HISTORIA & EDUCACIÓN
El gigante de la educación que cambió la
Recoleta
La imagen nos devuelve una Buenos Aires
de otro tiempo: carruajes frente al edificio, una plaza todavía joven, árboles
pequeños, toldos sobre la fachada y una arquitectura monumental que parecía
anunciar una ciudad nueva.
Allí se alza el Palacio Pizzurno,
una de las construcciones más imponentes de la Recoleta y uno de
los grandes símbolos de la educación argentina.
Su construcción se realizó entre 1886 y 1888,
siguiendo el proyecto del arquitecto argentino Carlos Adolfo Altgelt,
con la colaboración de Hans Altgelt. La referencia histórica de la imagen lo
identifica como Buenos Aires, Consejo Nacional de Educación, y lo
ubica dentro del barrio de Recoleta.
El origen del edificio está ligado a una mujer
clave: Petronila Rodríguez de Rojas. Tras su muerte, en 1882, su
testamento destinó terrenos familiares para levantar instituciones educativas y
religiosas, entre ellas una escuela para setecientas niñas. Aquel ideal
educativo terminó dando forma a un verdadero palacio para la enseñanza.
Aunque fue pensado como escuela, el destino
inicial del edificio cambió. Tras su inauguración en 1893, funcionó primero
como sede provisoria de los tribunales de la Capital, hasta que más tarde pasó
a ocupar un lugar central en la administración educativa nacional.
Entre 1903 y 1978 fue sede del Consejo Nacional
de Educación. Con el tiempo, el edificio recibió el nombre de Palacio
Sarmiento, aunque popularmente siguió siendo conocido como Palacio
Pizzurno, por la calle donde se encuentra, en homenaje al educador Pablo
Pizzurno.
Hoy es Monumento Histórico Nacional,
sede del área educativa nacional y de la Biblioteca Nacional de Maestros.
Su estilo mezcla influencias francesas, detalles eclécticos y rasgos
germánicos, visibles en sus mansardas, ornamentación, balcones y figuras
alegóricas.
No fue solo un edificio público: fue una
declaración de época. En la Buenos Aires de fines del siglo XIX, el Palacio
Pizzurno representaba una idea poderosa: que la educación también podía tener
la forma de un palacio.
Esta fotografía no muestra únicamente una
fachada antigua. Muestra el momento en que la ciudad levantaba templos civiles
para el conocimiento, la infancia y el futuro.
Fuente consultada
