jueves, 19 de febrero de 2026

Invitación a la presentación del libro de Emilio Martín

INSTITUCIONAL

INVITACIÓN

Presentación del Libro: Grandes DesCuentos / Autor: Emilio Martín

Día: Sábado 28 de Marzo – 17 Horas

Lugar: Biblioteca Popular Rotaria

Sarrachaga 6198 esquina Madrid – Isidro Casanova – La Matanza

Entrada libre y Gratuita

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CAPACITACIÓN

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Para anotarte necesitás:

2 fotocopias de DNI.

Certificado de estudios.

Ser mayor de 16 años.

La inscripción es presencial en cada centro.

Para conocer sobre los cursos y centros disponibles:

lamatanza.gov.ar/oficios

Sabías qué

HISTORIA

LAS MALVINAS Y LA POLÍTICA EXTERIOR DE LA CONFEDERACIÓN

Mientras la causa federal se afirmaba en el interior, el gobierno de Buenos Aires ejercía sin discusión actos concretos y efectivos de soberanía en sus posesiones australes.

Ya en 1820 el coronel Jorge Jewitt, designado gobernador de las Islas Malvinas, notificó formalmente a los buques extranjeros la prohibición de la pesca de anfibios en esas costas.

No se trató de una declaración retórica sino de un acto de autoridad ejercido ante terceros.

En 1824 se concedió a Luis Vernet la Isla Soledad para establecer una colonia permanente, consolidando derechos previamente ejercidos por las Provincias Unidas como sucesoras de España. Vernet pobló, organizó y defendió el establecimiento con capital propio; introdujo ganado, levantó instalaciones, reglamentó la explotación de recursos y sostuvo la colonia allí donde franceses e ingleses habían fracasado.

En 1829 fue nombrado comandante político y militar de las islas y de las costas adyacentes hasta el Cabo de Hornos, con autoridad efectiva, reglamentos, fuerza armada y artillería. Existía población, gobierno y jurisdicción. Los años 1829–1831 fueron precisamente los de mayor actividad en el archipiélago, con Puerto Soledad en pleno desarrollo, lo que desmiente cualquier insinuación de abandono o desinterés.

EL CONFLICTO CON LOS ESTADOS UNIDOS Y EL ATROPELLO DE LA LEXINGTON

Cuando buques norteamericanos persistieron en la pesca ilegal pese a reiteradas intimaciones, Vernet procedió conforme al derecho vigente y apresó las goletas Harriet, Superior y Breakwater. Los capitanes reconocieron la infracción y aceptaron someterse al juicio de Buenos Aires.

Sin embargo, el cónsul estadounidense Slacum desconoció la jurisdicción argentina y promovió una reacción armada. En diciembre de 1831 la corbeta de guerra Lexington irrumpió en Puerto Soledad, inutilizó la artillería, destruyó instalaciones, saqueó bienes particulares y se llevó prisioneros, actuando como fuerza de represalia contra una población civil indefensa.

El gobierno de Buenos Aires reclamó satisfacción e indemnización conforme al derecho de gentes, instruyendo al cuerpo legislativo sobre el origen y estado de la cuestión con los Estados Unidos mediante la publicación oficial de documentos en 1832. El encargado de negocios Baylies, lejos de reparar el daño, solicitó sus pasaportes y abandonó el país, dejando la cuestión abierta y debilitada la defensa material del archipiélago.

LA REAPARICIÓN DE LA PRETENSIÓN BRITÁNICA Y LA USURPACIÓN DE 1833

Mientras los Estados Unidos se retiraban del escenario, la Gran Bretaña reapareció invocando una supuesta soberanía sobre las islas. El ministro Woodbine Parish ya había presentado en 1829 una protesta basada en el descubrimiento y la ocupación inglesa del siglo XVIII. Esa nota no fue contestada formalmente en medio de las graves convulsiones internas que atravesaba el país; pero el silencio diplomático jamás significó asentimiento, menos aún, cuando los actos de dominio argentino eran públicos y notorios.

Si Inglaterra aspiraba sinceramente a una respuesta, pudo reiterar su comunicación; nunca derivar de esa circunstancia un pretendido derecho a la acción armada.

El 2 de enero de 1833 la corbeta británica Clio exigió la rendición de las autoridades establecidas en Puerto Luis y las desalojó por la fuerza. No medió tratado, cesión ni declaración de guerra.

Fue un acto unilateral de ocupación armada contra un establecimiento organizado de un país con el cual mantenía relaciones amistosas. La explicación posterior de algunos autores británicos —según la cual la Clio fue enviada simplemente porque no se había respondido la protesta de Parish— desconoce los usos diplomáticos más elementales y la diferencia entre tomar posesión de un territorio desierto y expulsar autoridades legítimas.

EL INTERCAMBIO DIPLOMÁTICO CON PALMERSTON

La protesta argentina fue inmediata. Se declaró formalmente que, siendo las Provincias Unidas sucesoras de España en todos sus derechos, la Gran Bretaña no podía adquirir título alguno nuevo sobre las islas. Se protestó contra “la soberanía asumida últimamente en las islas Malvinas por la corona de la Gran Bretaña y contra el despojo y eyección del establecimiento de la República en Puerto Luis”, exigiendo las reparaciones correspondientes.

La respuesta inglesa, presentada tras más de seis meses de demora, reiteró los argumentos ya esgrimidos: descubrimiento original, ocupación inglesa y restitución del establecimiento en 1771.

Añadía que el retiro de 1774 no invalidaba sus derechos y que, al no haber sido contestada la protesta de 1829, el gobierno argentino no debía sorprenderse por lo ocurrido. Lord Palmerston negó además la existencia de cualquier promesa secreta y sostuvo que Inglaterra no podía reconocer a la Argentina derechos derivados de España que ella había negado a esta última.

Tales argumentos no resisten examen. La falta de contestación formal no podía crear un derecho inexistente. Los actos de soberanía ejercidos por la República entre 1829 y 1831 eran el más claro desmentido a cualquier pretensión contraria.

Por otra parte, Inglaterra había reconocido en distintos momentos la soberanía española en el Atlántico sur, comprometiéndose a no navegar ni comerciar en los mares del Sud en tratados anteriores y aceptando la restitución de 1771 con reserva expresa de derechos por parte de España.

Desde 1774, año en que evacuó Puerto Egmont, guardó un prolongado silencio mientras España ejercía posesión exclusiva.

Manuel Moreno replicó el 29 de diciembre de 1834 con un alegato orgánico y documentado en defensa de los derechos argentinos. Publicó además en Londres un folleto destinado a ilustrar a la opinión pública sobre el carácter violento de la ocupación.

Las ulteriores reclamaciones argentinas fueron respondidas con negativas categóricas a discutir en forma leal los títulos respectivos. La cuestión quedó abierta, pero la posición argentina no varió.

LOS FUNDAMENTOS HISTÓRICOS Y JURÍDICOS

La soberanía española sobre las islas derivaba de la concesión pontificia y de la ocupación efectiva de los territorios del Atlántico meridional, reconocida en distintos instrumentos internacionales.

Desde 1764 —como sucesora de Francia— hasta 1811 España ejerció posesión efectiva de Puerto Soledad, y desde 1774 lo hizo en forma exclusiva sobre todo el archipiélago. Inglaterra evacuó Puerto Egmont en 1774 y en 1790 se comprometió nuevamente a no establecerse en las costas orientales u occidentales de la América meridional ni en las islas adyacentes.

Las Malvinas fueron incorporadas al gobierno y territorio dependiente de Buenos Aires por decisión española y esa situación no sufrió alteración hasta la Revolución. La República Argentina sucedió jurídicamente a España en todos sus derechos y obligaciones.

Entre 1820 y el 2 de enero de 1833 ejerció ocupación pacífica y exclusiva del archipiélago, hasta que sus autoridades fueron desalojadas por la fuerza. Más tarde, en el tratado de reconocimiento, paz y amistad con España de 1863, la antigua metrópoli renunció a toda soberanía, derechos y acciones que le correspondieran sobre los territorios que integraban la Nación Argentina.

Por su parte, Inglaterra no puede invocar ni primer ocupante, ni cesión válida, ni derecho derivado de tratado alguno con España o con la Argentina. Sólo tiene a su favor la ocupación precaria del siglo XVIII y el despojo violento de 1833.

LA CUESTIÓN MALVINAS DURANTE EL SEGUNDO GOBIERNO DE ROSAS

Rosas llega por segunda vez al gobierno en 1835, cuando las Islas Malvinas ya habían sido tomadas por Inglaterra. Desde 1838 el bloqueo francés y luego la intervención anglo-francesa agravaron la situación económica y financiera del país. Los acreedores ingleses, Baring Brothers y Cía., presionaban por el cobro del empréstito de 1824, cuya garantía comprometía el territorio nacional. Según Saldías, se insinuó la entrega de las Malvinas como forma de pago.

Rosas respondió mediante su ministro Insiarte en 1843 proponiendo que, si el gobierno británico reconocía previamente los derechos argentinos sobre las islas, podría considerarse su cesión como parte de la solución de la deuda. La condición implicaba el reconocimiento expreso de la soberanía argentina, algo que Londres no podía admitir sin contradecir su propio acto de 1833. La propuesta ganó tiempo y neutralizó presiones, pero no fue aceptada. La cuestión territorial jamás fue cedida en derecho.

Mientras tanto, continuaron las agresiones navales y el bloqueo del Río de la Plata. En ningún momento el gobierno argentino reconoció la legitimidad de la ocupación británica. La integridad territorial fue sostenida como principio constante, aun en medio del aislamiento y la guerra.

CONCLUSIÓN

La cuestión Malvinas se apoya en una cadena histórica coherente: soberanía española reconocida, posesión efectiva y exclusiva, sucesión jurídica argentina, ejercicio concreto de autoridad hasta 1833, protesta inmediata contra el despojo y mantenimiento invariable del reclamo.

La ocupación británica carece de título originario válido y se funda en la imposición de la fuerza. Los documentos diplomáticos, los antecedentes históricos y la continuidad jurídica configuran un derecho que no nace de una reivindicación tardía, sino de la sucesión legítima y la posesión efectiva interrumpida por un acto de violencia.

Fuente consultada

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino

Un miércoles en la biblioteca

SEDE

Biblioteca Popular Rotaria

Sarrachaga 6198 esquina Madrid – Isidro Casanova

El miércoles 18 de febrero, se atendió a los socios y lectores con turno, en la sala de los libros y en el salón de usos múltiples de planta baja.

Se reacomodó las sillas y mesas del salón de usos múltiples y está todo listo para la actividad del jueves 19/02 del taller de memoria para adultos mayores en la sede (de 9:00 a 10:30 Hs.).

El presidente de la institución recibió nuevamente al escritor Emilio Martín, por temas culturales y por la presentación de su libro, que se reprogramó para el sábado 28/03.

Además, el joven lector Sebastián tuvo la fortuna de intercambiar dialogo con el escritor Emilio Martin, con el cual quedo asombrado por su dialéctica y sugerencias de lectura.

Por razones de seguridad se están desarrollando las actividades a puerta cerrada con llave.

Algunas imágenes.

Hoy jueves a la mañana hay taller de memoria para adultos en la biblioteca

SEDE

Biblioteca Popular Rotaria

Sarrachaga 6198 esquina Madrid – Isidro Casanova

Salón de usos múltiples

Taller de Memoria (para adultos mayores)

Hoy jueves 19 de febrero (9:00 Hs. a 10:30 Hs.)

Estimular la memoria, la atención y la concentración, prevenir el deterioro cognitivo, mejorar la autoestima y fomentar la socialización.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Súmate a la Guardia Urbana Local

INFORMACIÓN COMUNITARIA

Municipio de La Matanza

¡Súmate a la Guardia Urbana Local!

¿Querés formar parte del equipo de Guardia Urbana?

¡Esta es tu oportunidad!

Requisitos:

Haber pertenecido a fuerzas de seguridad provinciales y/o nacionales.

Tener entre 25 y 55 años.

Secundario completo.

Registro de conducir con una antigüedad mayor a 2 años.

Si cumplís con los requisitos, súmate completando el formulario en:

lamatanza.gov.ar/proteccionciudadana/guardia-urbana

¡Te estamos esperando!

Taller de Poesía inicia en marzo

DIFUSIÓN

Taller de Poesía – Cuento – Novela

Llega marzo y empezamos

noracoria.wixsite.com/literatura

noracoriabreg@hotmail.com

Más que palabras

LITERATURA

Mañana Dios dirá

==============

De tanto comer salteado

ya me estoy acostumbrando.

Si temprano me levanto

y no hay yerba dentro el tarro

pa´que esperar el milagro,

me dibujo una sonrisa

y me voy yendo de prisa

a ver, si consigo algo…

Con qunientos de mandados

que le hice a Doña Mari,

con trecientos de Fornari

por regarle los rosales.

Por lavarle el auto a Juarez

y por vender los cartones,

hoy con mi perra Dolores,

no pasé necesidades.

Carlos Parrella

18 de Febrero de 1819

HISTORIA & EFEMÉRIDE

BATALLA DE LA HERRADURA

EL CHOQUE QUE REVELÓ LAS PROFUNDAS DIVISIONES DE UNA PATRIA EN FORMACIÓN

El 18 de febrero de 1819, en la Posta de La Herradura, sobre la margen sur del río Tercero, en el actual departamento San Martín de la provincia de Córdoba, se libró una batalla que, aunque menor en escala, fue parte integrante de la primera de las guerras civiles argentinas: la Batalla de La Herradura.

Fue un enfrentamiento entre fuerzas directoriales enviadas desde Buenos Aires y las fuerzas federales al mando del caudillo santafesino Estanislao López. El resultado, difícil y prolongado, terminó siendo considerado una victoria estratégica para los directoriales bajo el mando del coronel Juan Bautista Bustos, futuro caudillo cordobés.

Este combate, más allá de sus números, puso de manifiesto la profunda división existente entre quienes defendían la autoridad central impuesta por el Directorio de Buenos Aires y las fuerzas provinciales que reclamaban autonomía y respeto a la soberanía de sus regiones.

ANTEDECEDENTES: EL DIRECTORIO, LOS FEDERALES Y LA GUERRA CIVIL QUE SE AVIZORABA

Desde 1815, la provincia de Santa Fe había logrado liberarse de la dependencia política de Buenos Aires, enfrentando y venciendo en varias oportunidades las invasiones que desde la capital eran enviadas para someterla. Estos hechos solidificaron el liderazgo de Estanislao López y la consolidación de una postura federativa que ya amenazaba con romper la unidad impuesta por el Directorio.

El Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, en su afán de someter a Santa Fe, decidió desviar tropas que defendían la frontera norte contra los realistas para enviarlas contra los federales. Muy a regañadientes, Manuel Belgrano accedió a enviar al coronel Juan Bautista Bustos, quien había sido derrotado en la Batalla de Fraile Muerto el 20 de noviembre de 1818, donde López, con su astucia táctica, neutralizó la ofensiva directorial.

A comienzos de 1819, y ante la necesidad de reforzar esa ofensiva, el Directorio concentró fuerzas en distintos frentes: Juan José Viamonte con más de 2.500 hombres en San Nicolás de los Arroyos, Belgrano con unos 3.000 que descendían desde Tucumán, y Bustos con poco más de 800 hombres en Córdoba, reforzado con escuadrones bajo los coroneles Gregorio Aráoz de Lamadrid y José María Paz. Frente a ellos, López contaba con alrededor de 1.500 a 2.000 hombres.

JUAN BAUTISTA BUSTOS Y ESTANISLAO LÓPEZ: CAUDILLOS Y PROYECTOS EN CHOQUE

En esta batalla, la importancia de Estanislao López queda patente como caudillo santafesino, defensor incansable de la autonomía provincial, cuya autoridad y prestigio se consolidaban con cada enfrentamiento con las fuerzas centralistas. Por su parte, Juan Bautista Bustos no era solo un oficial enviado por el Directorio, sino un líder regional emergente que combinaba disciplina militar con comprensión de los intereses provinciales, perfil que lo llevaría a consolidarse como gobernador de Córdoba y referente del federalismo interior.

Ambos hombres, enfrentados en La Herradura, simbolizan la tensión histórica entre centralismo y federalismo: López continuó fortaleciendo Santa Fe y su liderazgo, mientras Bustos ganó reconocimiento que le permitió influir decisivamente en la política cordobesa y en la defensa de las provincias frente a Buenos Aires.

LA BATALLA: ESTRATEGIA, RESISTENCIA Y CORAJE

Bustos, consciente de la superioridad numérica del enemigo, escogió sabiamente su terreno. Situó sus fuerzas en una curva profunda del río Tercero, que describía una herradura natural, y allí levantó defensas con empalizadas y carretas armadas con piezas de artillería, haciendo difícil cualquier ataque frontal.

El 18 de febrero de 1819 se desató el combate. Durante tres días López ordenó una y otra vez el asalto sobre la posición defendida por Bustos, sin lograr quebrarla. Las tropas federales repetidamente chocaron con la infantería y artillería bien parapetadas. Las salidas de caballería, lideradas por los coroneles Gregorio Aráoz de Lamadrid y José María Paz, intentaron perseguir a las fuerzas federales, aunque esos movimientos también mostraron lo errático de la guerra civil: estos jefes, veteranos de campañas por la libertad, sentían el peso de luchar entre hermanos.

Al no poder atraer a Bustos a campo abierto ni forzar la posición defendida, López decidió finalmente retirar sus fuerzas. Los partes oficiales de la época difieren: Bustos afirmó haber perseguido a los federales hasta la Villa de los Ranchos, mientras López alegó haber optado por la retirada sin haber sido vencido en combate abierto. En realidad, la batalla quedó en un empate táctico, aunque se la considera estratégicamente favorable a Bustos porque impidió a López avanzar sobre Córdoba.

DESPUÉS DE LA BATALLA: ARMISTICIOS Y CAMINO A CEPEDA

Tras el combate, López inició maniobras hacia el noroeste, pero al llegar a la Villa de los Ranchos recibió noticias preocupantes sobre la situación en Rosario, donde las fuerzas directoriales de Viamonte estaban cercadas por federales. Fue entonces cuando López propuso un armisticio con Viamonte, aceptado por ambas partes, firmado el 12 de abril de 1819, aunque apenas duró ocho meses.

Durante ese breve período, las provincias siguieron marcando su propio rumbo: Santa Fe elaboró y sancionó una constitución provincial de corte republicano, y López consolidó su autoridad regional. Bustos, por su parte, se consolidó como figura central en Córdoba, y su influencia sería decisiva en los años posteriores para sostener el federalismo interior.

Lo que siguió fue el acceso definitivo de los federales al triunfo sobre el Directorio unitarista en la Batalla de Cepeda de 1820, que marcó el fin del sistema directorial y la apertura de una etapa de autonomías provinciales que modelarían el federalismo argentino.

LA BATALLA DE LA HERRADURA, UNA LECCIÓN

La Batalla de La Herradura no fue simplemente otro choque de fuerzas: fue un espejo en el que quedó reflejada la crisis de la joven patria.

La autoridad impuesta desde Buenos Aires, sin respeto por las realidades provinciales, chocó con la voluntad de autonomía de los territorios interiores. Bustos y López no solo representaron ejércitos, sino proyectos contradictorios de organización política para nuestras Provincias Unidas.

El resultado de este combate, la negociación posterior y los hechos que le siguieron enseñan que la Argentina no se forjó por decreto, sino por la lucha de sus pueblos por su propio destino y su propio lugar en la historia.

Fuente consultada

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino

martes, 17 de febrero de 2026

17 de Febrero de 1922

HISTORIA & EFEMÉRIDE

Artículo no apto para menores de 16 años.

“CON ASESINOS NO NOS ACOSTAMOS”

El 17 de febrero de 1922, en Puerto San Julián, cinco mujeres del prostíbulo La Catalana se negaron a recibir a soldados del Ejército Argentino que venían de participar en los fusilamientos masivos de peones rurales en el territorio santacruceño.

Los uniformados pertenecían al 10° de Caballería y actuaban bajo el mando del teniente coronel Héctor Benigno Varela.

Las mujeres Consuelo García, Ángela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliache y Maud Foster los enfrentaron y los echaron al grito de: “¡Con asesinos no nos acostamos!”. No fue una frase suelta ni una exageración: para febrero de 1922 la región ya sabía que centenares de peones habían sido fusilados sin juicio.

Aquella fue la única protesta pública registrada en medio del silencio impuesto por el terror. Fueron detenidas, hostigadas y luego liberadas. El gesto quedó como una marca moral frente a la masacre.

LA ANITA Y EL INICIO DEL EXTERMINIO

El punto de quiebre se había producido el 7 de diciembre de 1921 en la Estancia La Anita, cerca de El Calafate. Allí se concentraban cientos de huelguistas rurales organizados en torno a la Federación Obrera Regional Argentina y la Sociedad Obrera de Río Gallegos.

Los peones reclamaban pago en moneda y no en vales, reducción de jornadas extenuantes, mejores condiciones de vivienda y respeto básico en las estancias ovinas.

Tras negociaciones tensas, muchos trabajadores depusieron las armas con la expectativa de que se respetara su vida. La promesa no se cumplió. En los días siguientes comenzaron los fusilamientos sistemáticos.

Las ejecuciones continuaron en distintos puntos del territorio, incluyendo zonas cercanas a Jaramillo, Río Gallegos y otras estancias como Bella Vista. Las estimaciones históricas hablan de entre 300 y 1.500 trabajadores fusilados.

Muchos fueron enterrados en fosas comunes. No hubo juicios formales ni registros exhaustivos. Santa Cruz era entonces Territorio Nacional, dependiente directamente del gobierno central, lo que facilitó la intervención militar sin contrapesos institucionales locales.

EL FUSILAMIENTO DE FACÓN GRANDE

El 10 de noviembre de 1921, en Jaramillo, fue fusilado el dirigente obrero José Font, conocido como “Facón Grande”. Su ejecución marcó un mensaje claro: la represión no apuntaba sólo a disolver la huelga sino a eliminar su conducción.

Para entonces el presidente Hipólito Yrigoyen había ordenado el envío de tropas para “restablecer el orden” en la región. La segunda campaña militar, a fines de 1921, fue abiertamente represiva y culminó con el aniquilamiento del movimiento huelguístico.

Si bien no existe documento público que contenga una orden escrita de fusilamientos firmada por el presidente, la responsabilidad política del gobierno nacional resulta ineludible: el Poder Ejecutivo dispuso la intervención militar, sostuvo la campaña y no impulsó investigación ni sanción posterior frente a las ejecuciones sin juicio.

Como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el presidente era la máxima autoridad política sobre la operación desarrollada en territorio santacruceño.

Durante el conflicto también se registraron episodios de violencia en el marco de la huelga —tomas de estancias, enfrentamientos armados y muertes—, pero la represión posterior fue sistemática y desproporcionada, alcanzando incluso a trabajadores que ya se habían rendido. Allí radica el núcleo de la controversia histórica.

LA CADENA DE VIOLENCIA

El 27 de enero de 1923, en Buenos Aires, el anarquista alemán Kurt Gustav Wilckens asesinó a Varela en represalia por las ejecuciones en Santa Cruz. Meses más tarde, el 15 de junio de 1923, Wilckens fue asesinado en la Penitenciaría Nacional por Jorge Pérez Millán, vinculado a la Liga Patriótica Argentina.

A su vez, en 1925, Pérez Millán fue muerto en el Hospicio de las Mercedes por el interno anarquista Boris Wladimirovich, quien según testimonios de la época le habría dicho antes de disparar: “Esto te lo manda Wilckens”.

La espiral de represalias mostró que la herida seguía abierta y que la violencia generada en la Patagonia no había concluido con los fusilamientos.

En el Cementerio de la Chacarita, donde fueron sepultados los restos de Varela, circuló durante años la referencia a una placa de homenaje que agradecía los “servicios prestados”. Esa mención generó polémica y versiones sobre su posterior desaparición.

Más allá de las controversias en torno a su redacción exacta, el dato ilustra el clima político y social de la época, en el que sectores nacionalistas reivindicaban la represión mientras amplios sectores obreros la denunciaban como masacre.

LA HERIDA ABIERTA

Los hechos serían conocidos como la Patagonia Rebelde o Patagonia Trágica. Durante décadas quedaron relegados al silencio oficial, hasta que investigaciones históricas los devolvieron al debate público.

La discusión sobre el papel del gobierno radical, del presidente Yrigoyen y de los mandos militares forma parte de ese debate pendiente en la memoria argentina.

Por eso el 17 de febrero no es una anécdota marginal. Es la fecha en que, en medio del miedo y la sangre todavía fresca en la memoria colectiva de Santa Cruz, cinco mujeres comunes dijeron en voz alta lo que muchos callaban.

Su gesto no detuvo la represión ni reparó la injusticia, pero dejó constancia de que incluso en el momento más oscuro hubo quien señaló a los responsables y se negó a legitimarlos con el silencio.

Fuente consultada

Revisionismo Histórico Argentino

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino