lunes, 16 de febrero de 2026

16 de Febrero de 1835

HISTORIA & EFEMÉRIDE

Revisionismo Histórico Argentino

EL ASESINATO DE JUAN FACUNDO QUIROGA

BARRANCA YACO 16 DE FEBRERO DE 1835

EL VIAJE FINAL DEL TIGRE DE LOS LLANOS

El 16 de febrero de 1835, en el paraje cordobés de Barranca Yaco, al norte de la provincia de Córdoba, fue asesinado de manera alevosa el brigadier general Juan Facundo Quiroga, conocido como el Tigre de los Llanos, una de las máximas figuras del federalismo del interior argentino. Había nacido en 1788 en San Antonio, La Rioja, y su nombre se había convertido, tras años de guerras civiles, en sinónimo de autoridad y de poder real en vastas regiones del país.

Quiroga partió de Buenos Aires el 18 de diciembre de 1834 en misión oficial de mediación. El conflicto que motivó su viaje enfrentaba directamente a las provincias de Salta y Tucumán, a raíz de la invasión tucumana sobre territorio salteño y la derrota del gobernador salteño Pablo Latorre en la batalla de Castañares, el 13 de noviembre de 1834. Latorre, hecho prisionero, sería asesinado en enero de 1835, hecho que agravó aún más la crisis. Santiago del Estero, bajo el mando de Felipe Ibarra, también se encontraba involucrada en el delicado equilibrio regional.

Quiroga no viajaba como jefe de una campaña militar, sino como árbitro político del federalismo. Su autoridad personal era el instrumento de pacificación. Esa precisión es fundamental: el Tigre de los Llanos no marchaba a combatir, sino a evitar una guerra entre provincias federales. Cumplida la misión y restablecida una paz precaria en el Norte, emprendió el regreso hacia Buenos Aires.

En ese contexto, y según diversas fuentes de la época, desde Buenos Aires se le habrían transmitido advertencias para que demorara el regreso o extremara precauciones ante el clima enrarecido que se vivía en Córdoba. Entre quienes le aconsejaron prudencia se menciona al entonces gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas, quien conocía las tensiones existentes con el grupo gobernante cordobés. No obstante, Quiroga decidió regresar por la ruta habitual, confiando en su investidura y en el respeto que su figura imponía en el interior.

LAS ADVERTENCIAS DESOÍDAS

Antes de alcanzar la posta del Ojo de Agua, un joven salió del monte para advertir al doctor José Santos Ortiz, secretario de Quiroga, que en las inmediaciones de Barranca Yaco estaba apostada una partida armada al mando del capitán Santos Pérez con instrucciones de emboscar la galera y matar a Quiroga y a todos sus acompañantes.

Ortiz transmitió la noticia. Quiroga escuchó con atención, interrogó al mensajero y agradeció el aviso. Pero fiel a su carácter, respondió con la frase que quedaría en la memoria: “No ha nacido todavía el hombre que ha de matar a Facundo Quiroga”. Confiaba en el peso de su nombre y en el ascendiente que ejercía sobre la campaña. Ordenó simplemente revisar y cargar las armas de la galera. No aceptó desviarse ni pedir escolta.

LA EMBOSCADA EN BARRANCA YACO

En la mañana del 16 de febrero de 1835, la galera ingresó en el paso estrecho de Barranca Yaco, un punto de barrancas cerradas y monte espeso, ideal para una emboscada. Dos descargas cerradas atravesaron el carruaje desde ambos lados. Los caballos cayeron. Los atacantes avanzaron sable en mano.

Quiroga asomó la cabeza por la portezuela y exigió hablar con el jefe de la partida. Por un instante, su presencia impuso silencio. Preguntó: “¿Qué significa esto?”. La respuesta fue un balazo en el ojo que lo dejó muerto en el acto.

La matanza fue total. Murieron el doctor Ortiz, el postillón, los correos y el asistente. Incluso un niño de posta fue degollado para no dejar testigos. No fue un enfrentamiento armado entre fuerzas equivalentes. Fue un asesinato premeditado.

RESPONSABILIDADES Y JUICIO

Las investigaciones posteriores establecieron la responsabilidad material de Santos Pérez y la implicación política de los hermanos Reinafé, gobernantes de Córdoba al momento del crimen. El proceso judicial, iniciado en 1835 y sustanciado en Buenos Aires, culminó en 1837 con la condena y ejecución de los responsables principales.

No existen pruebas documentales concluyentes que involucren formalmente a otros caudillos federales en la planificación directa del crimen. La responsabilidad jurídica recayó sobre las autoridades cordobesas y sobre el ejecutor de la emboscada.

Con el tiempo, y especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, surgió una interpretación que insinuó o afirmó la responsabilidad indirecta de Rosas en el asesinato. Esa lectura se vinculó en gran medida con la obra y la perspectiva política de Domingo Faustino Sarmiento y con la historiografía liberal posterior, que interpretó el crimen dentro de la lógica de las luchas internas del federalismo. Sin embargo, en el proceso judicial contemporáneo a los hechos no se probó participación ni orden directa del gobernador bonaerense, y no se conserva documentación que acredite una instrucción suya en tal sentido.

EL IMPACTO POLÍTICO

La noticia llegó a Buenos Aires el 2 de marzo de 1835 y produjo una conmoción inmediata. Se suspendieron los festejos de Carnaval. El temor a una nueva etapa de anarquía se extendió rápidamente.

Quiroga era el único caudillo del interior con autoridad suficiente para influir simultáneamente en el Noroeste, Cuyo y el Litoral. Su desaparición dejó un vacío de poder que alteró el equilibrio del federalismo y aceleró la concentración política en Buenos Aires.

El 7 de marzo de 1835, la Legislatura porteña otorgó la suma del poder público a Juan Manuel de Rosas, medida ratificada por consulta popular. La conmoción causada por Barranca Yaco fue uno de los factores determinantes de esa decisión, en un contexto donde se temía el resurgimiento de la guerra civil generalizada.

FACUNDO EN LA HISTORIA

Años más tarde, Domingo Faustino Sarmiento publicaría Facundo o Civilización y Barbarie, obra literariamente brillante pero políticamente orientada contra el federalismo. Sin embargo, incluso en su crítica, dejó testimonio involuntario de la magnitud histórica del personaje.

Facundo Quiroga no fue un accidente ni una anomalía. Fue la expresión de una etapa de la organización nacional en la que la autoridad real no residía en constituciones escritas sino en hombres capaces de imponer orden en territorios vastísimos y escasamente institucionalizados.

A 191 AÑOS DEL CRIMEN

El 16 de febrero de 1835 marcó un punto de inflexión en la historia argentina. La emboscada de Barranca Yaco no eliminó solamente a un caudillo; modificó el rumbo del federalismo y abrió una nueva etapa política en la Confederación.

Quiroga murió sin huir, sin negociar su seguridad, sin alterar su camino. Murió como había vivido: afirmando su autoridad hasta el último instante. Y por eso su figura, más allá de polémicas historiográficas, sigue ocupando un lugar central en la memoria política argentina.

Fuente consultada

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