HISTORIA & EFEMÉRIDE
Revisionismo Histórico Argentino
EL ASESINATO DE JUAN FACUNDO QUIROGA
BARRANCA YACO 16 DE FEBRERO DE 1835
EL VIAJE FINAL DEL TIGRE DE LOS
LLANOS
El 16 de febrero de 1835, en el
paraje cordobés de Barranca Yaco, al norte de la provincia de Córdoba, fue
asesinado de manera alevosa el brigadier general Juan Facundo Quiroga, conocido
como el Tigre de los Llanos, una de las máximas figuras del federalismo del
interior argentino. Había nacido en 1788 en San Antonio, La Rioja, y su nombre
se había convertido, tras años de guerras civiles, en sinónimo de autoridad y
de poder real en vastas regiones del país.
Quiroga partió de Buenos Aires
el 18 de diciembre de 1834 en misión oficial de mediación. El conflicto que
motivó su viaje enfrentaba directamente a las provincias de Salta y Tucumán, a
raíz de la invasión tucumana sobre territorio salteño y la derrota del
gobernador salteño Pablo Latorre en la batalla de Castañares, el 13 de
noviembre de 1834. Latorre, hecho prisionero, sería asesinado en enero de 1835,
hecho que agravó aún más la crisis. Santiago del Estero, bajo el mando de
Felipe Ibarra, también se encontraba involucrada en el delicado equilibrio
regional.
Quiroga no viajaba como jefe de
una campaña militar, sino como árbitro político del federalismo. Su autoridad
personal era el instrumento de pacificación. Esa precisión es fundamental: el
Tigre de los Llanos no marchaba a combatir, sino a evitar una guerra entre
provincias federales. Cumplida la misión y restablecida una paz precaria en el
Norte, emprendió el regreso hacia Buenos Aires.
En ese contexto, y según
diversas fuentes de la época, desde Buenos Aires se le habrían transmitido
advertencias para que demorara el regreso o extremara precauciones ante el
clima enrarecido que se vivía en Córdoba. Entre quienes le aconsejaron prudencia
se menciona al entonces gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas, quien
conocía las tensiones existentes con el grupo gobernante cordobés. No obstante,
Quiroga decidió regresar por la ruta habitual, confiando en su investidura y en
el respeto que su figura imponía en el interior.
LAS ADVERTENCIAS DESOÍDAS
Antes de alcanzar la posta del
Ojo de Agua, un joven salió del monte para advertir al doctor José Santos
Ortiz, secretario de Quiroga, que en las inmediaciones de Barranca Yaco estaba
apostada una partida armada al mando del capitán Santos Pérez con instrucciones
de emboscar la galera y matar a Quiroga y a todos sus acompañantes.
Ortiz transmitió la noticia.
Quiroga escuchó con atención, interrogó al mensajero y agradeció el aviso. Pero
fiel a su carácter, respondió con la frase que quedaría en la memoria: “No ha
nacido todavía el hombre que ha de matar a Facundo Quiroga”. Confiaba en el
peso de su nombre y en el ascendiente que ejercía sobre la campaña. Ordenó
simplemente revisar y cargar las armas de la galera. No aceptó desviarse ni
pedir escolta.
LA EMBOSCADA EN BARRANCA YACO
En la mañana del 16 de febrero
de 1835, la galera ingresó en el paso estrecho de Barranca Yaco, un punto de
barrancas cerradas y monte espeso, ideal para una emboscada. Dos descargas
cerradas atravesaron el carruaje desde ambos lados. Los caballos cayeron. Los
atacantes avanzaron sable en mano.
Quiroga asomó la cabeza por la
portezuela y exigió hablar con el jefe de la partida. Por un instante, su
presencia impuso silencio. Preguntó: “¿Qué significa esto?”. La respuesta fue
un balazo en el ojo que lo dejó muerto en el acto.
La matanza fue total. Murieron
el doctor Ortiz, el postillón, los correos y el asistente. Incluso un niño de
posta fue degollado para no dejar testigos. No fue un enfrentamiento armado
entre fuerzas equivalentes. Fue un asesinato premeditado.
RESPONSABILIDADES Y JUICIO
Las investigaciones posteriores
establecieron la responsabilidad material de Santos Pérez y la implicación
política de los hermanos Reinafé, gobernantes de Córdoba al momento del crimen.
El proceso judicial, iniciado en 1835 y sustanciado en Buenos Aires, culminó en
1837 con la condena y ejecución de los responsables principales.
No existen pruebas documentales
concluyentes que involucren formalmente a otros caudillos federales en la
planificación directa del crimen. La responsabilidad jurídica recayó sobre las
autoridades cordobesas y sobre el ejecutor de la emboscada.
Con el tiempo, y especialmente a
partir de la segunda mitad del siglo XIX, surgió una interpretación que insinuó
o afirmó la responsabilidad indirecta de Rosas en el asesinato. Esa lectura se
vinculó en gran medida con la obra y la perspectiva política de Domingo
Faustino Sarmiento y con la historiografía liberal posterior, que interpretó el
crimen dentro de la lógica de las luchas internas del federalismo. Sin embargo,
en el proceso judicial contemporáneo a los hechos no se probó participación ni
orden directa del gobernador bonaerense, y no se conserva documentación que
acredite una instrucción suya en tal sentido.
EL IMPACTO POLÍTICO
La noticia llegó a Buenos Aires
el 2 de marzo de 1835 y produjo una conmoción inmediata. Se suspendieron los
festejos de Carnaval. El temor a una nueva etapa de anarquía se extendió
rápidamente.
Quiroga era el único caudillo
del interior con autoridad suficiente para influir simultáneamente en el
Noroeste, Cuyo y el Litoral. Su desaparición dejó un vacío de poder que alteró
el equilibrio del federalismo y aceleró la concentración política en Buenos
Aires.
El 7 de marzo de 1835, la
Legislatura porteña otorgó la suma del poder público a Juan Manuel de Rosas,
medida ratificada por consulta popular. La conmoción causada por Barranca Yaco
fue uno de los factores determinantes de esa decisión, en un contexto donde se
temía el resurgimiento de la guerra civil generalizada.
FACUNDO EN LA HISTORIA
Años más tarde, Domingo Faustino
Sarmiento publicaría Facundo o Civilización y Barbarie, obra literariamente
brillante pero políticamente orientada contra el federalismo. Sin embargo,
incluso en su crítica, dejó testimonio involuntario de la magnitud histórica
del personaje.
Facundo Quiroga no fue un
accidente ni una anomalía. Fue la expresión de una etapa de la organización
nacional en la que la autoridad real no residía en constituciones escritas sino
en hombres capaces de imponer orden en territorios vastísimos y escasamente
institucionalizados.
A 191 AÑOS DEL CRIMEN
El 16 de febrero de 1835 marcó
un punto de inflexión en la historia argentina. La emboscada de Barranca Yaco
no eliminó solamente a un caudillo; modificó el rumbo del federalismo y abrió
una nueva etapa política en la Confederación.
Quiroga murió sin huir, sin
negociar su seguridad, sin alterar su camino. Murió como había vivido:
afirmando su autoridad hasta el último instante. Y por eso su figura, más allá
de polémicas historiográficas, sigue ocupando un lugar central en la memoria
política argentina.
Fuente consultada