miércoles, 27 de febrero de 2019

Cultura Imperialismo

RADAR LIBROS
En Foco. Se publica una reedición de Cultura e imperialismo de Edward W. Said
La gran aldea
25 años después de su aparición original, ahora se publica una reedición de Cultura e imperialismo de Edward W. Said. En 1993, la Guerra del Golfo era el contexto ineludible para la audaz revisión de la mejor literatura occidental a la luz de los lazos imperiales y colonialistas propuesta por Said. En pleno siglo XXI, un mundo ferozmente globalizado parece poner en cuestión el peso en los proyectos imperiales que Said le otorgaba a la cultura, pero una fuerza crítica insoslayable sigue resonando en sus páginas.
Por Claudio Zeiger
El marco ineludible de la aparición de Cultura e imperialismo en 1993 fue la guerra del Golfo. George Bush contra Saddam Hussein, unos Estados Unidos hegemónicos en su superioridad armamentística y en la capacidad de liderar la coalición internacional contra Irak. Varios años antes, Edward W. Said venía ofreciendo una serie de conferencias en Inglaterra, Canadá y los Estados Unidos basadas en el éxito de su obra más famosa, Orientalismo, de 1978, pero ya con la intención de tantear el terreno para poner a prueba –a debate– lo que finalmente sería el núcleo duro de su nuevo libro: el imperialismo y el colonialismo del siglo XIX en su tiempo de esplendor, y sus conexiones con la cultura y, en particular, la novela “burguesa”. Descubrir esos lazos que estaban, más que ocultos, semi ocultos, velados. “Muchos historiadores del periodo afirman que la etapa imperialista empezó formalmente en 1878, con el ‘reparto de África’. Una mirada más atenta a las realidades culturales revelará que existían perspectivas más tempranas, profunda y firmemente asentadas, sobre la hegemonía europea”, se lee en Cultura e imperialismo. “Podríamos preguntarnos ¿por qué dar tanto énfasis a las novelas y a Inglaterra? ¿Cómo salvar la distancia entre una forma estética aislada y grandes empresas y temas como los de la ‘cultura’ y el ‘imperialismo’? En primer lugar, porque hacia la época de la Primera Guerra Mundial el imperio británico era incuestionablemente dominante como resultado de un proceso iniciado en el siglo XVI”. Consecuentemente, el apogeo de la novela inglesa entre 1814 y los comienzos del siglo XX es el gran tema. Pero en las últimas secciones de Cultura e imperialismo se da un giro drástico y se enfoca en los Estados Unidos y el presente. Said es plenamente consciente de que hablar de Imperio en los tramos finales del siglo XX, es sinónimo de Norteamérica. Casi todo lo demás, es pasado. La Guerra del Golfo ocupa aquí un lugar fuerte y obsesionante en la medida que los relatos sobre el conflicto apelaron a todos los estereotipos posibles sobre el mundo árabe.
Los últimos tramos del libro dedicados al imperialismo norteamericano y su red global de medios de comunicación, muestran a Said tratando de reconfigurar el mapa de piezas desordenadas entre cultura, estudios académicos cada vez más fragmentados (los “estudios subalternos”, los poscoloniales, los feministas, los queer, los africanistas, etcétera etcétera) y esas voces periodísticas operando encarnizadamente en la esfera pública, red potente y casi imposible de contrarrestar a pesar de que estaba algo lejano aún el poder de fuego comunicacional de internet y las redes sociales. Pero eran los años de la primera guerra televisada en directo, el “imperium” de la CNN. Dato no menor. 
Si algo se aprende rápidamente al leer Cultura e imperialismo hoy, es que las tecnologías de la comunicación –aun aquellas que más aptas se muestran para capturar subjetividades– no determinan por sí solas la capacidad de atracción de las potencias imperialistas (o de formas de hegemonía globales, diríase hoy, más suavemente) sino que ese “privilegio” sigue reservado a la cultura. Con sus tiempos, claro. 
Esto, por supuesto, es materia de discusión y controversia, pero basta leer a Said para por lo menos prevenirse de un argumento: aquel que vendría a decir que en definitiva, el siglo XX todavía se referenciaba en la cultura alta, en las luces menguadas pero aún titilantes de la ilustración y el humanismo, en los escritores de un pasado canónico que aunque el común del público no los lea, ahí están a mano, siempre disponibles, y que ahora ya no es así. Y que ya no va a ser así nunca más. 
Said murió diez años después de la publicación de Cultura e imperialismo pero si se siguen las líneas centrales del libro, podría decirnos hoy: la rápida captación de una elite aventajada en un remoto territorio, pasa por otro tipo de capturas, más que capturas de pantallas, fakes news o cualquier otra producción para el consumo urgente y efímero. Con lo efímero se puede ganar una elección, influir en las masas y en los ciudadanos, pero no perpetuarse en el poder. Esa élite necesita tiempo para formarse, educarse, y hasta para asumir la conducción de un proceso “nacional” ante la imposibilidad de una hegemonía imperial a perpetuidad (“siempre existen dos lados”, afirmaba Said). Esa élite siempre estará a la espera, agazapada para retomar el poder cuando los ciclos anti sistemas entran en crisis o se los socava hasta que se fragmentan. Esa batalla nunca podría ser por el “puro poder”. La batalla perpetua es siempre la batalla cultural. ¿Qué es entonces la cultura para Said? ¿Qué sería la cultura, para él, todavía hoy?
La gama de lecturas que revelan los sucesivos artículos y secciones de Cultura e imperialismo demuestran que para Said cultura es la literatura, la Historia, el ensayo, la producción creciente de los países descolonizados, pero también un consistente corpus con acento eurocéntrico. Cultura es la posibilidad de leer por siempre a Dickens, Jane Austen, Conrad y Kipling (por citar su primera línea); cultura es la férrea convicción de no regalarle el terreno de los lenguajes y los discursos a corporaciones opacas que manejan las herramientas de la proliferación y el derrame (desparramar noticias y estereotipos por el mundo como antes desparramaban bombas, napalm). Hay también en Said una lucha irónica y consecuente para que los especialistas académicos no hablen en nefastos lenguajes crípticos de “especialistas”. Profesor de Princeton, Harvard y Columbia, nacido en Jerusalén y hombre de puentes y fronteras, Said formaba parte también de esas “subculturas” que se entretejen en las instituciones y era muy consciente de las limitaciones de un mundo académico que reproduce las jerarquías y las exclusiones del país que las cobija. 
Es probable que aun hoy, el punto más deslumbrante de Cultura e Imperialismo siga siendo la revelación certera (mediante un análisis nutrido en las fuentes de Mímesis de Erich Auerbach aplicado a fragmentos específicos de la novela de 1814 Mansfield Park) de que Jane Austen, además de una dama soltera experta en matrimonios, era una tan notable como inconsciente imperialista. Said parece encontrar ahí, en ese claroscuro, el granito de hiel que inocularía después al “corazón de las tinieblas” de la cultura moderna. Amaba, efectivamente, esa corriente de la literatura de Jane Austen,  Dickens, Kipling y Conrad, artistas enormes a los que, sin embargo, comenzaría a enfocar bajo una luz diferente a como se los había leído hasta entonces. Los iba a leer no como agentes del imperialismo (exageramos un poco más arriba) sino como portadores de una cultura que ya envolvía entre sus pliegues, la sospecha de que alguien, lejos, inexorablemente, iba a cuestionar lo que sucedía en las inmaculadas y respetables metrópolis. 
Siempre hay dos lados. Todos aprendimos que debajo de las más entrañables aventuras literarias –súmese a Verne, Rider Haggard, Malraux, Gide, Duras y un largo etcétera– estaban los ensueños imperiales agazapados. Lo que aún subsiste es la voluntad o no de volver la mirada hacia el interior de la producción de cultura literaria (¿nosotros mismos?) y preguntarnos una vez más si estamos dando anticipadamente por obsoleta la idea de una dominación cultural en marcha a nivel planetario, y cómo y sobre todo dónde, estarían los antídotos.
Fuente: Diario Página 12, Radar, La gran aldea, Claudio Zeiger, 24 de febrero de 2019.

Desnudez

La cultura del desnudo en las poblaciones antiguas
En realidad no somos conscientes de que el estado natural del cuerpo humano es desnudo. Todas las culturas primitivas e incluso hasta la edad media convivían con la desnudez total o parcial, era algo muy aceptado y jamás mal visto. Todavía a día de hoy perduran tribus y pueblos enteros en los que es completamente normal estar desnudo, y nadie se asombra por tanto de ello.
Sin embargo, la mayoría de prejuicios actuales y leyes modernas abogan por considerar a estas tribus y pueblos como retrasados e incluso ofensivos, obviando el hecho de que en realidad estamos queriendo imponer un estilo de vida que no es natural ni propio para el ser humano.
En el antiguo Egipto tambien estaba bien visto el nudismo. Incluso la misma Nefertiti, al adorar al sol justificaba la desnudez y el nudismo como parte del desarrollo de la persona.
En la antigua Grecia, una de las culturas más importantes de la humanidad, se pueden apreciar grabados, esculturas y dibujos de personas completamente desnudas. En esta sociedad era muy habitual desnudarse, de hecho sus propias ropas consistían en una especie de túnica diseñada para poder quitarse en menos de un segundo, ya que era de una única pieza.
De hecho los atletas solían competir desnudos. De hecho, según describe Papalas, los mismos estudiantes griegos asistían a las aulas complemente desnudos (es cierto que el clima acompañaba) con una intención clara de encontrar un equilibrio entre mente y cuerpo. Y ningún chico se sorprendía al ver a decenas de chicas desnudas en su misma clase.
Tambien hay datos de la antigua India donde se sabe que la desnudez era algo muy habitual en los hombres santos, y por tanto ello alentaba a que el resto del pueblo tambien lo hiciera. Cuando algunos filósofos griegos visitaron la India descubrieron que incluso tambien realizaban multitud de actividades deportivas completamente desnudos.
De hecho, no hay que olvidar que hasta el mismo Buda fue tiempo atrás un asceta nudista, aunque posteriormente adoptó el hábito de vestirse al igual que sus alumnos, principalmente para distinguirse de otras sectas.
Bibliografía consultada
Acción Filosófica. http://www.accionfilosofica.com

martes, 26 de febrero de 2019

Tsunami de hielo

Actualidad
LA NACIÓN / EL MUNDO / ESTADOS UNIDOS
El increíble tsunami de hielo que sorprendió a Estados Unidos y Canadá
El increíble tsunami de hielo que sorprendió a Estados Unidos y Canadá Crédito: Tara Walton/The Canadian Press vía AP
BUFFALO (AP).- Fue por culpa del frío y de la corriente. El domingo pasado, en medio de unos vientos huracanados que llegaron a velocidades extremas de 120 kilómetros por hora, enormes bloques de hielo se formaron en el lago Erie y el río Niagara frente a Buffalo, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, y crearon una barrera blanca entre la corriente y una ruta, una especie de tsunami de hielo.
El domingo pasado, en medio de unos vientos huracanados que llegaron a velocidades extremas de 120 kilómetros por hora, enormes bloques de hielo se formaron en el lago Erie y el río Niagara frente a Buffalo Crédito: Tara Walton/The Canadian Press vía AP
Un video grabado por un guardabosque de Ontario mostró inmensos trozos de hielo haciéndose añicos unos contra otros. Un bloque de hielo en el lago, al norte del río, se había desprendido debido a los vientos. El nivel del agua en la zona oriente aumentó debido a los vientos.
Los vientos empujaron el hielo y crearon una especie de tsunami Crédito: Tara Walton/The Canadian Press vía AP
Montículos de hielo de entre 7,5 y 9 metros de altura también fueron arrastrados más al sur, acumulándose frente a varias propiedades alrededor al lago en el suburbio de Hamburg.
"Hemos tenido tormentas, pero ninguna como esta", dijo Dave Schultz, residente del área. "Nunca hemos visto bloques de hielo arrastrados hasta las paredes y nuestros patios... Están en mi patio, el patio de mi vecino, y el patio contiguo".
Enorme pared de hielo formada sobre la costa Crédito: Tara Walton/The Canadian Press vía AP
Ante este panorama, el domingo se emitió una evacuación voluntaria para el área y se prohibió la circulación de camiones de carga vacíos por algunas vías.
Fuente: Diario La Nación, El Mundo, El increíble tsunami de hielo que sorprendió a Estados Unidos y Canadá, 26 de febrero de 2019.

Antártida

Actualidad
SOCIEDAD
El bloque es dos veces más grande que Nueva York y la NASA teme por sus efectos
Antártida: se desprenderá un gigantesco iceberg
Imagen: NASA
Un bloque de hielo de más de 1.700 kilómetros cuadrados, el doble de la superficie de toda la ciudad de Nueva York, se desprenderá próximamente de la Antártida, según advirtió la NASA en un comunicado. Aunque los científicos no especificaron la fecha en que ocurrirá, alertaron que esta ruptura podría afectar al resto de la plataforma continental, y teme por sus efectos. El fenómeno se generará porque están próximas a unirse dos grietas.
En su comunicado, la NASA comparó una fotografía de esa zona, realizada desde el satélite Landsat, fechada en enero de 1986 con otra de enero de 2019 donde se aprecia una grieta que cruza de oeste a este una zona de la Antártida. De acuerdo a la agencia espacial, cuando esta fisura se encuentre con otra que cruza de sur a norte, el territorio quedará convertido en un enorme iceberg.
La segunda brecha ya existía y se mantuvo estable durante 35 años, indicó la NASA, pero su crecimiento se aceleró repentinamente y ha ido prolongándose hacia el norte a una velocidad superior a 4 kilómetros al año. "Puede que sea el iceberg más grande que se haya roto en la plataforma de hielo Brunt desde que comenzaron las observaciones en 1915", apuntó la agencia espacial en su sitio web. Y explicó que los científicos estudian ahora si “la pérdida provocará que la superficie cambie aún más”.
NASA
Por los impredecibles cambios en el hielo está en alerta la Estación Halley de British Antarctic Survey, emplazada en la Antártida, una de las principales bases para la investigación de la Tierra, la atmósfera y la ciencia espacial. El lugar funciona generalmente durante todo el año, pero se cerró dos veces en los últimos años por la evolución de la grieta.
Fuente: Diario Página 12, Sociedad, Antártida se desprenderá un gigantesco iceberg, 26 de febrero de 2019.