martes, 11 de junio de 2019

Actualidad

EDICIÓN IMPRESA
Los enigmas económicos poselectorales

Hay una sencilla causa por la cual hay que esperar sí o sí cambios relevantes: la tasa de riesgo-país oscila entre los 900 y los 1.000 puntos.

Por Walter Graziano
¿Qué novedades habrá en el terreno económico a partir del próximo mandato presidencial? Sea el oficialismo o sea la oposición quien termine victorioso en las elecciones, será necesario esperar novedades. En este punto alguien podría preguntarse por qué en caso de ganar el oficialismo cabe esperar cambios económicos de relevancia. La respuesta es sencilla. No sólo la economía está hoy tan pero tan mal que hay que esperar novedades porque ningún gobierno que se precie de tal puede darse el lujo de perder popularidad a alto ritmo. No sólo ese factor obligará a quien gane las elecciones a apurar y anunciar medidas económicas aunque -al menos en el caso de Cambiemos- pudiera parecer que ni siquiera hay intención de pensarlas. La cuestión es que hay una sencilla causa por la cual hay que esperar sí o sí cambios relevantes: la tasa de riesgo-país oscila entre los 900 y los 1.000 puntos. Las elecciones, sea cual fuere su resultado, serán insuficientes para que el riesgo-país vuelva a niveles compatibles con el acceso a los mercados internacionales de crédito. En otras palabras, el riesgo-país seguirá siendo muy alto a inicios del próximo mandato presidencial y por lo tanto, seguirá siendo necesario usar dólares del FMI para pagar la deuda en dólares. Pero los dólares del FMI van a terminar de llegar a fines de este año. A partir de allí sólo quedará un stock de reservas líquidas que no llegará a los u$s15.000/ 20.000 millones si se exceptúa el swap con China y los encajes de los depósitos en dólares. En el año 2020 van a vencer entre u$s30.000 y u$s35.000 millones si se tiene la suerte de que los vencimientos de corto plazo de aquí hasta fin de año puedan ser renovados. Ello va a imponer duros condicionamientos a quien asuma -o reasuma- el poder. Es por eso que habrá que esperar novedades económicas y financieras de gran relevancia a fines de este 2019. Estas novedades deberán en principio cubrir al menos cuatro variables económicas claves: la deuda, el dólar, las tasas y los precios. Es en estas variables en las que hoy tenemos grandes incógnitas. Veamos por qué.
1| LA DEUDA
Como hemos dicho, quien gane las elecciones tendrá el sinsabor de comprobar que el hecho de que la incertidumbre electoral comience a disiparse va a resultar claramente insuficiente para que el crédito al país se reanude. Ello, casi seguro, no va a ocurrir. Quien gobierne entonces tendrá que anunciar novedades relevantes con respecto tanto a la política de gastos e ingresos presupuestarios y extrapresupuestarios como también con respecto a cómo hará para financiar el pago de la deuda ante el posible y probable achicamiento a niveles límites de las reservas de libre disponibilidad. Hay que hacer notar que no bastará con refinanciar los dólares prestados por el FMI para poder seguir pagando la deuda. Las cuotas de repago de los dólares del FMI van a empezar a vencer desde mediados de 2021. Y la realidad es que desde mucho tiempo antes va a ser necesario encontrar alguna fuente de financiamiento en divisas para no caer en default. Ello implica que más allá de las previsibles declaraciones en el sentido de que se piensa honrar los compromisos del país más allá de las elecciones es improbable que tales declaraciones puedan calmar a los mercados una vez que estemos pisando el comienzo de 2020.
2| LOS PRECIOS
¿Piensa quien gobierne el país en 2020 seguir con un intento por abatir la inflación de manera gradual? ¿O por lo contrario se va a intentar una política de shock para acabar de un solo golpe con la inflación? Desde ya que una contestación a esta pregunta está atada también a la respuesta que pudiera darse al tema de la deuda. Es fácil advertir por qué. No es probable que haya posibilidad de aplicar un plan de shock que no responda de manera exitosa al problema del repago de la deuda. Y además, aunque se intente una política gradualista para abatir la inflación, tal salida también va a resultar muy dependiente de lo que se decida con la deuda. En otras palabras: si se puede garantizar un cierto repago de la deuda por un período relevante de tiempo, entonces más éxito podrá tenerse en abatir la inflación, sea de manera gradual, o sea través de un shock antiinflacionario. Al respecto debemos decir que, al revés de como se suele pensar últimamente, un “shock” antiinflacionario, no debería resultar de ninguna manera una especie de “mala palabra”. Hay cierta creencia de que un shock implica recesión, impuestazo, tarifazo y retracción de consumo. Y la verdad es que no tendría por qué ser así: en la historia argentina hay varios ejemplos de shocks económicos que no significaron ni recesión ni desempleo ni nada por el estilo, sino todo lo contrario: reactivación y más mano de obra empleada. El fin abrupto y caótico de estos planes de shock fue obra del pésimo manejo económico por parte de los ministros que se dedicaron a administrar la economía en aquellos años y no a que resulte una condición “sine qua non” que un plan de estabilidad con características de shock implique la necesidad de variables recesivas o empobrecedoras. Más bien es probable lo contrario.
3| EL DÓLAR Y LAS TASAS
Desde esta columna hemos dicho que un set de precios relativos óptimo necesitaría de un tipo de cambio real alto y de tasas de interés reales lo más bajas posible. Esto es lo deseable. Lo que habrá que ver es si la economía internacional no resulta desde fines de este año en adelante un condicionante para que ello sea posible. Hoy existe la gran ventaja de que el mundo es todo lo favorable posible a las economías emergentes. Quien descrea de ello pensando que los precios de muchos commodities están en niveles relativos bastante bajos no tiene en cuenta que ello castiga en general a sectores exportadores tradicionales, pero por lo contrario hace más llevadera la asfixiante situación fiscal de países como Argentina. En otras condiciones internacionales, sea por un mayor nivel de actividad en el Hemisferio Norte que implicara mayores tasas de interés allí, o sea por una certeza deflacionaria en los países industrializados que espantara capitales de países emergentes como Argentina, estaríamos en presencia de presiones que elevarían las tasas de interés en dólares en el exterior a niveles incompatibles con cualquier atisbo de estabilidad aquí en Argentina.
Todos estos temas: pago de la deuda, política de precios, tipo de cambio real y tasas de interés son hoy un gran misterio desde diciembre en adelante. El gran problema es que hay grandes probabilidades de que ello siga así aún hasta fechas tan cercanas como lo son fines de noviembre o incluso, de diciembre.
Fuente: Diario Ámbito Financiero, 1º de junio de 2019.
https://www.ambito.com/los-enigmas-economicos-poselectorales-n5036465

domingo, 9 de junio de 2019

Obituario



Sres.
Socios y Vecinos de la Comunidad
Informamos:
La Comisión Directiva de la Biblioteca Popular Rotaria de Isidro Casanova hace llegar las condolencias a los integrantes Asociación Civil Amar y Crecer con Esperanza y la Familia de su Presidente en ejercicio, José Aníbal Morales, por su lamentable pérdida, Elevaremos una plegaria por su descanso eterno.-
“Padre nuestro,
que estás en los cielos,
santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino;
hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánosle hoy;
y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
no nos dejes caer en tentación,
mas líbranos del mal”.
Isidro Casanova, 09 de Junio de 2019.-
 

martes, 4 de junio de 2019

Actualidad

El 19 de octubre
Como hace 209 años, Napoleón se casará con la princesa austríaca
La boda de Jean-Christophe Bonaparte y Olympia será en París. Él es descendiente del emperador francés y ella, de Maria Luisa, la princesa imperial con la que se casó en 1810.
Un heredero de Napoleón Bonaparte contraerá matrimonio con una descendiente de la princesa con la que el emperador francés se casó en 1810. (AFP)
Idafe Martín
Las familias reales europeas tienen cita el 19 de octubre en la Catedral de Saint-Louis-des-Invalides de París. Podrán asistir al matrimonio religioso de una pareja que parece sacada de la historia europea. Son dos jóvenes. Él, Jean-Christophe, nacido en 1986. Ella, Olympia, nacida en 1988.
Jean-Christophe y Olympia. (AFP)
Ricos, políglotas, de buena familia, elegantes y bien vestidos aunque no especialmente agraciados y un poco despistados, como cuando se hicieron robar el anillo de pedida en abril de 2018 en París. Su enlace será uno de esos que suceden cada año en Europa entre miembros de la nobleza hereditaria y que llenan de bonitas imágenes las revistas del corazón. Pero este se puede contar de otra forma. Empecemos de nuevo.
Pintura que representa el casamiento de Napoleón con la princesa María Luisa en 1810. (AFP
Napoleón se casa con la princesa austríaca. Como hace 209 años. Jean-Christophe Bonaparte es descendiente directo de aquel Napoleón Bonaparte que fue emperador francés y que puso bajo su bota a media Europa para terminar sus días desterrados en una isla perdida en medio del Atlántico.
Olympia se llama también Elena María Von Un Zu Arco-Zinneberg, es condesa y bisnieta del último emperador de Austria, Carlos I y de su esposa la emperatriz Zita. Y, siguiendo esa rama de la familia real austríaca, es descendiente directa de María Luisa, la joven princesa imperial que en 1810 se casó con Napoleón Bonaparte.
Un matrimonio que fue todo un acontecimiento en la época porque María Luisa era hija de Francisco I, emperador de Austria y enemigo acérrimo de Napoleón Bonaparte. Y sobrina nieta de María Antonieta, otra princesa austríaca que se casó con otro rey francés (Luis XVI) y que acabó decapitada en los años de la Revolución francesa.
La ascendencia de Jean-Christophe es sencilla. Es nieto de un nieto de Jérôme Bonaparte, hermano de Napoleón. La ascendencia de Olympia con la emperatriz imperial María Luisa es más imbricada, pero no imposible de trazar. Olympia es bisnieta de Carlos I, último emperador austríaco, quien fue sobrino-nieto de María Luisa.
Jean-Christophe y Olympia. (AFP)
La prensa de media Europa les busca parentesco con sus familias reales, destronadas o todavía en el trono. En Bélgica cuenta el diario ‘La Libre Belgique’ que Jean-Christophe es el nieto del difunto príncipe Luis Napoleón, hijo de la princesa Clémentine de Bélgica y siguiendo ese hilo nieto del rey Leopoldo II.
Pintura que representa el casamiento de Napoleón con la princesa María Luisa en 1810. (AFP)
Olympia también tiene parentesco con la familia real belga. Su madre es la archiduquesa Beatrice de Austria, hermana del príncipe Lorenzo de Bélgica. Olympia creció con sus padres y sus cinco hermanas en Estados Unidos. Sus padres tienen una villa en Santo Domingo y un castillo en la región alemana de Baviera.
Jean-Christophe es puro producto de la elite francesa. Diplomado del HEC, la prestigiosa Escuela de Comercio francesa, también estudió en la Universidad estadounidense de Harvard y trabajó en Wall Street antes de trasladarse a la City londinense.
Jean-Christophe y Olympia. (AFP)
El próximo 19 de octubre, ambos reproducirán de alguna manera la boda imperial que se celebró en 1810 y que Napoleón Bonaparte utilizó para tener descendencia (la primera princesa que le ofrecieron, una rusa, tenía sólo 14 años, aparentaba menos y a Napoleón le pareció demasiado infantil) y para aliarse a los Habsburgo contra ingleses, prusianos y rusos.
Era el segundo matrimonio de Napoleón Bonaparte después de que su primera esposa, Josefina Beauharnais no le hubiera dado un heredero. María Luisa no tardó ni un año. El 20 de marzo de 1811 nació Napoleón François Charles Joseph Bonaparte, también conocido en la familia como “El Rey de Roma” y a quien la tuberculosis se llevó por delante con 21 años.
Pocos medios han podido hablar con la pareja. Jean-Christophe, a quien si usted se lo encuentra debería dirigirse como "Su Alteza Imperial" porque ostenta el título de príncipe imperial, contó al diario francés "Le Figaro" que “es una historia de amor antes que un guiño a la historia. Cuando conocí a Olympia lo primero que me llamó la atención fue su mirada (ese romanticismo de principios del siglo XIX) y no su árbol genealógico. Después sí pudimos reírnos un poco por la coincidencia histórica”.
Biografía consultada
Diario Clarín, Sociedad I, Europa, “Como hace 209 años, Napoleón se casará con la princesa austríaca”, Idafe Martín, 03/06/2019.

lunes, 3 de junio de 2019

Opinión

EL PAÍS
Opinión
Tuyutí en el recuerdo
Por Mempo Giardinelli
La semana pasada, por otras urgencias periodísticas, esta columna no pudo abordar la planeada evocación de la Batalla de Tuyutí, quizás la más dolorosa expresión de un modelo de colonización que llega hasta nuestros días. 
El 23 de mayo es por eso una fecha no sólo de anticipación a nuestro glorioso 25 en el 1810. También es la fecha más luctuosa y dramática de la historia sudamericana. Porque ese día, en 1866, en los campos del Paso de la Patria paraguayo, pocos kilómetros río arriba del Paso de la Patria correntino, tuvo lugar la batalla en la que las tropas paraguayas al mando de Francisco Solano López fueron derrotadas por el ejército aliado que comandaba Bartolomé Mitre, y la cual diversas fuentes coinciden en que fue la más cruenta librada en territorio sudamericano.
Y algunas, como Wikipedia, sostienen que se enfrentaron allí 35.000 aliados con 60 cañones, contra 23.000 paraguayos con sólo 4 cañones, y choque que algunos cálculos aseveran que produjo 30.000 muertos en total. Otras fuentes señalan que fueron 25 mil paraguayos lanzados contra 39 mil aliados (21.000 brasileños, 16.000 argentinos y 2000 orientales). Y otros más estiman el número de víctimas en 5000 del lado paraguayo, y 7000 en el aliado, con igual cantidad de heridos en ambos bandos. En cualquier caso, aquello fue un horror como pocas veces se vivió en este continente.
Algunas crónicas dicen que los paraguayos estuvieron al borde de una victoria que hubiese sido desastrosa y final para los aliados, pero debieron replegarse por los estragos que les causaba la artillería brasileña. Como fuere, el ataque paraguayo al campamento aliado pretendía ser el golpe final para inclinar la guerra a su favor, y quizás por eso la furia y decisión guaranítica, que buscaba acabar militarmente y de una vez con el enemigo, para así negociar la paz y la retirada de su territorio. 
Batalla emblemática de esa guerra que se llamó “de la Triple Alianza”, hasta hoy Tuyutí es considerada la más sangrienta librada en América del Sur porque en algo más de cuatro horas lo mejor del ejército paraguayo fue destruido y López nunca más pudo reunir una fuerza semejante. Y las tropas aliadas se establecieron firme y definitivamente en territorio paraguayo.
En aquel tiempo los gobiernos de Argentina, Uruguay y Brasil se habían unido en ominosa defensa de los intereses de Gran Bretaña, imperialismo mundial de la época, en contra de una nación (Paraguay) que llevaba adelante un modelo propio y autónomo de desarrollo industrial y con decidida autodeterminación.
Ese pequeño país interior, en el corazón de la América del Sur y sin salida al mar, al decir de Juan Bautista Alberdi (hoy un argentino reconocido con amor en el Paraguay contemporáneo) tenía “por emblemas” sus propias líneas de navegación a vapor, energía y telégrafos eléctricos, fundiciones metalúrgicas, astilleros y arsenales, y hasta ferrocarriles propios. Por su parte Felipe Pigna sostiene que –bajo los gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano López– “la mayor parte de las tierras pertenecía al Estado, que ejercía además una especie de monopolio de la comercialización en el exterior de sus dos principales productos: la yerba y el tabaco. El Paraguay era la única nación de América Latina que no tenía deuda externa porque le bastaban sus recursos”.
Esa fue una guerra de destrucción, que enfrentó a Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, entre 1865 y 1870 respondiendo a los intereses británicos, pero además tuvo por objetivo acabar con un modelo autónomo de desarrollo como el paraguayo, que se estaba constituyendo en un pésimo ejemplo para el resto de América.
El conflicto se había originado en 1863, cuando el Uruguay fue invadido por un grupo de liberales uruguayos comandados por el general Venancio Flores, quienes derrocaron al gobierno blanco, federal y único aliado del Paraguay en la región. Esa invasión-provocación se había preparado en Buenos Aires y con aprobación brasileña. Y cuando Paraguay quiso intervenir en defensa del gobierno uruguayo aliado que había sido depuesto, y declaró la guerra a Brasil, el gobierno de Mitre no permitió el paso de tropas paraguayas por el puerto de Corrientes, lo que forzó a Solano López a declarar la guerra también a Argentina. 
Quizás fue un error estratégico y de mensura del propio poder, pero cuando en mayo de 1865 se firmó el Tratado de la Triple Alianza la suerte de aquel Paraguay independiente y desarrollado quedó sellada. Y si entre 1865 y 1870 prácticamente se vació de varones, adultos y niños, y quedó en ruinas, fue a la vez por un mandato imperial que por una decisión sudamericana. El país que Felipe Pigna bien definió como “mal ejemplo para el resto de América latina” fue condenado para siempre, al menos hasta ahora un siglo y medio después, al subdesarrollo y la pobreza.
La impopularidad de esa guerra en la Argentina fue enorme. Y a los tradicionales conflictos generados por la hegemonía porteña, se sumaron levantamientos de caudillos locales en Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis. La oposición a la guerra se manifestaba de las maneras más diversas, entre ellas la actitud de los trabajadores de los astilleros correntinos, que se negaron a construir embarcaciones para las tropas aliadas. Y también en la prédica de pensadores que, como Alberdi y José Hernández, el autor del Martín Fierro, apoyaban decididamente al Paraguay. El caudillo catamarqueño Felipe Varela –el de la popular zamba– lanzó incluso una proclama llamando a la rebelión y a no participar en una guerra fratricida: “Ser porteño –sentenció– es ser ciudadano exclusivista, y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre”. 
La guerra duró hasta 1870, cuando Sarmiento asumió la presidencia y justo las tropas aliadas lograron tomar Asunción. El Paraguay quedó destrozado, diezmada su población, arrasado su desarrollo y ocupado su territorio. 
Tuyutí fue más que una primera y horrorosa batalla; fue el anuncio letal de una conducta que de diversos modos la América y nuestra Argentina han sufrido muchas veces.
Bibliografía
Diario Página 12, El País, Opinión, Tuyutí en el recuerdo, Mempo Giardinelli, 03 de junio de 2019.