REFLEXIÓN
El hijo que no lava ni su plato…
termina viviendo como si todo el mundo le debiera algo.
No se trata del plato, se trata
de la actitud.
De esa mentalidad cómoda que
dice: “alguien más lo hará por mí”.
Ese hijo que deja todo tirado,
que espera que mamá le sirva, le lave, le recoja… está aprendiendo a depender,
no a crecer.
Porque quien no ayuda en casa,
mañana será el adulto que culpa al gobierno, a la suerte o a los demás por lo
que no logra.
Será el que dice “la vida es
injusta” sin recordar que nunca movió un dedo por mejorarla.
El carácter no se forma con
discursos, se forma en los pequeños actos diarios: lavando un plato, barriendo
un piso, escuchando límites.
Ahí nace el respeto, la gratitud
y la responsabilidad.
El que no aprende a servir,
tampoco sabrá sostener una familia, ni agradecer lo que tiene.
Reflexión
Criar hijos responsables cansa,
sí…pero criar hijos cómodos destruye.
Si estás criando, enseña a
colaborar.
Y si eres ese hijo, entiende
esto: tu madre no es tu empleada, ni tu casa un hotel.
Eres parte del hogar… y eso
también implica aportar.