HISTORIA
DOMINGO FRENCH Y ANTONIO BERUTI
LOS HOMBRES QUE EMPUJARON LA REVOLUCIÓN
LA REVOLUCIÓN DE MAYO NO FUE UN
ACTO ESCOLAR
Durante décadas la historia
oficial presentó a French y Beruti como dos caballeros simpáticos que repartían
escarapelas celestes y blancas frente al Cabildo. Pero la verdadera historia
fue mucho más conflictiva, intensa y popular. La Revolución de Mayo no nació en
un clima pacífico ni ceremonial: fue una disputa de poder atravesada por
conspiraciones, movilización callejera, amenazas y presión popular contra el
poder virreinal.
La versión escolar liberal
transformó aquellos hechos en una escena infantil para ocultar el verdadero
carácter político y revolucionario de Mayo. Porque reconocer el papel de French
y Beruti implica aceptar que la revolución no fue solamente obra de abogados
ilustrados y comerciantes acomodados, sino también de sectores populares
movilizados. Sin la irrupción del pueblo en las calles, la Revolución de Mayo
probablemente habría quedado reducida a un simple cambio de autoridades dentro
de la misma elite porteña.
LOS “INFERNALES” Y LA IRRUPCIÓN
POPULAR
French y Beruti encabezaban un
grupo de choque conocido como “los infernales” o “los chisperos”, llamados así
por las armas de chispa que utilizaban. Estaba integrado por orilleros,
milicianos, trabajadores urbanos, hombres humildes de los suburbios y algunos
jóvenes criollos de familias acomodadas comprometidos con la causa patriota.
Mientras los sectores ilustrados
debatían en tertulias y conspiraban en la jabonería de Vieytes o en la casa de
Rodríguez Peña, los infernales recorrían las calles gritando contra Cisneros,
reclamando Cabildo Abierto y creando un clima de agitación permanente. Su
fuerza no estaba en los discursos inspirados en Rousseau o Voltaire, sino en la
capacidad de movilizar al pueblo y ejercer presión sobre las autoridades
coloniales.
Los españolistas los
consideraban una banda peligrosa. Y efectivamente estaban decididos a impedir
que el poder continuara en manos del virrey y de los comerciantes monopolistas
españoles. La historia liberal intentó minimizar este aspecto porque reconocerlo
implica admitir que hubo una verdadera participación popular en el nacimiento
de la patria.
EL CONTROL DE LA PLAZA Y LA
PRESIÓN REVOLUCIONARIA
El 22 de mayo de 1810 French y
Beruti controlaron los accesos al Cabildo Abierto junto con sectores de las
milicias criollas. Favorecían el ingreso de revolucionarios y dificultaban la
presencia de españolistas. Allí comenzaron a utilizarse cintas blancas para
identificar a los patriotas y diferenciarlos de los partidarios del virrey.
La famosa historia de las
escarapelas celestes y blancas repartidas por French y Beruti es una
construcción posterior de la tradición escolar. La escarapela nacional recién
aparecería oficialmente en 1812, cuando Manuel Belgrano impulsó su adopción
para las tropas patriotas durante las guerras de la independencia. En mayo de
1810 aquellas cintas tenían principalmente un sentido político y práctico:
identificar a los revolucionarios en medio de una situación extremadamente
tensa.
La presión ejercida por los
infernales fue decisiva. El síndico Julián de Leyva terminó anunciando la
convocatoria al Cabildo Abierto ante el temor de que la situación se
desbordara. No fueron solamente los discursos de los patriotas ilustrados los
que hicieron avanzar la revolución: también pesó la presencia de hombres
movilizados en las calles.
LA REVOLUCIÓN ESTUVO A PUNTO DE
SER NEUTRALIZADA
El movimiento revolucionario
casi fue contenido cuando el Cabildo intentó formar una Junta presidida por el
propio Cisneros junto con algunos criollos moderados. Muchos sectores
acomodados consideraban que ya se había avanzado demasiado y buscaban una salida
negociada que mantuviera parte del viejo orden colonial.
Fue entonces cuando volvió a
hacerse sentir la presión popular organizada. Los chisperos y sectores de las
milicias salieron nuevamente a las calles exigiendo la caída definitiva del
virrey. Según las memorias de French y Beruti, lograron movilizar a centenares
de hombres dispuestos incluso a intervenir por la fuerza si la revolución era
frenada. Tomás Guido recordaría años más tarde el papel decisivo de Beruti en
aquellas horas críticas, cuando las discusiones entre los revolucionarios
parecían no llegar a ningún acuerdo. Según su relato, fue Beruti quien terminó
redactando la lista de integrantes que conformaría la Primera Junta.
EL NACIMIENTO DE LA PRIMERA
JUNTA
El 25 de mayo persistían las
vacilaciones dentro del Cabildo. Los cabildantes seguían resistiéndose a
aceptar plenamente el nuevo gobierno revolucionario. Fue entonces cuando la
presión alcanzó su punto máximo.
French exigía definiciones
inmediatas mientras los infernales rodeaban la plaza. Según testimonios de la
época, Beruti irrumpió junto a un grupo de chisperos para reclamar que se
reconociera la voluntad popular y se nombrara una Junta sin Cisneros. También
advirtió que las tropas y el pueblo movilizado ya no podían ser contenidos. La
famosa frase “el pueblo quiere saber de qué se trata” nació en ese clima de
enorme tensión política y presión revolucionaria. La Primera Junta no fue
solamente el resultado de acuerdos entre dirigentes ilustrados: también fue
consecuencia de la movilización popular y de la presión ejercida desde las
calles.
MUCHO MÁS QUE ESCARAPELAS
Reducir a French y Beruti a
simples repartidores de escarapelas fue una forma de vaciar políticamente su
figura. En realidad, fueron organizadores, agitadores y militantes
revolucionarios fundamentales para el triunfo de Mayo. Representaban el costado
popular y combativo de la revolución. La historia oficial prefirió convertirlos
en personajes decorativos porque admitir su verdadero papel implica reconocer
que la patria también nació de la presión del pueblo movilizado y no solamente
de acuerdos entre hombres ilustrados de la elite porteña.
French y Beruti fueron mucho más
que escarapelas: fueron protagonistas centrales de una revolución que la
historia liberal intentó suavizar y despolitizar.
Fuente consultada
https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino