jueves, 26 de abril de 2018

Organización Mundial de la Propiedad Intelectual

26 de abril
Es celebrado el Día Mundial de la Propiedad Intelectual para conocer la función que desempeñan los derechos de propiedad intelectual (patentes, marcas, diseños industriales, derecho de autor) en el fomento de la innovación y la creatividad.
¿Qué es la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual?
La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) es el foro mundial en lo que atañe a servicios, políticas, cooperación e información en materia de propiedad intelectual (PI). Es un organismo de las Naciones Unidas (ONU), autofinanciado, que cuenta con 191 Estados miembros.
La misión de la OMPI es llevar la iniciativa en el desarrollo de un sistema internacional de Propiedad Intelectual equilibrado y eficaz, que permita la innovación y la creatividad en beneficio de todos. El mandato y los órganos rectores de la OMPI, así como los procedimientos que rigen su funcionamiento, están recogidos en el Convenio de la OMPI, por el que se estableció la Organización en 1967.

miércoles, 25 de abril de 2018

25 de Abril de 1863

Comienza la construcción del Ferrocarril Central Argentino
El Ferrocarril Central Argentino (F.C.C.A.) fue una empresa de capitales teóricamente británicos que operó en las provincias argentinas de Santa Fe y Córdoba durante la segunda mitad del Siglo XIX y la primera mitad del Siglo XX. Su nombre en inglés era “Central Argentine Railway” (CA).
En 1863, el gobierno de Argentina le otorgó a la compañía, manejada por el ingeniero William Wheelwright, una concesión para construir y explotar una línea de ferrocarril entre las ciudades de Rosario y Córdoba (una gran ciudad cerca del centro geográfico del país y capital de la provincia del mismo nombre). El permiso incluía una cláusula por la que las tierras adyacentes cedidas por el Estado Nacional debían ser pobladas. Sin embargo, la historia había comenzado unos años atrás.
La línea se comienza a construir el 25 de abril de 1863, iniciándose el tendido a partir de la ciudad de Rosario. La línea de trocha ancha (1,676 m) avanzó hacia el oeste, alcanzando el 1 de mayo de 1866 la población de Cañada de Gómez, abriéndose al servicio el primer tramo, de 71 km.
El 1 de septiembre de 1867 la línea llega hasta Villa Nueva (hoy Villa María), a 253 km. de su inicio. Y en ese punto se paralizan las obras.
El ministro Rawson presenta su protesta por la paralización de los trabajos. Además, las quejas de los usuarios por la deficiente calidad del servicio prestado no dejan de aumentar. La estación central de Rosario ni siquiera se ha comenzado a construir. Las estaciones intermedias no existen. El telégrafo no se ha implantado. La compañía argumenta que si no se hace entrega de las tierras pendientes no pueden continuar los trabajos. La realidad es que requieren nuevos aportes financieros que, nuevamente, saldrán de las arcas públicas.´
Por ley del 12 de septiembre de 1867, el Gobierno autoriza la realización de un nuevo aporte de 1.500.000 pesos fuertes, que se suman a las cantidades previamente aportadas (200.000 pesos fuertes como suscripción de acciones, 214.952 como ganancia garantizada sobre las cantidades invertidas en la construcción hasta Villa Nueva (cantidades que, en realidad, nunca fueron realmente invertidas por la empresa contratista).
El convenio por el cual se hace este aporte, dice que el Gobierno entrega títulos por 1.000.000 de pesos fuertes, y recibe a cambio acciones por 750.000. Ejemplo flagrante de corrupción, ya que este convenio está firmado el 12 septiembre de 1867 por el doctor Lucas González, en nombre del Gobierno, como Ministro de Hacienda, y a favor del Ferrocarril Central Argentino. En junio de 1868, el mismo Lucas González firmará otros documentos, pero entonces lo hará en representación del mismo ferrocarril.
Finalmente, el 13 de marzo de 1870, el trazado llega hasta la ciudad de Córdoba, y la línea es inaugurada oficialmente por el Presidente Domingo Faustino Sarmiento el 13 de abril del mismo año. Era la línea ferroviaria más larga del país en ese tiempo, y el primero en unir dos provincias.
La estación terminal de Rosario, la Estación Rosario Central, finalmente se comienza a construir en 1868 y se completa también en 1870.
La inauguración oficial de la línea daba derecho a la empresa a percibir la suma de 553.280 pesos fuertes anuales, correspondientes al 7% garantizado de las 6.400 libras por milla estipuladas en el contrato. Esa suma debía proceder de los ingresos por transporte de pasajeros y mercancías, y completada por la Administración, tal como garantizaban los contratos suscritos.
Durante 18 años no se construyó un solo kilómetro más de vía. En 1888 la línea mantenía los mismos 396 kilómetros.

martes, 24 de abril de 2018

Actualidad cultural

Charla sobre “Ficción, traducción y extranjería”
Reunión babélica con una lengua común
Las autoras y traductoras Laura Erber, Inés Garland, Julianne Pachico, Cecilia Rossi y Gabriela Stöckli dialogarán hoy a las 19 en la Biblioteca del Malba.
Por Silvina Friera
La argentina Inés Garland y la suiza Gabriela Stöckli, dos de las participantes del encuentro.
Imagen: Gentileza Dolores Lynch Pueyrredón.
La escritura quizá sea el espacio más natural para vivir como extranjero. Las autoras y traductoras Laura Erber (Brasil), Inés Garland (Argentina), Julianne Pachico (Inglaterra), Cecilia Rossi (Argentina) y Gabriela Stöckli (Suiza) dialogarán sobre “Ficción, traducción y extranjería” hoy a las 19 en la Biblioteca del Malba (Figueroa Alcorta 3415), una actividad organizada junto a Adriana Hidalgo Editora, Escuela de Otoño de Traducción Literaria-IES en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández” y la Feria del Libro de Buenos Aires. “Hay una instancia previa a la escritura que no es propia, es la materia común que compartimos y miramos. La mirada única de cada unos de nosotros- la suma de todo lo que vivimos, de lo que sentimos, de lo que heredamos, y quién sabe cuánto más- traduce esa materia al lenguaje de la escritura –plantea Garland a PáginaI12–. Pero además, hasta mi propia escritura me es extraña a veces, como si yo misma, cuando escribo, me convirtiera en una extranjera en la tierra de todos.”
Erber (Río de Janeiro, 1979), artista visual, escritora y editora, autora de la novela Ardillas de Pavlov, publicada por Adriana Hidalgo, afirma que la escritura de ficción “es un pacto con lo imaginario y una apuesta a la lengua”. “Escribir ficción nos deja un poco desnudos frente a nuestra propia lengua, y esto es más que un desenraizamiento, es una sensación de alegría casi infantil y de mucha aflicción. Nunca somos lectores lúcidos y rigurosos de nosotros mismos y tenemos que lidiar de algún modo con esa ceguera”. Rossi, poeta y traductora argentina que obtuvo el Doctorado en Traducción Literaria por la Universidad de East Anglia (Inglaterra), donde es profesora en la Maestría de Traducción Literaria, dice que “siempre la escritura es extranjerizante y extraña porque se trata de forjar una voz y un lenguaje que es, y no es, el de una”. La traductora al inglés de la poesía de Alejandra Pizarnik y Tamara Kamenszain aclara que escribe en inglés y traduce al inglés desde su castellano materno. “En una entrada de su diario, el 1° de diciembre de 1963, Pizarnik dice que se descubrió ‘hablando en idioma literario’, y lo asocia a los ejercicios para relajarse, para distender la garganta y agrega que ‘para distenderse sólo es preciso darse, dejar de retenerse’. Me parece muy acertada esta caracterización de la escritura como un idioma literario, porque conlleva la extranjería y la extrañeza”, reconoce Rossi.
Entre las muchas ideas que le rondan a Garland (Buenos Aires, 1960) a la hora de traducir, le es muy afín especialmente el concepto de “temperatura” que usa la escritora estadounidense Lydia Davis. “En un texto propio, yo conozco y trabajo sobre una temperatura. Me interesa cuidarla, mantenerla, entenderla, como si los textos fueran un clima. Es un trabajo que hago inconscientemente en las primeras versiones y conscientemente en las correcciones. En un texto que traduzco, tengo que descubrir cuál es la temperatura en el lenguaje original y traerla al mío –compara Garland–. La temperatura es, además de corporal, emocional. Hay una búsqueda de un estado desde donde puedo escribir. Esto es una instancia distinta, más difícil de explicar, que la de la ‘corrección’ en cuanto al significado, al trabajo más ‘tosco’ de ir palabra por palabra y entender el sentido de lo que estoy traduciendo.” 
Hay una conexión entre traducción y lectura para Erber. “La traducción para mí tiene que ver con intensificar la experiencia de la lectura, llevándola al punto vertiginoso -y peligroso- de ser capturada por un sistema siempre abierto de dudas y posibilidades. La traducción parte del deseo de captar la respiración del pensamiento y de la lengua de otro. Es también hacer un pacto con la lengua y aprender a convivir con las innumerables posibilidades que todo texto presenta en términos de versiones posibles, y encontrar soluciones provisorias que intenten al mismo tiempo ser coherentes con la respiración del texto y honestas con los futuros lectores”, explica Erber. Un tema que viene trabajando hace tiempo Rossi es la traducción como escritura: “cada traducción es la escritura de una lectura”, revela la poeta y traductora. “El proceso creativo que sustenta la escritura no es muy diferente del proceso creativo necesario para la traducción literaria. En el Reino Unido nos referimos a literary translation para diferenciarla de la traducción técnica. En mi universidad, la Universidad de East Anglia, la traducción literaria se enseña, practica e investiga en el departamento de Literatura, Teatro y Escritura Creativa y no en el departamento de lenguas”, precisa Rossi.
Gabriela Stöckli, directora de la Casa de Traductores de Looren, en Suiza, comenta que la casa tiene un programa de intercambio entre traductores literarios latinoamericanos y europeos. “En Looren, defendemos la libertad artística casi como una religión”, subraya Stöckli. “Defendemos el concepto de la residencia flexible: no hay una duración mínima de estadía, no exigimos un texto final y no imponemos un ritmo de vida predeterminado: se puede trabajar de noche y dormir de día o al revés. La promesa que hacemos es doble: máxima concentración en el trabajo sin las distracciones de la vida cotidiana y, de acuerdo con el deseo de cada uno de los residentes, la posibilidad de un intercambio informal con los demás traductores, ya sea sobre temas profesionales o personales –advierte la directora–. Suelen ser reuniones babélicas, pero siempre hay una lengua común”.
Fuente: Diario Página 12 / Cultura y Espectáculo (23 de abril de 2018)
https://www.pagina12.com.ar/110025-reunion-babelica-con-una-lengua-comun

Relecturas

La poesía de Raúl González Tuñón
Por Mario Goloboff
“Vamos hacia un arte sin trabas, hacia el auténtico arte puro, pasando por el arte revolucionario primero y el arte proletario después”. Así prologaba nuestro Raúl González Tuñón su inmortal La rosa blindada. Esta fue siempre su estética, la de un hombre de su arte y de su tiempo. Acababa de regresar de la convulsionada España, había pasado todo el año 1935 en Madrid, se había encontrado con Federico García Lorca, con Rafael Alberti, con Miguel Hernández, con Pedro Salinas, con Gerardo Diego… Había leído en el Ateneo, en un acto organizado por León Felipe, los poemas inspirados por la insurrección minera de Asturias; publicado en Caballo verde, la revista del Cónsul de Chile en Madrid, Pablo Neruda; discutido con aquellos amigos sobre la función social de la poesía. Y hasta los había convencido.
Vuelve y parte. Va a otros países de América, de Europa, de Asia. Escribe siempre. Y anda, incansablemente, como aquel Juancito Caminador que ha inventado en su segundo libro, Miércoles de ceniza (1928) (el primero, El violín del diablo, fue de 1926), que desapareció en La calle del agujero en la media (1930), que saludaba desde el pórtico de El otro lado de la estrella (1934) y alcanzaba su definitiva estatura en Todos bailan (1935), hasta una inolvidable “Canción que compuso Juancito Caminador para la supuesta muerte de Juancito Caminador”: “… murió en un lejano puerto/ el prestidigitador./ Poca cosa deja el muerto./  Terminada su función/ -canción, paloma y baraja-/ todo cabe en una caja./ Todo menos la canción”. Ejerce también el periodismo, la política, la lucha cultural, la formación de los más jóvenes. Todo ello en voz baja, con una sabia modestia, nada exenta de firmeza y convicción.
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El resto, es un poco más reciente historia. Alienta a los muchachos del grupo “El pan duro” en sus disidencias y aventuras; prologa consagratoriamente el primer libro de Juan Gelman (Violín y otras cuestiones, 1956); es recuperado por los jóvenes sesentistas y  antidogmáticos de izquierda de la revista La rosa blindada; es extendido a una vasta popularidad cuando Juan “Tata” Cedrón pone música a sus bellísimos poemas (“Los ladrones”, “Tarjeta de cartón”, “La fogata de San Juan”…) y cuando Adolfo Nigro lo incorpora definitivamente a la plástica. Justamente, en aquel evocado prólogo de su libro clave, expresaba una poética que mantendría toda la vida: “El poeta se dirige a la masa. Si la masa no entiende totalmente es porque, desde luego, debe ser elevada al poeta. No se trata de nivelar a todos, por la revolución, en el hambre y la incultura sino en la comodidad y la cultura”.
En 1928, y poco antes de embarcarse rumbo a Europa, publicó Miércoles de ceniza. Ya en París, escribió uno de sus libros fundamentales: La calle del agujero en la media, publicado en 1930. Poco más tarde, en 1936, publica otro libro clave, La rosa blindada, inspirado en la rebelión de Asturias de 1934. Esta obra fue de gran importancia, ya que Tuñón, con esos versos, fue “el primero en blindar la rosa” (palabras de Pablo Neruda). Su obra se enmarca dentro de las llamadas vanguardias de principios del Siglo XX, y además ejerce firme influencia en los poetas de la Guerra Civil española (muy en particular en Miguel Hernández, uno de los más representativos). Afiliado al Partido Comunista de la Argentina, Tuñón permaneció siempre fiel a sus credos estéticos. Esto lo llevó a arduas polémicas dentro de la organización, con otros artistas o módicos funcionarios; quedaron registradas en los emblemáticos Cuadernos de Cultura del PCA. En líneas generales, no compartió muchas vulgarizaciones formuladas en nombre de la izquierda. Esto explica su situación “a medio camino” entre las dos “capillas” fundantes de la moderna literatura argentina: Florida (homologada a la vanguardia) y Boedo (al realismo). No comulgaba del todo con los cánones artísticos impuestos por el comunismo, pero estaba fuertemente alineado en su defensa de principios y políticas.
Sus poemas aludían a viajes, barrios de París y de Buenos Aires, pueblos de la Cordillera de los Andes, personajes de circo, lugares lejanos, tugurios extraños, marineros, hampones o contrabandistas; denotan influencias tan disímiles como François Villon, Rainer María Rilke, Evaristo Carriego, o payadores como José Betinotti y Gabino Ezeiza. Juancito Caminador, personaje inspirado en un artista de circo y en una marca de whisky (Johnny Walker), se convirtió en un alter ego literario del autor. El escritor Pedro Orgambide lo describió como un “Amigo de las gentes, de las mujeres amantes y del vino, una suerte de François Villon criollo, cantor de las tabernas, las grandes fiestas y duelos e insurrecciones populares”.
Es al mismo tiempo uno de los precursores de la poesía social y combativa en la Argentina: sus “poemas civiles”, referidos a acontecimientos políticos y sociales, influyeron en la generación de los ‘60. Fue un intelectual políticamente comprometido, y en más de una oportunidad asistió a eventos internacionales que convocaban a artistas de los cinco continentes, ya fuera por la lucha contra el fascismo o en pos del socialismo, cuya causa abrazó. A partir de su lamentado fallecimiento, en agosto de 1974, es cada día más reconocido como uno de los máximos poetas que nos dio el siglo XX. Como diverso, popular, profundo. Como alguien que supo tocar todas las notas, cantar todos los tonos. En versos de lucha, de victoria, y de dolor y derrota, y también en canciones poco menos que infantiles y graciosas, universales, americanas, argentinas. Y, claro está, porteñas.
“En la calle enfarolada/ el piberío viene y va/ alrededor de la fogata/ porque es la noche de San Juan”. Entre aquellos chicos está él mismo, saliendo ansioso de esa humilde casona natal. Más tarde, Juancito Caminador recorrerá otros barrios del mundo, desde París a Pekín, llevando los de su amada ciudad a cuestas, y se detendrá a espiar el cementerio de tranvías en Loria y Carlos Calvo, los sugestivos lances y entreveros en el salón de bailes “La Argentina”, de Rodríguez Peña, o en los danzantes de la Asociación Mariano Moreno, de Constitución. La casa de la esquina de San Juan y Oruro, la de Carabobo al 800, la calesita de Floresta, el cine que se llamaba “Radium”, las sombras del Parque Lezama, la plazoleta de los jubilados cerca del Riachuelo, fueron, en sus versos, destellos de esa ciudad mágica a la que todavía puede verse, poniendo, simplemente, “veinte centavos en la ranura”.
* Escritor, docente universitario.
Fuente: Diario Página 12 / Contratapa (22 de abril de 2018)
https://www.pagina12.com.ar/109845-la-poesia-de-raul-gonzalez-tunon