FILOSOFÍA
El problema no es que la gente
haya perdido el contacto con los hechos. El problema es que nunca tuvo un
contacto directo con ellos.
Así lo planteó Ernst
Cassirer, filósofo alemán especializado en el estudio del simbolismo y
la cultura humana. Este pensador, que escapó del nazismo y enseñó en
universidades como Yale y Columbia, dejó escrita una idea que resuena con
fuerza extraña en tiempos de redes sociales, algoritmos y narrativas
enfrentadas. El hombre no es un animal racional, dijo Cassirer. Es un animal
simbólico.
Esa definición cambia por
completo la forma de entender la llamada post verdad. No se trata de una
enfermedad nueva ni de una corrupción moral del lenguaje. Se trata de una
condición humana que siempre estuvo ahí y que ahora se manifiesta con
herramientas distintas.
Un mundo construido con símbolos
Cassirer explicó en su
Antropología filosófica que los seres humanos no accedemos a la realidad física
de manera inmediata. Entre nuestros sentidos y el mundo exterior se interpone
una red de símbolos. El lenguaje, el mito, el arte, la religión y la ciencia
funcionan como lentes a través de los cuales miramos todo lo que existe.
Un animal reacciona a una señal.
Un perro puede asociar un sonido con la comida. Pero un ser humano, dijo
Cassirer, hace algo diferente. Construye un universo de sentido donde las
palabras no solo describen cosas, sino que las nombran, las ordenan y les
otorgan significado. Ese salto entre la señal y el símbolo es lo que nos separa
del resto de las especies.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando
el sistema de símbolos se fragmenta? La respuesta de Cassirer es inquietante.
Si las redes simbólicas se rompen, el mundo mismo se quiebra. No hay una
realidad sólida ahí afuera esperando ser descubierta. Hay múltiples construcciones
simbólicas compitiendo entre sí.
El yo en la era de las cámaras
de eco
Otro hallazgo central de
Cassirer tiene que ver con la construcción del yo. El sujeto no nace sabiendo
quién es. Se forma en el diálogo, en la tensión entre el yo, el tú y el él. Esa
estructura tríadica es la base de cualquier comunidad que dialogue. El reconocimiento
del otro como interlocutor válido es lo que permite distinguir entre una
opinión y un hecho.
Sin embargo, las redes sociales
han favorecido un modelo diferente. En lugar del diálogo abierto, proliferan
las cámaras de eco donde el yo solo se encuentra con versiones amplificadas de
sí mismo. El otro deja de ser un interlocutor y se convierte en una amenaza o
en un irrelevante. La función crítica del lenguaje, esa capacidad de decir
"esto es esto porque aquello", se atrofia. Lo que queda es la
afirmación tribal. Nosotros tenemos la razón. Ellos están engañados.
Cassirer no usó el término post
verdad. Pero describió con precisión sus mecanismos. La verdad no es para él un
objeto que se posee. Es un equilibrio frágil entre formas simbólicas que deben
dialogar. Cuando una de esas formas, sea el mito, la emoción o la identidad
grupal, pretende anular a las demás, la realidad se vuelve inestable.
La ciencia también es un símbolo
Una confusión frecuente en el
debate sobre la post verdad consiste en oponer los hechos científicos a las
creencias subjetivas como si los primeros fueran pedazos de realidad pura.
Cassirer rechazó esa idea. La ciencia no es un espejo neutro del mundo. Es una
forma simbólica más, con sus propias reglas y métodos. El número, la ley
física, la clasificación biológica, son construcciones que permiten ordenar la
experiencia de manera eficaz y compartida.
Lo que distingue a la ciencia de
otras formas simbólicas no es su acceso privilegiado a la verdad absoluta. Es
su disposición a la crítica. La ciencia admite la posibilidad de error. Revisa
sus propias bases. Permite que un hecho nuevo derribe una teoría antigua. Esa
humildad metodológica, paradójicamente, es su mayor fortaleza. Y también su
mayor vulnerabilidad frente a relatos míticos que ofrecen certezas inmediatas y
reconfortantes.
El momento actual como conflicto
de formas simbólicas
Desde esta perspectiva, la post
verdad no es una distorsión puntual. Es un síntoma de una lucha más amplia
entre dos maneras de construir el mundo. Una, la científica, basada en la
verificabilidad, la provisionalidad y el diálogo crítico. Otra, la mítica,
basada en la repetición, la pertenencia y la eficacia emocional.
Las redes sociales y los
algoritmos no crearon este conflicto. Lo potenciaron. La velocidad de
circulación de la información favorece los mensajes que provocan reacciones
inmediatas. El análisis reposado, la verificación cruzada y la exposición a
puntos de vista opuestos requieren tiempo y energía. La arquitectura digital no
está diseñada para eso. Está diseñada para mantener la atención. Y la atención
se sostiene mejor con emociones fuertes que con matices.
Cassirer murió en 1945, antes de
la televisión masiva y mucho antes de internet. Pero su diagnóstico sobre la
fragilidad del mundo simbólico humano sigue vigente. No hay una realidad única
esperando ser descubierta. Hay múltiples construcciones simbólicas que chocan
entre sí. La pregunta no es cómo volver a los hechos. La pregunta es cómo
mantener viva la capacidad de distinguir entre una señal que nos hace
reaccionar y un símbolo que nos invita a pensar.
La clave está en la mediación
El filósofo alemán insistió en
un punto que suele pasarse por alto. El paso de la señal al símbolo implica una
demora. Un retraso entre el estímulo y la respuesta. Ese intervalo es el
espacio donde cabe la reflexión, la duda y el juicio. La post verdad ocurre
cuando ese intervalo se achica hasta desaparecer. La emoción lo ocupa todo. La
respuesta se vuelve automática. El diálogo se reemplaza por el grito.
No se trata de eliminar la
emoción del debate público. Eso sería imposible y probablemente indeseable. Se
trata de recuperar el espacio de mediación donde las emociones se transforman
en argumentos y los argumentos se ponen a prueba. Ese espacio no es natural. Es
una construcción cultural frágil que requiere ser cuidada.
Ahora te pregunto a ti que
llegaste hasta aquí. ¿Cuántas veces en la última semana reaccionaste con fuerza
a un titular sin verificar si lo que decía era cierto? No se trata de culparte.
Se trata de reconocer que todos habitamos ese espacio simbólico donde la
emoción compite con el análisis.
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antropológica.
Fuente
Cassirer, E. (1971/2016).
Filosofía de las formas simbólicas I. El lenguaje. Fondo de Cultura Económica.
Cassirer, E. (1944/2015).
Antropología filosófica. Introducción a una filosofía de la cultura. Fondo de
Cultura Económica.
Redacción Nota Antropológica