HISTORIA &
EFEMERIDE
22 DE ABRIL DE 1907
FALLECIMIENTO DE BIALET MASSÉ
EL HOMBRE QUE DESNUDÓ LA
ARGENTINA REAL
Juan Bialet Massé nació en
Mataró, Cataluña, el 19 de diciembre de 1846, y desde sus primeros años mostró
una inclinación notable por el estudio, cursando su formación primaria y
secundaria para luego avanzar en medicina hasta graduarse. Su llegada a la Argentina
en 1876 marcaría el inicio de una trayectoria excepcional, no solo por la
amplitud de sus saberes sino por la profundidad de su compromiso con la
realidad del país. Revalidó su título de médico, se vinculó con figuras como
Bonifacio Lastra y Manuel Lucero y obtuvo el título de abogado en la
Universidad de Córdoba, donde también se formó en teología moral bajo la guía
del doctor Adolfo Luque. Lejos de conformarse con una sola disciplina, estudió
ingeniería y alcanzó también ese título, mientras continuaba ampliando su
formación en múltiples campos del conocimiento.
Su vida fue una demostración
constante de inquietud intelectual puesta al servicio de la sociedad. Se
consagró a la educación en las provincias, formando generaciones de bachilleres
y desempeñándose como rector de los Colegios Nacionales de Mendoza, San Juan y
La Rioja, en una época en la que la formación superior se concentraba
principalmente en Buenos Aires. Se estableció en Córdoba, donde su erudición lo
llevó a ocupar cátedras como Medicina Legal, Legislación Industrial y Agrícola,
siendo esta última una innovación absoluta para su tiempo. En la Facultad de
Derecho fundó la cátedra de Legislación del Trabajo, anticipándose a una
disciplina que aún no existía como tal, y en su afán por comprender la realidad
productiva desde la práctica concreta se inscribió como alumno en la Escuela
Práctica de Agricultura, donde luego de rendir exámenes brillantes se graduó
como perito agrónomo. Esa decisión no fue un gesto menor, sino la expresión de
un método: conocer la realidad desde adentro, medirla, compararla y registrarla
en el terreno, y no desde la comodidad de la teoría.
Su preocupación por el
desarrollo nacional lo llevó a impulsar experiencias concretas como las
plantaciones de algodón en el Chaco y el estudio del riego y la colonización
agrícola, además de interesarse por el desarrollo minero. En todos los ámbitos
donde intervino dejó aportes tangibles, combinando ciencia, técnica y visión
estratégica. Su figura, sin embargo, no puede comprenderse solo por su
acumulación de títulos, sino por su actitud frente al conocimiento: no como
prestigio personal, sino como herramienta para interpretar y transformar la
realidad concreta del país.
INGENIERO DEL DIQUE Y LA
PERSECUCIÓN
Su participación en la
construcción del Dique San Roque, junto al ingeniero Carlos Cassaffoust, lo
colocó en el centro de una de las obras más importantes de la Argentina de
fines del siglo XIX. Allí dirigió a más de siete mil trabajadores,
organizándolos con una precisión que él mismo describía como “una máquina
moviéndose al resorte de mi mano”, aplicando conocimientos de hidráulica, riego
y organización del trabajo que resultarían fundamentales para el desarrollo de
Córdoba. Sin embargo, la muerte de quienes habían impulsado la obra y los
cambios políticos desataron una campaña de desprestigio que derivó en su
encarcelamiento durante catorce meses, en un proceso injusto que buscó
desacreditar tanto al dique como a sus responsables.
A pesar de la persecución,
defendió la obra incluso desde la prisión, mientras se instalaba en la opinión
pública el temor de una posible catástrofe ante una crecida del río. El tiempo
terminó demostrando la solidez de aquella construcción, que no solo resistió
las pruebas, sino que se consolidó como una infraestructura clave para la
región. El propio Bialet Massé pudo comprobar su eficacia durante la gran
crecida de 1903. Pero el costo personal fue enorme: ruina económica, desgaste y
marginación. Esa experiencia anticipaba lo que sucedería con su obra más
importante: en la Argentina de su tiempo, poner en cuestión los relatos
dominantes y exponer la realidad tenía consecuencias directas.
EL ENCARGO QUE TERMINÓ EN
DENUNCIA
En 1904, el gobierno nacional,
encabezado por Julio Argentino Roca y con el impulso del ministro Joaquín V.
González, le encomendó la elaboración de un informe sobre la situación de las
clases obreras en el interior del país. La intención oficial era conocer el
estado de los trabajadores en un contexto de creciente conflictividad social,
pero difícilmente se esperaba lo que ese trabajo terminaría revelando. Bialet
Massé asumió la tarea con el mismo método que había aplicado en toda su vida:
no escribir desde un escritorio, sino recorrer el territorio, observar
directamente, recoger datos y contrastar realidades.
Viajó por todo el país en
condiciones precarias, utilizando trenes de carga, caballos, sulkys, barcos y
muchas veces caminando. Visitó ingenios azucareros, obrajes, minas, estancias,
pueblos aislados, conventillos urbanos y comunidades indígenas. Observó,
preguntó, comparó y registró. En su autobiografía explicó que su objetivo era
“pulsar, comparar y penetrar en el cuerpo y el alma del obrero”, una definición
que no solo describe una intención, sino un método profundamente empírico que
convierte su informe en una de las investigaciones sociales más rigurosas de su
tiempo. No opinó desde prejuicios ni desde consignas: construyó conocimiento
desde la experiencia directa, lo que volvió sus conclusiones difíciles de
refutar.
LA RADIOGRAFÍA DE UN PAÍS QUE NO
QUERÍAN VER
El resultado fue el Informe
sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, una obra
monumental de más de mil cuatrocientas páginas que expuso una realidad
completamente distinta a la imagen difundida de la Argentina próspera y moderna.
Allí apareció un país atravesado por desigualdades estructurales, donde el
crecimiento económico no se traducía en bienestar para la mayoría de la
población.
Bialet Massé describió jornadas
laborales de hasta dieciséis horas, salarios insuficientes, condiciones de vida
precarias, trabajo infantil extendido y explotación sistemática de mujeres y
hombres. En los obrajes y en la zafra azucarera encontró sistemas de
endeudamiento que impedían a los trabajadores abandonar su empleo, configurando
formas de semiesclavitud legal. En las ciudades, los conventillos eran espacios
de hacinamiento extremo, humedad, enfermedades y falta de condiciones mínimas
de higiene, verdaderas trampas contra la dignidad humana.
El contraste era evidente y
brutal: mientras la Argentina exportaba riqueza al mundo, producía pobreza en
su interior. Ese desfasaje no era accidental ni marginal, sino estructural, y
convertía a la llamada prosperidad en un fenómeno incompleto, sostenido sobre
profundas desigualdades.
EL CRIOLLO DESPRECIADO Y LA
CUESTIÓN SOCIAL COMO PROBLEMA NACIONAL
Uno de los aspectos más
significativos de su informe fue la defensa del trabajador criollo, en un
contexto donde predominaba la idea de que el progreso estaba ligado
exclusivamente a la inmigración europea. Bialet Massé denunció el desprecio
hacia el criollo y sostuvo que era, por sus condiciones, el más apto para el
trabajo en las regiones del país, señalando que su marginación no respondía a
incapacidad sino a prejuicios y a una organización económica que lo relegaba.
Pero su aporte fue aún más
profundo: transformó la cuestión obrera en un problema estructural de la
Nación. Ya no se trataba de casos aislados ni de situaciones excepcionales,
sino de un sistema que producía desigualdad de manera constante. En ese sentido,
su informe marcó un punto de inflexión, al desplazar la mirada desde la caridad
o la moral hacia la política y la economía, colocando al trabajo en el centro
del debate nacional.
Al mismo tiempo, describió con
crudeza la situación de las mujeres trabajadoras, sometidas a jornadas
agotadoras y salarios miserables, sosteniendo hogares enteros en condiciones
adversas, y denunció la utilización de niños como mano de obra en contextos que
comprometían su desarrollo físico y moral.
EL LÍMITE DEL DERECHO EXISTENTE
Y EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA MIRADA
En una época en la que
predominaba la idea de que el Código Civil argentino bastaba para regular todas
las relaciones sociales, Bialet Massé advirtió sus límites frente a la nueva
realidad del trabajo industrial y los accidentes laborales. Señaló que las
herramientas jurídicas existentes resultaban insuficientes para resolver los
conflictos modernos, lo que implicaba reconocer una tensión entre una
estructura legal pensada para otra época y una realidad social en
transformación.
Sin embargo, lejos de limitarse
a la crítica, avanzó en propuestas concretas. Participó activamente en la
elaboración del proyecto de Ley Nacional del Trabajo de 1904 impulsado por
Joaquín V. González, no solo aportando diagnósticos sino redactando artículos
del propio proyecto, lo que lo convierte en uno de los primeros arquitectos del
derecho laboral argentino. A la par, escribió un tratado sobre responsabilidad
civil en relación a los accidentes de trabajo, anticipando debates que recién
décadas después se consolidarían. Muchas de las conquistas laborales
posteriores encuentran en su obra un antecedente directo, lo que confirma la
profundidad y la vigencia de su pensamiento.
EL SILENCIO COMO RESPUESTA
El informe no fue difundido ni
debatido en su tiempo. Fue archivado. Resultaba demasiado incómodo para una
dirigencia que necesitaba sostener la imagen de una Argentina exitosa, sin
contradicciones. Mostrar esa realidad implicaba reconocer que el crecimiento
económico convivía con la injusticia social, y que la prosperidad no alcanzaba
a todos. Bialet Massé lo expresó con claridad: “No se curan llagas
ocultándolas. Hay que mostrarlas en toda su desnudez”. Esa decisión de exponer
sin concesiones selló el destino inmediato de su obra: el silencio y el olvido.
FINAL, EL OLVIDO Y EL
RECONOCIMIENTO TARDÍO
Juan Bialet Massé falleció en
Buenos Aires el 22 de abril de 1907. Murió sin el reconocimiento pleno que su
obra merecía, sin ver difundido en su verdadera dimensión el alcance de su
informe, y en un contexto donde sus conclusiones resultaban incómodas para el
poder. Sin embargo, con el paso del tiempo, muchas de sus advertencias se
confirmaron y su trabajo comenzó a ser revalorizado como una pieza fundamental
para comprender la realidad social argentina de comienzos del siglo XX.
Ese reconocimiento tardío no fue
casual: ocurrió cuando aquello que había señalado ya no podía negarse. Su obra,
ignorada en vida, terminó convirtiéndose en un punto de referencia ineludible
para el desarrollo del derecho laboral y para el análisis histórico de la
Argentina.
LA ARGENTINA QUE FUE Y LA QUE SE
QUIERE RECORDAR
Durante décadas se instaló la
idea de una Argentina que, hacia 1900, era una potencia plena, un modelo de
prosperidad generalizada y bienestar extendido. Sin embargo, el informe de
Bialet Massé introduce un límite preciso a esa visión, mostrando que ese crecimiento
coexistía con niveles profundos de desigualdad. La Argentina podía ser rica en
exportaciones y, al mismo tiempo, pobre en las condiciones de vida de gran
parte de su población, sin que ambas cosas resultaran contradictorias dentro
del mismo modelo.
Sí, el país crecía, exportaba y
se integraba al mundo, pero ese crecimiento no se distribuía de manera
equitativa. La riqueza se concentraba, mientras amplios sectores vivían en
condiciones precarias. La modernidad económica convivía con formas de trabajo y
de vida que evidenciaban un atraso social profundo.
UNA LECCIÓN QUE SIGUE ABIERTA
La obra de Bialet Massé dejó una
enseñanza que trasciende su tiempo. Demostró que una Nación puede exhibir
indicadores económicos favorables mientras su población vive en condiciones
adversas, y que el desarrollo sin justicia social es, en esencia, una forma de
desequilibrio. Su informe no solo describió una época: estableció una forma de
mirar la realidad, basada en la observación directa, el análisis riguroso y la
decisión de no ocultar lo incómodo.
Por eso sigue siendo un texto
vigente. Porque obliga a mirar más allá de los discursos y de las cifras, y a
comprender que el verdadero estado de una sociedad no se mide solo por su
crecimiento, sino por las condiciones en que vive su pueblo. En esa mirada,
construida sin concesiones, permanece una pregunta que atraviesa el tiempo y
desafía cualquier relato simplificador: qué se elige ver y qué se decide
ocultar cuando se habla de progreso.
Fuente consultada
https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino