12/1845)
“Si miento lo hago como un don
de familia...” (Carta a M. R. García, 21/10/1868)
EL PLEBISCITO DE 1835 Y LA
LEGITIMIDAD POPULAR
Sarmiento también admitió:
“Nunca hubo un gobierno más
popular y deseado ni más sostenido por la opinión... que el de Don Juan Manuel
de Rosas”
VOCES DE LA ÉPOCA QUE EL RELATO
LIBERAL PREFIRIÓ SILENCIAR
Juan Bautista Alberdi reconoció:
“Rosas comprendió mejor que
nadie la necesidad de autoridad en los pueblos nuevos.”
José de San Martín fue claro en
su postura soberana:
“Los argentinos no deben
permitir que ningún extranjero se mezcle en sus asuntos internos.”
El sable legado a Rosas no fue
un gesto personal, sino político: reconocimiento a quien defendió la soberanía
frente a Francia e Inglaterra.
VIOLENCIA Y DOBLE VARA MORAL
La historia liberal condena
selectivamente la violencia rosista y calla la del Estado “civilizado”: guerras
internas, exterminios, represiones. Rosas no fue condenado por violento, sino
por no servir al proyecto del puerto y del imperio.
EL SARMIENTO PRESIDENTE Y EL
SARMIENTO QUE DUDA
Ya presidente, Sarmiento
escribió:
“Rosas era un republicano que
ponía en juego todos los artificios del sistema popular representativo...”
“No todo era terror, no todo era
superchería...”
CONCLUSIÓN
Rosas no fue incomprensible para
su tiempo. Fue incomprensible para una elite que jamás aceptó que el poder
pudiera brotar desde abajo. Sarmiento lo combatió porque no lo entendió; y no
lo entendió porque nunca confió en el pueblo real. Por eso lo atacó con furia y
terminó explicándolo con vergüenza.
Fuente consultada
https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino