EFEMÉRIDE
DÍA DEL ESCUDO NACIONAL ARGENTINO
DEL SELLO VIRREINAL AL EMBLEMA
DE LA SOBERANÍA
Cuando estalló la Revolución de
Mayo en 1810, las nuevas autoridades surgidas del Cabildo Abierto no rompieron
inmediatamente con todos los símbolos heredados del régimen colonial. Durante
los primeros años del proceso revolucionario continuaron utilizándose en
documentos oficiales las mismas armas reales que habían representado al poder
virreinal. Aquella continuidad no respondía a una adhesión al orden anterior
sino a la situación política del momento: la revolución recién comenzaba y las
nuevas instituciones todavía estaban en formación. La ruptura simbólica comenzó
a definirse con mayor claridad a partir de la Asamblea General Constituyente de
1813. Aquel cuerpo, que adoptó medidas profundamente revolucionarias como la
libertad de vientres, la abolición de los instrumentos de tortura y el fin de
los símbolos de dominación colonial comprendió también la necesidad de
reemplazar el sello virreinal por un emblema propio que legitimara los actos
del nuevo poder soberano.
La tarea fue encomendada al
diputado por San Luis, Agustín Donado, quien se encargó de gestionar la
elaboración del nuevo sello. Donado confió el trabajo al grabador y platero
Juan de Dios Rivera, artista de origen cusqueño que trabajaba en Buenos Aires.
Rivera realizó el grabado del sello que comenzó a utilizar la Asamblea y que
con el tiempo se transformaría en el Escudo Nacional Argentino. No existe un decreto específico que disponga formalmente la adopción del
escudo como símbolo patrio. Sin embargo, los documentos conservados muestran
que ya estaba en uso a comienzos de 1813. Dos cartas de ciudadanía expedidas
por la Asamblea el 22 de febrero de ese año llevan estampado el nuevo sello.
Una fue extendida a Antonio Olavarría y la otra al extranjero Francisco de
Paula Saubidet. Ambas fueron firmadas por el general Carlos María de Alvear,
presidente de la Asamblea, y por el secretario Hipólito Vieytes.
El 12 de marzo de 1813 aparece
en las actas del cuerpo la primera mención expresa del sello. Ese día la
Asamblea resolvió que el Poder Ejecutivo utilizara el mismo sello que empleaba
el cuerpo soberano, con la única diferencia de la inscripción que lo rodeaba.
Aquella resolución terminó de consolidar el emblema que con el tiempo sería
reconocido como el Escudo Nacional.
UN DISEÑO ENTRE LA REVOLUCIÓN Y
AMÉRICA
La autoría del diseño original
del escudo continúa siendo objeto de debate entre los historiadores. Se sabe
con certeza que el grabado fue realizado por Juan de Dios Rivera, pero no
existe documentación que permita identificar con precisión quién concibió el
dibujo inicial que sirvió de modelo. Algunas versiones atribuyen esa iniciativa
al propio Agustín Donado, encargado de gestionar la creación del sello. Otras
interpretaciones señalan como posible impulsor al revolucionario Bernardo de
Monteagudo, figura central de la política rioplatense de aquellos años y
ferviente defensor de un proyecto de independencia con fuerte contenido
americanista. La falta de documentación definitiva hace que estas hipótesis
continúen abiertas dentro del debate histórico.
EL GORRO DE LA LIBERTAD Y SUS
INTERPRETACIONES
Uno de los elementos más
característicos del escudo es el gorro de la libertad colocado en la punta de
la pica. Este símbolo se había difundido ampliamente en el mundo revolucionario
de fines del siglo XVIII, especialmente a partir de la Revolución Francesa,
donde fue adoptado como emblema de libertad y soberanía popular. Sin embargo,
algunos investigadores han señalado que en las primeras representaciones del
escudo pueden advertirse rasgos que lo vinculan también con tradiciones
culturales americanas. El historiador Marcelo Valko ha observado que en ciertas
imágenes tempranas —como el escudo que aparece en la bandera que Manuel
Belgrano donó al Cabildo de Jujuy en 1813— el gorro presenta un remate que
recuerda la borla característica de los gorros utilizados por los pueblos
andinos.
Según esta interpretación, el
grabador Juan de Dios Rivera habría incorporado ese detalle como una forma de
integrar el símbolo revolucionario europeo con elementos propios de la cultura
americana. De ese modo el escudo expresaría una síntesis entre los ideales
universales de libertad y la identidad histórica del continente.
Otros especialistas consideran
que el gorro del escudo responde simplemente a la iconografía republicana
difundida por la Revolución Francesa y que las diferencias observadas en
algunas representaciones se deben a variaciones artísticas propias de la época.
La discusión permanece abierta y forma parte del debate historiográfico sobre
los símbolos nacionales.
LOS SÍMBOLOS DEL ESCUDO
Más allá de estas
interpretaciones, el escudo reúne una serie de elementos cuyo significado ha
sido aceptado tradicionalmente como expresión de los ideales de la revolución.
La forma oval responde a una tradición heráldica común en los emblemas
republicanos de comienzos del siglo XIX. El campo está dividido en dos partes
con los colores celeste y blanco, los mismos adoptados por la bandera creada
por Manuel Belgrano y convertidos en símbolos de la nación.
En la mitad inferior aparecen
dos brazos que se estrechan en un apretón de manos. Esta imagen representa la
unión de las provincias que formaban las Provincias Unidas del Río de la Plata.
De ese gesto de fraternidad se eleva una pica vertical, antigua arma que
simboliza la decisión de defender la libertad. En la punta de la pica se alza
el gorro de la libertad, mientras en la parte superior del escudo aparece el
Sol de Mayo, símbolo del nacimiento de la nueva nación. Los laureles que rodean
el conjunto representan la victoria obtenida en las primeras campañas de la
independencia, evocando especialmente los triunfos patriotas de Suipacha y
Tucumán. Finalmente, la cinta celeste y blanca que une las ramas expresa la
unidad de la nación naciente.
LAS VARIANTES DEL SIGLO XIX
Durante gran parte del siglo XIX
el escudo no tuvo una forma única y uniforme. Cada grabador o artista lo
reproducía con pequeñas diferencias, lo que dio origen a múltiples variantes
del diseño. Cambiaban la forma del sol, la inclinación de la pica, el estilo
del gorro o la disposición de los laureles. Recién en el siglo XX el Estado
argentino decidió fijar oficialmente el modelo que debía utilizarse en los
documentos públicos, tomando como base el sello de la Asamblea del Año XIII.
Algunos historiadores sostienen
que en ese proceso se fueron perdiendo ciertos rasgos presentes en
representaciones más antiguas del emblema, mientras que otros consideran que se
trató simplemente de una normalización administrativa de un símbolo que durante
décadas había sido reproducido de manera libre.
EL ESCUDO COMO SÍNTESIS DE LA
REVOLUCIÓN
Más allá de las discusiones
historiográficas, el Escudo Nacional conserva el sentido profundo que le dieron
los hombres de la independencia. En él se expresa la unión de las provincias,
la decisión de defender la libertad conquistada y el nacimiento de una nueva
nación en el continente americano.
Aquel sello que comenzó a
estamparse en los documentos de la Asamblea del Año XIII no fue solo un recurso
administrativo. Fue la afirmación política de un pueblo que dejaba atrás el
orden colonial y comenzaba a construir su propio destino. En ese símbolo
quedaron grabados los ideales de la revolución: unión, libertad y soberanía.
Fuente
consultada