HISTORIA
“…dos vidas separadas por la moral, el linaje y
las conveniencias de una época.”
PEPA EZCURRA Y BELGRANO: EL AMOR PROHIBIDO QUE
BUENOS AIRES NO SE ANIMÓ A PERDONAR
En 1802, en una Buenos Aires de tertulias,
saraos y salones familiares, Manuel Belgrano y María Josefa “Pepa” Ezcurra se
habrían encontrado en una recepción de la casa de los Altolaguirre. Él tenía 32
años; ella, apenas 16. La escena parecía una reunión social más de la elite
porteña, pero allí comenzó una historia marcada por el amor, las conveniencias
familiares y las rígidas reglas del virreinato.
Belgrano no era un hombre cualquiera. Había
estudiado leyes en España y desde 1794 ocupaba un cargo clave como secretario
del Consulado de Comercio de Buenos Aires, desde donde impulsó ideas modernas
sobre educación, economía y reformas públicas. María Josefa, por su parte,
pertenecía a una familia influyente: era hija de Juan Ignacio Ezcurra y Teodora
de Arguibel, y hermana de Encarnación Ezcurra, quien años después sería esposa
de Juan Manuel de Rosas.
Según la tradición histórica, aquella noche Manuel y Pepa bailaron poco en el salón, pero muchísimo en silencio. Las miradas, las conversaciones y la cercanía encendieron un vínculo que pronto fue advertido por sus familias. Para Pepa, Belgrano se convirtió en el gran amor de su vida; para su padre, en cambio, no era el yerno conveniente.
En una sociedad
donde los matrimonios se decidían más por estrategia familiar que por deseo
personal, el sentimiento de la joven pesó menos que la voluntad paterna. La oposición
familiar terminó imponiéndose. María Josefa fue casada en 1803 con su primo
Juan Esteban Ezcurra, llegado desde España.
El Museo Histórico Sarmiento resume esa
historia como un amor que desbordó las convenciones de su época y recuerda que
Pepa fue entregada en matrimonio a ese primo, quien más tarde la abandonaría
para buscar fortuna en España. Aquel casamiento no apagó del todo la historia.
Años después, María Josefa y Belgrano volverían a cruzar sus destinos en
tiempos de revolución y guerra.
De esa relación nació Pedro Pablo Rosas y Belgrano, criado por Encarnación Ezcurra y Juan Manuel de Rosas, un dato recogido también en materiales educativos sobre la vida privada del prócer. Pepa Ezcurra no fue solo “el amor secreto” de Belgrano.
Fue una mujer atrapada
entre el mandato familiar, el peso social de su apellido y una pasión que
desafiaba las normas de su tiempo. Su historia revela un Buenos Aires donde el
amor podía nacer en un baile, pero también morir ante la autoridad de una
familia. Entre Manuel y Pepa quedó una herida íntima de la historia argentina:
la de dos vidas separadas por la moral, el linaje y las conveniencias de una
época.
Fuente
consultada
Mendoza
Antigua
